El caballero medía dos varas de alto y sin embargo a la pelirroja se le representaba un niño. Le presentó la palma de la mano, reclamándole el obsequio, y al recogerlo distrajo la vista con las pequeñas flores blancuzcas. —No os equivocáis. —Demoró un poco en alzar la cabeza, >
presa de un retraimiento que debería haber sido, por natural, ajeno. Tenía por seguro que también él lo estaba padeciendo. Se le había quedado el rojo de sus mejillas en la memoria aunque no llegase a mirarlo hasta poco después. Reflexionaba. Gestos como ese eran los que >
—Oh, y pide que nos traigan una jarra de vino. Nuestro invitado estará sediento después del viaje. —La orden iba dirigida al hombre de fe pero los ojos se negaron a apartarse del gigante. Él fue el blanco de una última mirada de la señora, antes de que esta sacudiera su trenza >
Gerold Lannister.
—Así que ya has llegado al capítulo de los pretendientes. Veo que mi cuñado no ha dejado que os aburráis. —Contó con que también lo hubiese informado del parentesco que los unía. Hermano de Ser Simon Staunton, su tercer marido difunto. Enfiló el pasillo >
A horcajadas sobre un tonel vacío, Rohanne afilaba una punta de flecha. Tras posar en él los ojos la devolvió al carcaj y se puso en pie sin prisa, encarándolo. —¿Qué tenéis ahí? —Las manos del caballero le caían a la altura y no se le escapó que las guardaba de su vista.
Se acercó a @ASpidersHeart nada más verla, con las orejas coloradas y las manos a la espalda, como si ocultara algo. Fuera lo que fuese, no quería que se viera. —¿Tenéis un momento, noble señora…?
〝¡Será Ser Duncan el Bobo!〞 aulló alguien entre la multitud. Poca atención le prestó Rohanne, que estaba más pendiente de estudiar con la mirada el árbol y la estrella estampados tanto en el pecho como en el escudo que portaba el caballero. No reconocía el blasón y quería >
presentado en el dique acompañado por ese desagradable de Bennis del Escudo Pardo, y atacado a uno de los cavadores. Durante unos segundos sopesó la información.
—Septón, acompaña a Ser Duncan a mi sala de audiencias. Aquí hace demasiado calor para parlamentar. —Y había >
La cara del caballero fue el reflejo de su alma: le tapaba el sol mientras se deseaba a seis pies bajo la tierra. Casi se compadeció por alargar su escarnio público mientras aclaraba toda aquella situación.
—Hermana de mi cuarto esposo. —Liberó de su agarre a la aludida para >
tenido que venir yo misma.
El hombre, apenas más que un muchacho, se le antojaba cada vez más inocente. Sus intentos de palabra eran magros, pero las que le dedicó a su trenza obraron una mueca en su pecosa nariz. —En tanto cuanto puedo ver vos también sois muy rojo. >




