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Joined February 2008
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✝️Camilo🇨🇴 retweeted
El contraste resulta incómodo. A mi familia, que ha participado durante generaciones en la vida pública, se le adjudica una violencia hereditaria mediante titulares y metáforas. Contrario a lo afirmado en los delirios febriles de Bejarano y Orozco, mi familia ha sido perseguida, censurada y asesinada por el Régimen que tan precisa y coherentemente denunciaron Álvaro y Laureano. Fue mi abuelo quien sufrió un golpe de Estado propiciado por el Régimen politiquero y manzanillo, golpe que terminó en una malhadada dictadura que sus creadores no pudieron controlar. Mi familia fue la que padeció el exilio, la destrucción de su casa, su periódico y su patrimonio. Fue Álvaro el cobardemente asesinado, en un crimen de lesa humanidad aún hoy en total impunidad.
Nunca un miembro de la familia Gómez ha sido objeto de investigación o condena penal por los crímenes que sistemáticamente endilgan los columnistas de este periódico. El trascendental legado de Laureano consta en cientos de obras y homenajes públicos nacionales.
elespectador.com/opinion/col…
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🟡AVISO🟡
🍋Viendo que desde @XEspana apenas me muestra y es una máquina de eliminarme seguidores; que @XPremium es un mero adorno, mi presencia aquí será restringida.
🍋Después de +6 años tratando de exponer #Vuelo_2085⚫️🔴 de forma visionaria y proponer la Solución #SabiduríaConciencial ya tengo poco que decir.
🍋En mi time-line está todo.
🍋Siento ya hartazgo.
🍋Demasiados años sacrificados fuera de los Mercados Financieros y poco tiempo para practicar la #SupraConciencia.
🍋La CENSURA por un lado, y LA PASIVIDAD por otro, la población busca SALVADORES en personajes que no proponen NADA, ni han adelantado NADA.
🍋Cdo los HECHOS sobrevengan, NO HABRÁ VUELTA ATRÁS.
🍋TODO ESTÁ DICHO Y ESCRITO.
🍋Cada cual es soberano para hacer y pensar lo que quiera.
🍋Estamos a las puertas de la fase más dura de la #TransiciónTraumática #colapso #caos que traerá la #DictaduraTecnocrática #NWO y entonces se verá quién se preparó MATERIAL y CONCIENCIALMENTE para DEFENDER SU PATRIMONIO FÍSICO Y MORAL.
🍋Vuestros influencers, políticos, geoestrategos y opinadores de todo tipo -salvo Damián Galerón, con muchos matices-, desaparecerán del mapa cdo las cosas se pongan feas.
🍋Solo TÚ eres la SOLUCIÓN.
Antonio Pérez-Algás es Autor de Vuelo a 2085, jugando a ser dioses*. 2020.
#Vuelo_2085🔴⚫️
*La obra visionaria y orwelliana más censurada del siglo XXI, disponible en Español y en Inglés en todo el mundo.
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Los toreros tenemos un papel fundamental en el futuro de la tauromaquia en muchos países. No podemos quedarnos al margen. Tenemos que implicarnos, dar la cara y defender lo nuestro.
Colombia merece políticos que defiendan la libertad, no que la recorten.
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El secuestro deja huellas que, desafortunadamente, no desaparecen con la libertad. Transforma la vida de quienes lo padecen y de sus familias que también enfrentan la incertidumbre y la espera.
En el próximo episodio de «Voces de la memoria», el mayor general (r) Luis Herlindo Mendieta recuerda los años de cautiverio y la esperanza que encontró en la imagen de su esposa y sus hijos, hasta volver a abrazarlos casi 12 años después.
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Ese pelao @r3ntas hace el trabajo de la procuraduría, la contraloría y la policía digital, es increíble que un colombiano con tanto talento no sea aprovechado en alguna institución del estado; que manera de destapar corrupción por todas partes y ferias de contratos.
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Las listas cerradas destruyeron el Congreso.
Tras 18 años en Twitter/X he decidido trasladar la batalla a YouTube.
Los invito a suscribirse a mi canal y así ayudarme a difundir su contenido.
youtube.com/shorts/13rHw9Ntr…
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Nuestro encuentro El Parche de Voces, previsto para este domingo 25 de octubre en el Parque del Poblado, queda aplazado.
Por supuesto que tendremos una nueva fecha para encontrarnos y conversar sobre libertad. Por ahora, ante los recientes hechos, tendremos que ser prudentes.
Únete a nuestra comunidad:
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#NoNosVanACallar
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Jeffrey Epstein, Garavito 'La Bestia' y el Marqués de Sade viendo las depravaciones de Gustavo Petro:
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"Fascista" es una palabra inventada por un socialista como Benito Mussolini para diferenciarse de los otros tipos de socialistas.
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Cada 15 de mayo recuerdo el atentado terrorista contra el exministro Fernando Londoño Hoyos en 2012.
Ese día las FARC le puso una bomba lapa a su carro matando a Rosemberg y Ricardo sus escoltas, él quedó gravemente herido. Más de 50 personas también afectadas por la onda explosiva.
Rafa Poveda habló con el criminal que estaba al servicio de las FARC, que puso la bomba y me aterra escucharlo con tanta tranquilidad decir que no se arrepiente y que “se autodestruiría con él” si lo viera.
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🚨 ¡ALERTA DE TEXTO LARGO! 🚨
⚠️ No apto para petristas con alergia a la lectura, intolerancia a los argumentos o antecedentes de urticaria frente a un párrafo de más de cinco renglones. 😂
Efectos secundarios: ataques de sarcasmo, carcajadas involuntarias, indignación selectiva y ganas irresistibles de insultarme sin haber leído absolutamente nada. 🤣
📖 Para mis lectores valientes, curiosos y amantes del humor negro, preparen café, acomódense y disfruten. Hoy tenemos a Juan Manuel Santos, su Nobel, las FARC, las disidencias, la JEP y un invitado especial: Gollum defendiendo su precioso. 💍😂
Y a quienes les dé pereza leer, tranquilos: el botón de bloquear sigue siendo más corto que el artículo.
¡Bienvenidos todos! Aquí se viene a leer, pensar y reírse hasta de lo políticamente intocable. 🍿🤣
‼️CARTA ABIERTA A JUAN MANUEL SANTOS‼️
Una carta de una colombiana que conoció la guerra, leyó la letra pequeña y cometió la herejía de no confundir un premio con un milagro.
Señor Juan Manuel Santos Calderón:
Hay que reconocerle algo: usted tiene una habilidad extraordinaria para presentar una obra en construcción como si ya hubiera cortado la cinta, entregado las llaves y despedido al maestro de obra.
Con la paz hizo algo parecido.
La anunció, la celebró, la fotografió, la llevó de gira internacional y recibió un Nobel. Mientras tanto, Colombia siguió teniendo problemas que, por alguna misteriosa razón, no desaparecieron al escuchar su discurso.
¡Qué falta de consideración la de la realidad!
Uno organiza semejante ceremonia y los hechos tienen el descaro de no ajustarse al programa.
A veces me lo imagino convertido en Gollum, sentado en una cueva diplomática, acariciando su medalla y susurrando:
«¡Mi precioso! ¡Mi Nobel! ¡No permitiremos que los desagradables colombianos hagan preguntas, mi precioso!»
Discúlpeme la irreverencia. Soy abogada, escritora y tengo la pésima costumbre de leer la letra pequeña antes de aplaudir los grandes titulares.
Además, sospecho que Dios me hizo con sentido del humor precisamente para soportar la política colombiana sin perder completamente la fe en la humanidad, y eso, créame, exige una vocación casi sacerdotal.
Pero no se preocupe, señor Santos. No he venido a exorcizar su Nobel. Bastante trabajo tendría cualquier sacerdote intentando separar a Gollum de su precioso.
He venido a preguntarle por esa paz que usted continúa defendiendo como una conquista histórica, mientras miles de colombianos todavía tienen razones para preguntarse cuándo llegará a sus territorios.
Y como sé que le gustan los grandes relatos, voy a contarle uno.
Solo que esta vez no habrá música triunfal para tapar las preguntas.
Señor Santos, su paz tenía una presentación internacional magnífica, la paz que usted presentó al mundo tenía una escenografía impecable.
Mesas elegantes, apretones de manos, discursos solemnes, cámaras internacionales y suficientes fotografías como para decorar una embajada durante tres generaciones.
Lo reconozco: como puesta en escena, resultaba impresionante, pero una cosa es la ceremonia y otra la vida de quienes habitan los territorios.
El acuerdo permitió que algunos de integrantes de las antiguas FARC-EP dejaran las armas. Fue una mentira monumental, que el secretariado lo hiciera no era igual a lo que usted vendió al mundo
Lo que me niego a aceptar es que ese hecho pueda utilizarse para declarar resueltos todos los problemas de violencia del país.
Porque, señor Santos, usted negoció el fin de una confrontación específica, con unos pocos en específico, no firmó un contrato de jubilación con todas las organizaciones criminales de Colombia, especialmente "discidencias de las FARC" que siguen siendo las FARC.
Y ahí está el problema de las promesas demasiado grandes: tarde o temprano llega alguien a preguntar por la entrega y por las mentiras.
Imagínese que yo contratara la construcción de una casa, recibiera una maqueta preciosa y, al descubrir que todavía no tiene techo, el constructor me respondiera:
—Doctora, pero mire qué hermosa quedó la ceremonia de inauguración. ¡Magnífico! Supongo que podría protegerme de la lluvia colocando el diploma del arquitecto sobre mi cabeza.
Pues si, las FARC desaparecieron... excepto las que siguieron armadas y en el monte, es decir, las FARC con las que "negocio".
Señor Santos, uno de los asuntos que más incomodan a quienes defienden una lectura triunfalista del acuerdo es la persistencia de estructuras armadas de las FARC.
Y aquí no voy a cometer la ligereza de meter a todos los excombatientes en el mismo costal, muchos, algunos dejaron las armas y continuaron en la legalidad, otros, la mayoría, rechazaron el acuerdo desde el principio.
Y algunos, repito, la mayoría, que participaron en el proceso posteriormente regresaron a las armas, las diferencias importan.
Pero también importa una realidad que no desaparece cambiándole el nombre: Las disidencias siguieron sembrando violencia en distintos territorios del país.
Señor Santos, llamar disidencia a una estructura armada, que no logró convencer, no convierte sus fusiles en instrumentos musicales, no transforma una extorsión en una encuesta de satisfacción, no convierte el reclutamiento de un niño en una actividad de vacaciones y mucho menos hace que una familia desplazada pueda regresar tranquilamente a casa.
Me imagino la conversación:
—Señor expresidente, hay hombres armados amenazando a nuestra comunidad.
—Pero esos son disidentes.
—¡Ah, qué alivio! ¿Entonces las balas vienen con una nota aclaratoria?
¡Qué consuelo semántico!
El país no necesita que le expliquen únicamente cómo se clasifican sus victimarios, el país necesita que dejen de existir las condiciones que permiten que sigan victimizándolo.
La paz que requiere demasiadas notas al pie para explicar por qué todavía hay guerra merece, por lo menos, una revisión del titular.
Hablemos ahora del 2 de octubre de 2016.
Usted convocó a los colombianos a decidir sobre el acuerdo inicial.
Y los colombianos votaron, repita después de mi, ganó el NO. Por poco, sí, pero ganó. Es algo que no pueden negar.
Su gobierno renegoció el texto y consiguió la refrendación del acuerdo revisado mediante el Congreso, sin convocar un segundo plebiscito.
La ruta contó con respaldo constitucional, si, pero, señor Santos, que un procedimiento sea jurídicamente admisible no significa que su legitimidad política esté fuera de discusión.
Y esa es precisamente la discusión que usted no puede clausurar con una fotografía.
Porque resulta bastante curioso convocar a los ciudadanos para escuchar su decisión y después considerar suficiente otra vía de refrendación cuando el texto inicial fue rechazado.
No estoy diciendo que la Constitución desapareciera, estoy diciendo que la soberanía popular merece algo más que una mención decorativa en los discursos.
Ahí resulta pertinente recordar la carta que Alejandro Ordóñez le dirigió el 13 de mayo de 2016.
Ordóñez advirtió sobre los riesgos de atribuir efectos constitucionales extraordinarios a lo negociado y cuestionó los límites del poder presidencial.
No todas sus previsiones se materializaron. La Corte Constitucional estableció límites al alcance del acuerdo, pero la pregunta sobre la soberanía popular adquirió especial importancia después del plebiscito.
Y antes de que alguien empiece a gritar que citar a Ordóñez equivale a venerarlo, permítame otra herejía:
En Derecho podemos estudiar los argumentos de una persona sin convertirla en nuestro santo patrono.
Aunque comprendo que semejante complejidad resulte agotadora para quienes consideran que un debate jurídico se resuelve decidiendo primero a quién odiar.
Volvamos a su premio, porque sospecho que Gollum ya está inquieto,
El Nobel de Paz reconoció sus esfuerzos por alcanzar un acuerdo, con mentiras y con una falsa promesa de paz, engañó a los que lo eligieron, pero buenos finalmente lo "reconocieron".
Eso forma parte de la historia, al igual que su promesa, si, esa en la que dijo que iba a donar ese dinero para las víctimas, mentiras y más mentiras.
Pero ese nivel no certificó que Colombia hubiera alcanzado una paz completa, que todas las víctimas hubieran recibido justicia o que la implementación estuviera garantizada, y aquí empieza el problema de convertir un reconocimiento en argumento universal.
—Señor Santos, ¿qué ocurrió con las disidencias?
—El Nobel.
—¿Y las comunidades desplazadas?
—El Nobel.
—¿Y las víctimas que cuestionan las sanciones?
—¡MI PRECIOSO!
Señor Santos, con todo respeto por el metal precioso y no por usted, una medalla no es un chaleco antibalas, tampoco es una sentencia judicial, ni una auditoría de cumplimiento, ni una máquina capaz de devolverles sus hijos a las madres que los perdieron.
El Nobel puede reconocer un esfuerzo histórico, logrado a través de mentiras. Lo que no puede hacer es responder por sí solo a las preguntas que ese esfuerzo tan falso dejó abiertas y también deja en evidencia las mentiras que con tanto cinismo usted viene diciendo por años.
Y cuanto más se utiliza como escudo frente a la crítica, más se parece a un objeto de adoración política. ¡Qué tragedia para Gollum descubrir que su precioso no viene acompañado de inmunidad argumentativa!
La JEP no puede ser un altar donde las preguntas se consideren blasfemias, si, llegamos a la Jurisdicción Especial para la Paz.
Y aquí le ruego que no me confunda con quienes creen que cuestionar un modelo de justicia transicional equivale a desconocer todo el Derecho internacional.
Soy abogada, conozco la diferencia entre justicia ordinaria y justicia transicional. También conozco la diferencia entre la legalidad de una institución y la discusión sobre la suficiencia de sus resultados.
La JEP tiene la obligación de contribuir a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición y ha desarrollado investigaciones y decisiones sobre crímenes de enorme gravedad.
Pero susbimplementacion, chequera, decisiones, trato, revictimización, persecución a los militares y contrastado trato amistoso a los guerrilleros y obviamente, sus sanciones propias pueden comprender restricciones efectivas de derechos y libertades que no equivalen a prisión ordinaria.
Ese diseño genera una discusión legítima sobre proporcionalidad y justicia para las víctimas.
Señor Santos, una víctima puede considerar valioso que su victimario reconozca responsabilidad.
Otra puede considerar insuficiente la sanción y ninguna de las dos necesita recibir clases de sensibilidad política para justificar su posición, el perdón no es una lavadora de delitos.
No se introduce un secuestro por un extremo, se añade una declaración de arrepentimiento y sale por el otro una biografía impecable con aroma a reconciliación. La verdad importa, la reparación importa.
El reconocimiento de responsabilidad importa, pero el cumplimiento efectivo de las sanciones también y si alguien pretende que la palabra restaurativa haga desaparecer automáticamente cualquier discusión sobre el castigo, quizá debamos recordarle que el Derecho no funciona por encantamientos.
La JEP no es Hogwarts, señor Santos. Y una sentencia no se cumple pronunciando «¡Reparación total!» mientras se agita una varita.
Aquí debo abandonar por un instante la carcajada, aunque no la ironía, porque hay asuntos que duelen demasiado, yo conocí la Colombia de la guerra.
Y por eso me niego a tratar a las víctimas como personajes secundarios de una historia cuyo protagonista ya recibió todos los aplausos, y me niego a repetir que las FARC son "las extintas FARC" cuando aún hay gente con ese nombre en el monte causando muerte, secuestros y narcotraficando.
Señor Santos, las víctimas no existen para legitimar su legado, no son extras de una película sobre reconciliación, no tienen la obligación de sonreír cuando un expresidente habla de sus logros, una madre que perdió a su hijo tiene derecho a exigir respuestas, un secuestrado tiene derecho a cuestionar las sanciones, un militar mutilado tiene derecho a reclamar justicia, una familia desplazada tiene derecho a preguntar por las garantías de seguridad y un colombiano que votó NO tiene derecho a recordar su voto sin que lo acusen de desear el regreso de la guerra.
La paz no puede exigirles a quienes sufrieron la violencia que además se conviertan en relacionistas públicos de quienes negociaron su final.
¡Faltaba más!
Que después de perder familiares, hogares y años de vida, las víctimas tuvieran también que encargarse de proteger la reputación internacional de un proceso que los engañó.
Eso sí sería una forma bastante peculiar de trabajo comunitario.
El acuerdo tenía que producor cambios importantes, pero tanto el como su implementación ha enfrentado retrasos, problemas de seguridad y dificultades, porque seamos sinceros, la teoría del árbol encebado existe por algo, lo que empieza como una mentira siempre será y producirá más mentiras, incluso la paz.
Los informes internacionales han documentado avances y desafíos y esa mezcla de resultados merece análisis, no propaganda, porque usted puede tener razones para defender su gestión.
Lo que no puede exigir es que todos los colombianos compartamos su satisfacción, si una comunidad sigue bajo amenaza, su experiencia importa, si una familia continúa buscando a un desaparecido, su búsqueda importa, si un niño es reclutado por un grupo armado, esa tragedia importa y si un excombatiente que cumplió el acuerdo es asesinado, también importa.
La paz no puede medirse exclusivamente por el éxito de quienes la negociaron. Debe medirse por la seguridad y los derechos de quienes tienen que vivir sus consecuencias.
Señor Santos, a veces pareciera que usted quisiera que evaluáramos el acuerdo como se evalúa una campaña publicitaria:
Qué bonito el eslogan, qué emotiva la música, qué elegante el protagonista, qué impresionante el reconocimiento internacional y qué inoportunos los ciudadanos que siguen preguntando por el producto.
El problema de sus defensores es confundir la crítica con una declaración de guerra. Hay algo que me produce una mezcla de risa y cansancio:
Cada vez que cuestiono los resultados del acuerdo, aparece alguien convencido de que criticarlo significa querer que regrese la guerra.
¡Qué argumento tan sofisticado!
Con semejante lógica, cuestionar la calidad de un hospital equivaldría a desear que los pacientes murieran y criticar una sentencia sería declarar la guerra contra los jueces.
Señor Santos, yo puedo condenar los crímenes de las FARC, de los paramilitares y de agentes estatales, de cualquiera que comete delitos sin absolver a ninguno.
Puedo reconocer los avances de una negociación y cuestionar sus concesiones, puedo defender la reconciliación y exigir sanciones efectivas, puedo rechazar la violencia y criticar su legado.
Lo que no voy a hacer es renunciar al pensamiento crítico para obtener un certificado de buena conducta expedido por los guardianes de su Nobel.
Que Gollum se quede con el anillo, yo prefiero conservar la capacidad de hacer preguntas, porque para tristeza suya su lugar en la historia depende de que nadie revise los expedientes
Señor Santos, usted tiene derecho a contar su versión, escribir sus memorias, defender sus decisiones, explicar sus razones y sentirse orgulloso de los resultados que considera valiosos.
Pero la historia no es una autobiografía con comentarios desactivados, no se escribe únicamente desde los salones donde entregan premios, también se escribe desde los territorios, desde las sentencias, desde los informes, desde las comunidades, desde los testimonios de las víctimas y desde los votos de quienes no estuvieron de acuerdo con usted.
La historia tiene la pésima costumbre de escuchar también a quienes no aparecen en la fotografía oficial.
Por eso me interesa tan poco el intento de convertir cualquier cuestionamiento al acuerdo en una ofensa personal contra sus protagonistas.
No estoy obligada a celebrarlo a usted y mucho menos su legado de falsa paz, falso acuerdo y tantas mentiras que aún siguen causando muertes, secuestros, reclutamiento forzado y narcotráfico.
Estoy obligada, como ciudadana y como abogada, a distinguir los hechos de las promesas y las normas de los discursos, y esa obligación no desaparece cuando aparece una medalla brillante.
Ya voy terminando. Imagino que Gollum ya está agotado, pobre criatura.
Tantos años custodiando el Nobel y todavía aparecen colombianos empeñados en preguntar por las disidencias, las víctimas, las sanciones y la seguridad.
¡Qué falta de delicadeza!
Usted puede seguir defendiendo el acuerdo, puede reivindicar la desmovilización de miles de combatientes, puede destacar los avances institucionales, pero no puede presentar esos logros como si cancelaran las dificultades posteriores, ni puede convertir el Nobel en respuesta a todo.
Una cosa es haber contribuido a terminar una confrontación armada con una organización. Otra muy distinta es afirmar que Colombia dejó atrás la violencia.
La primera afirmación tiene hechos que la respaldan, la segunda exige demostrar mucho más.
Y mientras existan colombianos amenazados, desplazados, secuestrados o reclutados por organizaciones armadas, las preguntas seguirán siendo necesarias, ,no para negar los avances.
Sino para impedir que los avances se conviertan en una excusa para ignorar lo pendiente.
Así que, señor Santos, conserve su Nobel, póngalo en una vitrina, ilumínelo, límpielo con terciopelo. Si quiere, instale una alarma para que Gollum pueda dormir tranquilo, pero no nos pida que confundamos su brillo con la realidad del país.
Porque el oro de una medalla puede permanecer intacto durante décadas. La vida de una víctima, en cambio, no admite restauración con un paño de limpieza.
Y si algún día vuelve a presentarnos la paz como una obra completamente terminada, recuerde que todavía habrá colombianos capaces de formular la pregunta más incómoda de todas:
«Señor Santos, ¿y dónde está?»
No se moleste, no es una herejía, es apenas una solicitud de entrega.
Atentamente,
Abg. Lore Lázaro O.
Abogada, escritora, colombiana que conoció la guerra y hereje declarada de cualquier relato político que pretenda convertir una ceremonia en sustituto de la realidad.
P. D. Si Gollum le vuelve a susurrar «¡Mi precioso!», dígale que se tranquilice. Nadie le está quitando el Nobel ganado con mentiras. Solo estamos preguntando por la paz. Y, después de casi diez años, no debería ser una pregunta tan difícil.
✝️Camilo🇨🇴 retweeted
Qué dolor esa masacre de cristianos en Nigeria y ver al sacerdote llorando al lado de los cadáveres. Los están matando por motivos religiosos...y adiven quiénes son los asesinos.
✝️Camilo🇨🇴 retweeted
Replying to @alfonsoprada @JEP_Colombia
Lo escribe el tránsfuga que llamaba a los secuestros "cercos humanitarios".
¡Qué hp descaro!
Petrosantista de mierda, recójase.
✝️Camilo🇨🇴 retweeted
«No hubo abrazos, porque donde hay gran amor, a menudo hay poca demostración de él.»
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha
✝️Camilo🇨🇴 retweeted
«La verdad puede estirarse hasta el límite, pero nunca se rompe, y siempre aflora por encima de las mentiras, como el aceite flota sobre el agua.»
Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha
✝️Camilo🇨🇴 retweeted
La sinodalidad, al descubierto
Hoy, en Roma, se impidió el acceso a la basílica de Sn Pedro a los católicos tradicionalistas. Es el mismo lugar donde, hace poco se dio la bienvenida a un musulmán para que rezara; donde la «arzobispa» Sarah Mullally, oró y dio la bendición;
Espero que con lo ocurrido a los grupos tradicionalistas a los que se les prohibió el ingreso a la basílica de san Pedro, a pesar de aclarar que no son de la Fsspx, se entienda de una vez que el problema no está del lado de la Fsspx, sino del lado de los que odian la tradición.





























