Pinned Tweet
Sigamos siendo lo que más nos gusta ser:
Un dolor de cabeza
para algunas personas.
Y si la envidia les mata...
que descansen en paz.
🧡
Un muerto mató a un vivo, un ciego lo vio matar, un sordo escuchó los tiros y un mudo se fue a avisar.
Pues así.
A veces se olvida algo que casi nadie admite, pero que todo el mundo ha vivido: no es que la vida trate mal... es que a veces uno mismo se mete al lodo por no saber controlarse. Por reaccionar sin pensar. Por hablar sin medir. Por amar sin límites. Por pelear por personas que no valían ni el polvo de la pelea.
Hay una gran diferencia entre tener temperamento y tener carácter, y es una lección que se aprende a golpes de realidad, no en los libros.
Cuando domina el temperamento, se arruinan relaciones que pudieron salvarse. Cuando se activa el carácter, se salva la dignidad que ya estaba hecha pedazos.
Con temperamento, se dicen cosas que queman más a quien las dice que a quien las recibe. Con carácter, se aprende a guardar silencio para no destruir lo poco que queda por dentro.
El temperamento hace perder dinero, tiempo y energía. El carácter hace entender que nadie lo va a devolver... y que no se puede seguir regalando la vida a lo bruto.
Cuando solo hay temperamento, se deja entrar a gente a la casa, a la cama y al corazón que jamás debió pasar de la puerta. Cuando se construye el carácter, se empiezan a cerrar ventanas, puertas y hasta la reja... porque se entiende que la paz también se protege.
Al final, la clave es esta:
El temperamento es como patear la mesa porque no tienes control. El carácter es levantarla aunque te tiemblen las manos.
El temperamento es lo que hace escribirle al que ya no te quiere. El carácter es borrar su número antes de caer otra vez.
El temperamento es llorar por lo que se perdió. El carácter es no volver a perderse a uno mismo.
El temperamento te deja sin dinero, sin respeto y sin autoestima. El carácter te hace recuperar todo... empezando por tu propio valor.
Hay que mirarse bien al espejo: no eres débil. Solo estás cansado de cargar un temperamento que te metió en guerras que ni eran tuyas. Te falta carácter, sí... pero carácter para dejar de salvar gente que se hunde sola, carácter para dejar de financiar afectos rotos, carácter para decir "no más".
Y eso duele. Duele aceptar que la mayoría de los problemas que te rompieron... los permitiste tú.
Pero también libera. Porque si tú los permitiste, tú puedes evitarlos. Y si tú los creaste, tú puedes cerrarlos.
A estas horas solo estamos despiertos los que no estamos dormidos...
Y los que volvemos a casa, porque hay con quien hasta la noche más larga parece un camino demasiado corto.
Una mirada es el cofre donde están guardadas todas las historias vividas...
y no todas necesitan ser contadas.
Por eso hay ojos que dicen mucho y personas que no dicen nada.
Cuidado con perder al amor de tu vida por creer que te falta vivir.
Cuidado con perder la vida por creer que era el amor de tu vida.
Jamás me detendré a desmentir un rumor. Si lo que dicen es cierto, tal vez lo hice y ya es tarde para cambiar lo hecho; si es falso, quizá lo haría y solo sea cuestión de tiempo que lo haga.
Y si insisten... simplemente me están dando excelentes ideas para hacerlo.
He cocinado para personas que probablemente debería haber envenenado.
Así que sí, sí tengo autocontrol.
Las noches cambian cuando duermes con alguien que, incluso dormido, te busca en la madrugada solo para abrazarte y sentir que sigues ahí, cerquita…
Siempre llevaba un cargador en el bolso, por si acaso.
Por si se quedaba sin batería el móvil de alguien.
Por si una amigo lo necesitaba. Por si había que compartirlo.
Era de esas personas que siempre tenían de todo: un pañuelo, una tirita, un ibuprofeno, una botella de agua, un consejo.
«Déjamelo», le decían. Y siempre lo daba.
Hasta que un día se quedó al uno por ciento.
Y qué curioso: nadie llevaba cargador.
Llamó a quien había escuchado durante noches enteras; estaba ocupado.
Escribió a quien tantas veces había ido a llorar a su casa; le dejó en visto.
Preguntó a quien había cuidado cuando no podía consigo mismo: «Ya hablamos mañana».
Y ahí estaba: al uno por ciento, rodeado de personas a las que había prestado su energía durante años.
Desde entonces sigue llevando el cargador.
Pero aprendió algo: antes de enchufar a todo el mundo, mira cuánta energía le queda.
Porque todos merecemos llegar a casa con batería.
Me dolieron aquellas palabras cuando leí:
“Dices que amas la lluvia, pero usas un paraguas cuando llueve.
Dices que amas el sol, pero siempre buscas la sombra.
Dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando sopla.
Por eso tengo miedo cuando dices que me amas también”.
A medida que leía...
Tu rostro se dibujaba en mi mente.
Que la gente hable sin saber no debería quitarle el sueño a nadie. Ya se sabe que los perros ladran cuando no conocen al dueño, y debe de ser cansadísimo pasarse el día ladrándole a la pantalla por pura frustración o por validación.
En fin, un recordatorio amistoso de que es muy importante la higiene mental, pero la bucal tampoco viene mal…
¡Guau! 🐾
🖤
Te esperaré donde el viento guarda
nuestro secreto…
A ras de cielo, donde la magia
ocurre…
—¿Me lo prometes?
—Te lo demuestro.
Tengo la santa costumbre de decir lo que pienso, incluso cuando no es lo más conveniente; y no, no siempre es cómodo, ni para quien escucha ni para mí, pero nunca he sabido vivir desde la falsedad. No soy políticamente correcta y nunca lo he sido, pero sí soy profundamente educada. La educación no tiene que ver con disfrazar la verdad, sino con la forma en la que la entregas.
Soy de hablar claro, de no marear, de no adornar lo que siento para encajar mejor, y eso, a veces, incomoda. Pero también creo que ser cristalina es una forma de honestidad, y la honestidad, cuando nace del respeto, no debería molestar tanto. No grito, no humillo, no falto, pero tampoco me escondo ni me muerdo la lengua para que otros estén tranquilos.
Porque hay un momento en el que callar deja de ser educación y empieza a ser renuncia. Y ahí es donde elijo ser, si hace falta, elegantemente maleducada: poner límites, decir basta, marcar territorio emocional también es una forma de cuidado propio... Así que sí, no siempre digo lo que se espera, digo lo que es, con calma, con clase y sin rodeos. Y eso no me hace dura, me hace coherente conmigo misma, que es mi camino personal. 🧡
La alianza perfecta…
Esa que se sella directamente en la boca,
caliente, húmeda, oscura, recorriendo la piel y encendiendo cada uno de los sentidos. Su aroma me embriaga y su sabor me domina.
Una entrega cómplice de día y apasionada en la noche. Desveladora.
Ante su tentadora presencia solo puedo gemir un secreto:
¡Sí, quiero… café! 💍 ☕

















