HOY TIRAN FLORES AL MAR. 67 AÑOS.
Hoy en Cuba, como todos los años, tiran flores al mar y a los ríos por Camilo Cienfuegos. Y yo pregunto una sola cosa: ¿dónde está el avión?
Encontraron el Titanic a casi 4.000 metros de profundidad, 73 años después de hundido, en medio del Atlántico. Y un avión que volaba por la orilla de Cuba, en un viaje de dos horas de Camagüey a La Habana, no aparece en 67 años. Ni un tornillo. Ni un pedazo de ala. Ni un hueso. Nada.
La versión oficial dice que había tormenta entre Ciego de Ávila y Matanzas. Buscaron 70 aviones durante dos semanas, hasta aviones de Estados Unidos peinaron las Bahamas y Cayo Hueso. Y nada. El 12 de noviembre dijeron duelo nacional y se acabó la conversación.
Pero en ese avión no iba solo Camilo. Iba el piloto, el primer teniente Luciano Fariñas, y el escolta, el soldado Félix Rodríguez. Tres hombres, no uno. ¿Quién les tira flores a ellos? ¿Quién les preguntó a sus familias dónde están sus muertos? El culto es para uno solo. Los otros dos ni nombre tienen en el ritual.
Si el avión se cayó al mar, ¿dónde están los restos? Si no se cayó, ¿dónde están los tres? Sesenta y siete años echando flores al agua y ni una respuesta. Y el pueblo que tira las flores sigue comiendo mierda.
Compártelo si tú también quieres saber dónde están los tres. ¿Tú crees que ese avión se perdió solo?
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CARTA ABIERTA A MARIELA CASTRO ESPÍN: «25.000 EN LOS CAMPOS Y TÚ DIJISTE ESCUELA AL CAMPO»
Mariela, el 11 de mayo de 2020, en cámara, desde Miami, dijiste que las UMAP no habían sido más que una escuela al campo, y que la historia estaba muy sobredimensionada y distorsionada. Eso dijiste de los campos de Camagüey donde entre 25.000 y 35.000 hombres pasaron entre 1965 y 1968: homosexuales, religiosos, jóvenes que no encajaban. Alambradas, vigilancia armada, trabajo de sol a sol, torturas, falsas ejecuciones, descargas eléctricas, muertes bajo tortura. Eso llamaste escuela.
En otra entrevista dijiste que pedir perdón sería una gran hipocresía, y que te alegraba que aquí no se pidiera perdón. Pedir perdón por encerrar gente por ser homosexual sería hipocresía. Mejor leyes nuevas, dijiste, y citaste a Núremberg, como si Núremberg no hubiera empezado por señalar culpables.
Tú misma dijiste que las investigaciones se estaban haciendo. Pasaron los años y no se publicó ni un solo artículo ni un solo resultado. La prometiste tú. La debes tú. Y no hay nada. Ni una página. La investigación era la coartada para no investigar.
El 11 de mayo de 2019, la comunidad salió a marchar por su cuenta en La Habana. Más de 200 personas del Parque Central al Malecón. Isbel Díaz y su esposo Jimmy Roque Martínez ni siquiera pudieron llegar: a las ocho y media de la mañana dos hombres de civil los detuvieron y los llevaron a la unidad de Lawton, acusados de actividad contrarrevolucionaria. Y tú llamaste a esa marcha un show convocado desde Miami y Matanzas. El CENESEX la acusó de organizada desde Miami sin mostrar pruebas. La marcha independiente es un show. La tuya, con permiso del Partido, es la oficial. Los derechos, según tú, solo valen si los convoca el poder.
La historia no te va a recordar como la defensora de derechos. Te va a recordar como la directora que llamó escuela al campo a los campos de la UMAP, que llamó hipocresía al perdón y llamó show a la marcha que no convocó.
Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
«La medicina me enseñó que hay parásitos que se curan con pastillas y otros que se curan con distancia. Si mi honestidad te molesta, el problema no es mi lengua, sino tu piel fina. Prefiero ser un libro abierto que pocos entienden, a un panfleto barato que cualquiera manipula.»
Compártela si crees que una escuela al campo no lleva alambradas. Y dime: ¿dónde está la investigación que prometiste, Mariela, en qué gaveta duerme?
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CARTA ABIERTA A CIMEX Y TRD: LA TIENDA QUE NO ES PARA TI
CIMEX, TRD:
Te hablo a ti, que tienes la llave de la tienda. Tú llegas a la puerta con pesos en el bolsillo y sales con las manos vacías. No porque no haya qué comprar. Adentro está todo: el arroz, el aceite, el detergente, el pollo. El problema es la puerta. La puerta dice dólares, y tú cobras en pesos.
Ustedes mismos lo pusieron en el nombre: TRD, Tiendas Recaudadoras de Divisas. No tiendas para abastecer al pueblo. Tiendas para recaudar divisas. Ahí está todo, sin disfraz.
En enero de 2025 abrieron la de 3ra y 70, en Miramar, y la presentaron como accesible para la población. Accesible, ¿para quién? Solo acepta dólares en efectivo o tarjetas del extranjero. El cubano que cobra en pesos no entra a comprar: entra a mirar. Y en la Mesa Redonda, tu vicepresidente Ernesto Martínez anunció que esto iba a crecer, y la viceministra Mildrey Granadillo dijo que era parcial y temporal.
Temporal. Esa fue la palabra. Y ya van por todas las provincias.
¿Tú sabes lo que es un salario en Cuba hoy? El mínimo, desde julio de 2026, es 3.210 pesos al mes. Con el dólar a 780 en la calle, eso son poco más de cuatro dólares. Una jubilada salió de una tienda tuya en Infanta y Santa Marta con un solo paquete de detergente de tres kilos, 8,95 dólares, y lo dijo clarito: no todos pueden. Los demás ni entraron.
Y todavía inventaron la tarjeta Clásica: cuesta cinco dólares, te cobran un dólar cada vez que la recargas. O sea, te cobran por poder pagar. Y si pagas en efectivo, te devuelven el vuelto en caramelos. Caramelos. Esa es la moneda que les queda a ustedes para el cubano.
¿Para quién surten, entonces? ¿Para el maestro que cobra en pesos? ¿Para la enfermera? ¿Para el jubilado? ¿O para el que tiene a alguien afuera mandándole dólares? Porque si la tienda del pueblo solo le vende al que tiene familia afuera, eso no es una tienda del pueblo. Es una aduana con estantes.
Esto hiciste: convertiste la comida en un producto en dólares, en un país donde se cobra en pesos; llamaste temporal a lo que viniste a quedarte; y le pusiste una tarjeta de pago al derecho de comer.
Esto debiste hacer: una tienda que venda en la moneda en que cobra su pueblo, con precios que un salario pueda pagar. Una institución digna no recauda divisas sobre el hambre de su gente.
La historia no te va a recordar por lo surtido que tenías el estante. Te va a recordar por la puerta: llena adentro, cerrada afuera, y un pueblo entero mirando la comida a través del cristal.
Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
«La medicina me enseñó que hay parásitos que se curan con pastillas y otros que se curan con distancia. Si mi honestidad te molesta, el problema no es mi lengua, sino tu piel fina. Prefiero ser un libro abierto que pocos entienden, a un panfleto barato que cualquiera manipula.»
Compártela si a ti también te han dejado mirando desde la puerta. Y dime: ¿qué fue lo último que dejaste en la caja porque no te alcanzaba en dólares?
#TiendasEnDolares #CubaEnDolares #Cuba #CubaLibre #LibertadParaCuba #SOSCuba #PatriaYLibertad #NoMasDictadura #CubanosPorElMundo #ExilioCubano
CUATRO SALVADOREÑOS Y DOS CUBANOS
Esta semana el mundo vio la diferencia entre un presidente que defiende a su gente y un régimen que alquila a la suya.
En Haití secuestraron a cuatro salvadoreños. Cuatro técnicos de aviación que estaban allí en evacuaciones médicas, no en guerra. Y Nayib Bukele no se escondió detrás de un comunicado tibio. Amenazó públicamente a las pandillas, lanzó una operación militar de rescate y puso al gobierno de Haití a mover todos sus recursos. Todavía no se sabe si los cuatro están vivos, y eso lo hace más grave, no menos: el presidente de un país pequeño se plantó ante unas bandas que controlan el 70% de Puerto Príncipe y les dijo que sus ciudadanos no se tocan.
Ahora mira para Cuba.
El 12 de abril de 2019 secuestraron en Kenia a dos médicos cubanos: Assel Herrera Correa y Landy Rodríguez Hernández. Se los llevó al Shabaab y se los llevó a Somalia. Pasaron cinco años. En febrero de 2024 se anunció su muerte en un bombardeo, y hasta hoy nadie lo ha confirmado ni desmentido de forma definitiva. Ni rescate, ni explicación, ni respuesta. Y a los demás médicos en misiones les dijeron que no podían hablar del tema.
Esa es la diferencia completa.
Un presidente que por cuatro ciudadanos suyos amenaza a unas pandillas y mueve un ejército. Y un régimen que por dos médicos suyos no movió nada, no explicó nada y ordenó silencio.
Los médicos cubanos no son héroes para el régimen. Son mercancía que se alquila por países enteros, y cuando los secuestran, cuando los matan o cuando desaparecen, el régimen prefiere el silencio antes que la vergüenza.
Assel y Landy merecen que alguien diga sus nombres. Merecen que alguien pregunte dónde están y quién responde por ellos. Porque un país que no defiende a sus médicos fuera, tampoco defiende a sus pacientes dentro.
¿Tú qué opinas? ¿Un presidente debe moverlo todo por sus ciudadanos, o debe callar para que no se sepa?
La verdad es que el pueblo de Cuba jamás ha votado por su presidente, por eso el que está puesto a dedo responde a los intereses de quien lo puso y no de su pueblo.
Compártelo, que esto no se puede quedar en silencio.
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CARTA ABIERTA A NAYIB BUKELE: AMÉRICA LATINA NO QUIERE UN EMPERADOR, QUIERE ORDEN Y LIBERTAD
Presidente Bukele:
Esta no es una carta de admiración personal. Es una carta de necesidad histórica. América Latina está cansada. Cansada de gobiernos que fracasan y se reciclan. Cansada de ideologías que prometen justicia y entregan miseria. Cansada de vivir con miedo mientras los delincuentes y los corruptos gobiernan en la práctica.
Usted hizo algo que muchos decían imposible: demostró que el orden sí se puede imponer. Que el crimen no es cultura. Que el caos no es destino. Que el Estado puede mandar, si quiere. Por eso hoy su nombre no pertenece solo a El Salvador. Pertenece a una conversación continental.
Porque nuestros países tienen problemas distintos, pero el mismo origen: instituciones débiles, políticos intocables, crimen organizado y pueblos sin poder real. Mire el mapa, presidente. México, donde los carteles controlan territorios. Colombia, atrapada entre el narcotráfico y la política corrupta. Venezuela, destruida por una dictadura petrolera. Cuba, secuestrada hace 66 años por un partido único que se cree por encima de la Constitución, del pueblo y de la ley. Nicaragua, otra cárcel a cielo abierto. Centroamérica, expulsando a su gente por violencia y miseria. Brasil, un gigante frenado por la corrupción y el crimen. Argentina, rica en recursos pero empobrecida por el populismo, y hoy intentando enderezar el rumbo. Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, hundidos en inseguridad y en crisis políticas que no terminan.
Presidente, esto no se arregla con discursos ni con cumbres. Se arregla con estructura, con autoridad y con libertad real para elegir. Por eso cada vez más latinoamericanos hablamos de algo que ya no suena utópico, sino lógico: los Estados Unidos del Sur. Un sistema federal, donde cada país sea un estado, con autonomía interna, pero bajo reglas comunes: una sola justicia federal, una sola estrategia contra el crimen, una sola política migratoria, una sola defensa de la ley.
Y algo clave, presidente: cada estado elige a su gobernador libremente. Si Argentina decide que Milei sea su gobernador, que lo sea. Si Brasil elige otro rumbo, que lo elija. Si Chile corrige, que decida su pueblo. Sin imposiciones ideológicas. Sin partidos eternos. Sin vanguardias iluminadas.
Y empezando por donde más duele al sistema: Cuba. Cuba debe ser un estado donde el pueblo elija, no un partido único. Donde nadie esté por encima de la Constitución. Donde gobernar sea servir y no mandar de por vida. Donde el comunismo no sea una camisa de fuerza impuesta con represión.
América Latina no necesita un emperador. Necesita un liderazgo federal fuerte que garantice orden, ley y libertad para decidir. Y cuando se piensa en alguien capaz de enfrentar mafias, dictaduras, carteles y políticos mediocres, muchos miran en la misma dirección. Sí. Bukele.
Esta carta no es propaganda. Es un grito continental. El grito de millones que no quieren seguir huyendo, sino vivir con dignidad en su tierra. Cuando los pueblos deciden de verdad, las dictaduras caen. Y cuando el orden vuelve, el futuro también.
Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Médico cubano en el exilio
La medicina me enseñó que hay parásitos que se curan con pastillas y otros que se curan con distancia. Si mi honestidad te molesta, el problema no es mi lengua, sino tu piel fina. Prefiero ser un libro abierto que pocos entienden, a un panfleto barato que cualquiera manipula.
Si crees en una América Latina unida, federal y libre: comparte. Si te molesta: comparte más. Que le llegue a Bukele y a todo el continente.
#Bukele #EstadosUnidosDelSur #Cuba #CubaLibre #LibertadParaCuba #SOSCuba #PatriaYLibertad #NoMasDictadura #CubanosPorElMundo #ExilioCubano
**LA RESOLUCIÓN QUE NADIE HA LLEVADO A LA ONU**
Marta me dejó un comentario en la carta a Bruno que me dejó pensando. Marta es una cubana de a pie, así se presenta ella misma, y su idea vale más que muchos discursos.
Todos los años pasa lo mismo. Bruno viaja a Nueva York con su resolución contra el bloqueo, la Asamblea la aprueba, y en Cuba no cambia nada. Porque esa resolución no obliga a nadie. Es teatro caro, con hotel y delegación, para volver a La Habana diciendo que ganaron.
Y Marta pregunta lo que nadie pregunta: ¿por qué la oposición cubana no lleva a la ONU otra resolución? Una que diga: necesidad de hacer elecciones libres en Cuba, con voto secreto y directo, y con supervisión internacional. Y que se someta a votación igual que la de Bruno.
Piénsalo un momento. ¿Qué país va a votar en contra de unas elecciones libres delante del mundo entero? Los mismos que votan todos los años para que levanten el embargo tendrían que levantar la mano para decir que el cubano NO puede votar. Ahí se les cae el disfraz. Ahí el mundo entero vería quién defiende al pueblo y quién defiende a los que mandan.
Y ojo, que no te voy a mentir: una resolución de la ONU tampoco obliga a nadie. La de Bruno no obliga y esta tampoco obligaría. La dictadura ignora papeles como ignora al pueblo. Pero hay una diferencia grande: la de Bruno les sirve a ellos; esta les estorba. Porque cambia la pregunta. Ya no es "embargo sí o no", que es el juego donde ellos ganan todos los años. La pregunta pasa a ser: "¿el cubano puede votar, sí o no?" Y a esa pregunta no tienen respuesta que no los deje en ridículo.
Marta también habló de un tribunal internacional. Y tiene razón en una cosa: el problema de Cuba tiene que resolverse en algún sitio, porque ni Estados Unidos va a levantar el embargo nunca ni el gobierno va a soltar el poder por las buenas. Mientras tanto el pueblo está muriendo, lo dice ella, y lo dice bien.
Yo le añado esto: llevamos más de sesenta años pidiéndole al mundo que resuelva lo de Cuba con los papeles de ellos. A lo mejor es hora de poner nuestro propio papel sobre la mesa. Que el mundo vote, sí, pero que vote sobre lo que importa: que el cubano vote.
Compártelo, que esta idea no se quede en un comentario. Y dime tú: ¿firmarías esa resolución? ¿Crees que el mundo se atrevería a votar en contra de unas elecciones libres en Cuba? Te leo en los comentarios.
Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Médico cubano en el exilio
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**CARTA ABIERTA A ETECSA: EL MONOPOLIO QUE COBRA EN DÓLARES Y NO DA NI SEÑAL**
ETECSA:
Te escribo a ti, no a un ministro. A la empresa. Al monopolio. Porque tú no eres un funcionario que se equivoca: eres el negocio que cobra y no entrega. Y el pueblo cubano ya no te aguanta.
El 30 de mayo de 2025 tú cambiaste las reglas del juego. De un día para otro, el cubano solo pudo recargar 360 pesos al mes en moneda nacional. Con eso le alcanza para 6 GB y poco más. Si quiere más, que pague en dólares. O que pague los planes extra: 3 GB por 3.360 pesos, 15 GB por 11.760. En un país donde el salario mínimo es de 2.100 pesos al mes. O sea: para tener internet hay que trabajar cinco meses. Eso no es un servicio. Eso es un peaje.
Y tú misma contaste la plata. En julio de 2025, el primer ministro Marrero dijo en la Asamblea que en 46 días habías recaudado 24,8 millones de dólares. Que pasaste de ingresar 10.000 dólares al día a 540.000. Cincuenta y cuatro veces más. Y prometió que esa plata iba para recuperar la infraestructura. Ha pasado más de un año, ETECSA. ¿Dónde está la recuperación? Porque la señal sigue igual de mala. Las torres siguen apagándose. Y tú misma reconociste en enero de 2025 que la mitad de tus 5.600 radiobases no tenía respaldo de energía. En Santiago, hace poco, unas 200 torres estaban apagadas por falta de luz o de combustible. Cobraste 54 veces más y la red sigue a oscuras.
Y hay algo que te retrata entera: tú no compensas a nadie. El cliente paga un plan con fecha de vencimiento, llega el apagón, se cae la torre, pierde los datos, pierde el saldo, y tú no le devuelves nada. No hay sistema para devolver saldo ni para extender el plan. Cobras por un servicio que no diste y te quedas con la plata. Eso, en cualquier país, se llama estafa. En Cuba se llama ETECSA.
Y para rematar, en octubre de este año saliste con una promoción: datos ilimitados de 12 de la noche a 7 de la mañana. De madrugada. Justo cuando no hay corriente para cargar el teléfono y las torres están muertas. Le vendes al cubano internet de madrugada en un país sin luz de madrugada. ¿Tú te ríes del pueblo, ETECSA? ¿O es que ya ni te importa disimular?
Pero lo más grave no es la señal. Es la mentira. Porque ustedes mismos dijeron para qué era la plata. El propio Gerardo Hernández escribió en 2020 que las ganancias de ETECSA iban para la leche en polvo de los niños. La leche que en Cuba está restringida a los menores de siete años y a las dietas médicas. Y Raúl Castro prometió en 2007 que habría leche para todo el que quisiera tomarse un vaso. Entonces te pregunto, ETECSA: con 24,8 millones en 46 días, con miles de millones al año, ¿dónde está la leche? ¿Dónde está la infraestructura? ¿Dónde está el servicio? Porque el niño sigue sin leche, la torre sigue apagada y el plan sigue venciendo aunque no haya señal.
Una empresa digna habría hecho lo contrario de todo esto. Habría publicado sus cuentas: cuánto entra, en qué se gasta, qué torre se arregló. Habría devuelto cada peso de cada servicio no prestado. Habría bajado los precios en vez de subirlos. Habría entendido que una empresa de telecomunicaciones existe para comunicar al pueblo, no para exprimirlo. Tú elegiste lo otro: cobrar en dólares, dar excusas en pesos y quedarte con la diferencia.
ETECSA, tú eres el monopolio perfecto del sistema: sin competencia, sin cuentas claras, sin vergüenza. El cubano no te puede dejar, porque no tiene otra. Y tú lo sabes. Por eso cobras lo que quieres y das lo que te da la gana.
Pero escúchame bien: el pueblo ya sabe sumar. Sabe que 540.000 dólares al día no se pierden en el aire. Sabe que la leche no aparece y la señal tampoco. Y un día, cuando Cuba sea libre, la primera pregunta no va a ser para un ministro. Va a ser para ti: ¿dónde está el dinero?
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Compártelo. Que lo lea cada cubano que paga un plan y se queda sin señal. Y dime: ¿cuánto pagaste por tu último plan y cuántos días te duró la señal? Respóndeme aquí abajo.
#ETECSA #CubaLibre
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**CARTA ABIERTA A MACHADO VENTURA: EL MÉDICO QUE SE HIZO MÁQUINA**
Machado Ventura:
Usted cumple 96 años dentro de cuatro días. Noventa y seis. Es el dirigente más viejo que queda vivo de la generación que tomó el poder en 1959. Y le escribo porque su historia es la historia completa del sistema cubano: empezó curando heridos y terminó administrando obediencia.
Usted era médico. Estudió medicina en la Universidad de La Habana, se alzó en la Sierra en 1957, organizó la sanidad del Segundo Frente y levantó hospitales de campaña donde la gente, dicen las crónicas, veía un médico por primera vez. Herido en combate. Hasta ahí, una historia digna. Después vino lo otro.
En 1960 lo hicieron ministro de Salud Pública. Tenía 29 años. Y en 1963 salió de Cuba la primera misión médica internacionalista, a Argelia, con su impronta. Usted construyó el sistema de salud que después el régimen vendió al mundo como su gran obra. Bien. Pero fíjese en lo que pasó después, porque ahí está su expediente de verdad.
Usted no se quedó siendo médico. Se hizo máquina. Durante más de 40 años dirigió el Departamento de Organización del Comité Central del Partido. Traducido: usted decidía quién subía y quién caía. Quién era cuadro y quién dejaba de serlo. El poder en la sombra. Mientras otros daban los discursos, usted movía las piezas. Fundador del Partido en 1965, Buró Político desde 1975, diputado desde 1976, primer vicepresidente del país de 2008 a 2013, segundo secretario del Partido de 2011 a 2021. El número dos de Cuba durante una década. Y en abril de 2021, en el VIII Congreso, lo sacaron del Buró Político. El sistema que usted ayudó a aceitar terminó jubilándolo a usted también. Las máquinas, al final, desechan hasta a sus operadores.
Usted mismo lo dijo en una entrevista, y lo cito: «El problema no es entrar sino como tú sales... Me siento satisfecho con el trabajo». ¿Satisfecho, Machado? Mire a su alrededor. El sistema de salud que usted fundó hoy no tiene ni pastillas para la presión. Los médicos que usted formó se van en masa o limpian pisos en el extranjero. Los hospitales que usted levantó están a oscuras. ¿De qué está satisfecho? ¿De haber organizado un Partido que hoy no puede darle luz a un hospital?
Un médico digno habría hecho lo contrario de todo esto. Habría usado su bata para defender al paciente, no para vestir al Partido. Habría dicho, cuando vio que el sistema se pudría, que un médico no firma recetas que no se pueden cumplir ni aplaude congresos mientras la gente se muere esperando un turno. Habría entendido que curar no es organizar cuadros. Que la medicina se debe al enfermo, no al Comité Central. Usted eligió lo otro: cambió el estetoscopio por el organigrama. Y el organigrama no cura a nadie.
Machado Ventura, usted va a cumplir 96 años y el sistema que usted administró durante medio siglo está en ruinas. No lo digo yo. Lo dicen los apagones de 20 horas, las bodegas vacías, los médicos que se van. Usted entró a la historia como el médico de la Sierra. Va a salir de ella como el hombre que organizó la obediencia de un país entero y no supo, o no quiso, organizar su libertad.
Esa es su sentencia, Machado. No se la inventa nadie. Se la escribió usted, con 40 años de organigramas y un sistema de salud que hoy no tiene ni luz.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
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#MachadoVentura #CubaLibre
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CARTA ABIERTA A ELIÁN GONZÁLEZ: EL NIÑO QUE VOLVIÓ PARA DEFENDER LA CÁRCEL
Elián:
No te escribo al niño de seis años que flotaba en una cámara de neumático frente a Fort Lauderdale el 25 de noviembre de 1999. A ese niño no hay nada que reprocharle. Ese niño perdió a su madre en el mar y el mundo entero lo vio. Te escribo a ti, el hombre de 32 años, ingeniero, diputado de la Asamblea Nacional. Porque ese hombre sí tiene que responder.
Tu madre, Elizabeth Brotons, se subió a una balsa contigo para huir de Cuba. No para pasear. Para huir. La balsa se hundió. Trece personas murieron, entre ellas ella. Tres sobrevivieron. Tú fuiste uno. Y hoy, 26 años después, tú defiendes el sistema del que tu madre huía. Explícame eso, Elián. Explícaselo al pueblo de Cuba. Porque tu madre no murió buscando la revolución. Murió buscando salir de ella.
Tú mismo lo has dicho, y te cito con tus palabras: «Sé que siempre tendré la mano de Fidel sobre mi hombro». Y también dijiste que Fidel «fue como un padre, hasta que se convirtió en un amigo». Qué curioso, Elián. Tu madre te llevaba de la mano hacia la libertad y terminó en el fondo del mar. Y el hombre que convirtió a Cuba en la cárcel de la que ella huía, ese es tu padre. El mar te quitó a tu madre. La dictadura te dio un padre sustituto. Y tú aceptaste el cambio.
En marzo de 2023 te hicieron diputado. Uno de 470, en unas elecciones que la oposición rechazó, en un parlamento donde nadie puede discrepar. Te pusieron ahí por una sola razón, y lo dijeron los analistas sin disimulo: para mostrar «al niño que regresó a Cuba gracias a Fidel». No te eligieron por ingeniero. Te eligieron por símbolo. Eres el trofeo más rentable del régimen: el niño que volvió. Y tú aceptaste ser trofeo.
Pero hay algo que te desnuda más que todo lo demás, Elián, y son tus propias palabras. Tú dijiste: «A mí me gustaría más pasar desapercibido». Y sin embargo ahí estás, en cada acto, en cada foto, en cada aniversario, exhibido como prueba de algo. El hombre que quiere pasar desapercibido y vive exhibido. El hombre que dice que quiere ser ingeniero y trabaja de símbolo.
Y tú mismo, sin querer, dijiste la verdad que el régimen no quiere oír. Dijiste que «las personas se van poniendo inconformes, se van poniendo en descontento con ciertas instituciones, con el Estado y con el Gobierno, producto de todas esas necesidades que viven». Y dijiste algo más: que no se puede «desarrollar nuestro país solo pensando en el bloqueo», que «nos toca a nosotros enfrentar nuestros problemas». Elián, eso es exactamente lo que decimos nosotros. La diferencia es que tú lo dices y después votas con la dictadura. Nosotros lo decimos y pagamos el precio.
Tú vives en Cárdenas, trabajaste en una empresa de Varadero, tienes esposa y una hija. Tu hija va a crecer en la misma cárcel de la que tu madre quiso sacarte. Y un día tu hija te va a preguntar por qué su abuela murió en el mar. ¿Qué le vas a decir? ¿Que murió por una mentira? ¿Que murió huyendo de un paraíso? ¿O le vas a decir la verdad: que su abuela murió buscando la libertad que tú, su padre, hoy defiendes que no hace falta?
Elián, el niño de la cámara no eligió nada. Tú sí elegiste. Elegiste ser diputado de un parlamento que no decide, símbolo de un régimen que tu madre no aguantó, hijo de un hombre que no era tu padre. Tu madre dio la vida por sacarte de Cuba. Tú diste tu vida por quedarte dentro y defender a los que la convirtieron en prisión.
Esa es tu humillación, Elián. No te la estoy inventando yo. Te la escribiste tú, con tu historia, con tu cargo y con tus propias palabras.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
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CARTA ABIERTA A BETSY DÍAZ VELÁZQUEZ: LA MINISTRA DE LA BODEGA VACÍA
Betsy Díaz Velázquez:
Usted es la ministra del Comercio Interior. Es decir, usted es la ministra de la comida que llega —o no llega— a la mesa del cubano. La ministra de la libreta. La ministra de las más de doce mil bodegas del país. Y le escribo porque hay una pregunta que millones de cubanos se hacen cada mes, de pie frente a un mostrador vacío: ¿usted sabe lo que se siente?
Usted anuncia. Eso sí lo hace bien. Cada mes, la nota del MINCIN: «está garantizado», «se asegura la entrega», «se completan los atrasos». Y después viene la realidad, que no lee sus notas. En octubre, su propio ministerio tuvo que admitir que el arroz seguía pendiente en Granma, que el azúcar crudo no había llegado a Pinar del Río, a Santiago, a Guantánamo, que el chícharo faltaba en Camagüey y el frijol en Guantánamo. Que el café que se repartía en siete provincias era el de septiembre. Que la sal arrastra atraso desde agosto en Holguín. Que el pollo de agosto se estaba repartiendo en octubre en Las Tunas y Camagüey. Ministra, ¿usted llama a eso «garantizado»?
En agosto pasó algo que la retrata entera: a punto de terminar el mes sin haber repartido la canasta, usted ordenó trabajar sin parar el fin de semana, con lluvia y sin combustible, para terminar lo que no se hizo en treinta días. Y la razón del atraso, dicha por usted misma: tres barcos con unas 52.000 toneladas de arroz fondeados en los puertos, sin poder descargar por limitaciones financieras. El arroz estaba ahí. En el puerto. Y no llegaba a la bodega. El problema no era que no hubiera arroz, ministra. Era que no había con qué pagarlo ni con qué moverlo. Y mientras tanto, la solución fueron los donativos de China. Un país que presume de soberanía alimentaria, comiendo de donaciones.
Usted misma lo ha dicho, y la cito: «no se han podido garantizar todos los productos». Y explicó los precios: la tonelada de arroz pasó de unos 500 dólares a 2.900. La leche, de 3.200 a 5.000. Todo subió. Menos el salario del cubano, que sigue siendo el mismo. Y menos la libreta, que tiene 64 años y cada vez reparte menos: bodegas que pasan meses enteros con dos o tres productos, familias que se acuestan sin cenar. Eso no es un problema de distribución, ministra. Eso es un sistema que ya no distribuye nada.
Una ministra digna habría hecho lo contrario de todo esto. Habría dejado de anunciar lo que no puede cumplir. Habría dicho la verdad completa: cuánto entra, cuánto falta, quién decide, por qué el arroz se pudre en el puerto mientras la bodega está vacía. Habría renunciado antes que firmar otro mes de «garantizado» que llega tarde o no llega. Porque cada nota suya que promete y no cumple es un mes más que una madre explica a sus hijos por qué hoy tampoco hay nada.
Usted preside un ministerio que reparte promesas y cobra en paciencia ajena. La libreta, que nació para que nadie pasara hambre, hoy es el documento que certifica el hambre: el papel que la madre lleva a la bodega y vuelve a guardar, vacío, en la cartera.
Betsy Díaz Velázquez, la historia no la va a recordar por sus notas de prensa. La va a recordar por las bodegas vacías que usted anunció llenas. Y por cada cubano que hizo la cola, presentó la libreta y se fue con las manos vacías.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Compártelo. Que lo vea la que hace la cola todos los meses. Y dime: ¿qué fue lo último que te dio tu bodega, y qué mes era? Cuéntamelo aquí abajo.
#BetsyDiaz #LaLibreta #MINCIN
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**«CARTA ABIERTA A ALPIDIO ALONSO: EL POETA DEL MANOTAZO»**
Alpidio Alonso:
Usted llegó a ministro de Cultura siendo poeta. Y va a pasar a la historia de Cuba por un manotazo.
Porque la historia de su ministerio se puede contar con dos fechas. La primera: el Decreto 349, la primera ley que firmó con Díaz-Canel. Una norma para «regular» el arte en los espacios públicos. La rechazaron todos, desde Silvio Rodríguez hasta Luis Manuel Otero, pasando por Tania Bruguera y un Premio Nacional de Artes Plásticas. Un ministro de Cultura cuya primera obra fue ponerle bozal al arte. Qué currículum.
La segunda fecha es su verdadera firma: el 27 de enero de 2021, frente a su propio ministerio.
Dos meses antes, el 27 de noviembre de 2020, más de trescientos artistas se habían plantado en esa misma puerta. No pedían tumbar nada: pedían que dejaran de golpear a sus colegas, libertad de expresión y diálogo. Usted contestó el 4 de diciembre con una nota: no se reuniría con nadie que tuviera contacto con Estados Unidos. El diálogo, según usted, se concede por pasaporte ideológico.
El 27 de enero volvieron. Con una rosa blanca, Alpidio. Una rosa blanca para Martí, en el aniversario de su natalicio. Venían a cultivar y ofrecer, como dice el poema. Usted salió a la calle, caminó hasta un periodista que grababa con su celular — Mauricio Mendoza — y le dio un manotazo para arrebatarle el teléfono. En vivo. Delante de las cámaras. Y después montaron al grupo en un ómnibus con destino desconocido.
Un ministro de Cultura pegándole a un teléfono para que no quede registro. La cultura, según su ministerio, no se filma: se tapa.
El 3 de febrero de 2021 más de mil doscientos ciudadanos — Iván de la Nuez, Rafael Rojas, Tomás Sánchez, Haydée Milanés, Wendy Guerra — pidieron su revocación como diputado y como ministro. No pasó nada. En Cuba, el que pega conserva el cargo; el que filma pierde el teléfono.
Y ayer, 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, usted estaba en el Palacio de la Revolución mientras Díaz-Canel decía que la cultura tiene que ser «escudo y espada». Escudo contra quién, Alpidio. Espada contra quién. Ya lo sabemos: escudo contra el pueblo, espada contra el artista. Contra el que escribe, contra el que canta, contra el que filma. Su ministerio no protege la cultura cubana: la vigila, la selecciona y la castiga.
Un ministro de Cultura digno habría abierto la puerta el 27 de enero y recibido la rosa. Usted eligió el manotazo. Y con ese manotazo escribió su epitafio mejor que con todos sus poemas juntos: el poeta que le tenía miedo a una cámara.
La rosa blanca sigue en la escalera, Alpidio. El manotazo, también. La historia se va a quedar con los dos. Y usted sabe cuál de los dos pesa más.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Comparte esto si crees que la cultura no se defiende a manotazos. Y dime: ¿qué artista cubano te gustaría ver libre de verdad?
#AlpidioAlonso #27N
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«CARTA ABIERTA A ROBERTO MORALES OJEDA: EL MÉDICO QUE DEJÓ DE CURAR PARA FIRMAR EXPEDIENTES»
Roberto Morales Ojeda:
Usted es el dirigente más peligroso de Cuba, y casi nadie lo sabe. Porque Díaz-Canel pone la cara, pero usted pone los nombres. Secretario de Organización y Política de Cuadros. Traduzco para el que no habla ese idioma: usted decide quién trabaja, quién sube, quién cae y quién nunca más. La lista de los señalados pasa por su oficina.
Y lo más bajo de su historia es el principio: usted es médico.
Se graduó en 1991. Trabajó en un policlínico. Pasó por los mismos pasillos que nosotros, con la misma libreta y los mismos pacientes esperando. Y un día cambió la bata por el expediente, y no volvió nunca más.
Fue ministro de Salud seis años, del 2012 al 2018. Bajo su firma, el negocio de exportar médicos alcanzó su tamaño más grande: miles de colegas en Brasil y en medio mundo, trabajando por un salario que cobraba el Estado y del que a ellos les llegaba una parte. El consultorio cubano se vaciaba para llenar la caja de La Habana, y usted era el ministro de la obra. No el de los hospitales. El de la exportación.
Después lo premiaron con lo que de verdad le gusta: el poder de los papeles. Desde 2021 usted es el jefe de cuadros del Partido. Todo funcionario del país existe porque su secretaría lo permite. Todo profesional apartado, regulado, inhabilitado o borrado de un registro pasa, en el fondo, por la misma máquina que usted aceita. El médico joven que hoy no acepta el destino que le imponen y pierde su título para siempre: esa filosofía es suya. La del cuadro obediente o el profesional muerto en vida.
Mientras tanto, ¿cuál es su gran obra de este año? Un eslogan. «REVOLUCIÓN VIVA». Eso produce su secretaría: palabras. Usted recorre el país «constatando» — esa es su palabra favorita — y en Pinar del Río elogió la consagración del personal de salud. Morales Ojeda: Pinar del Río lleva más de noventa horas sin corriente y meses sin agua por las pilas. Usted constató una provincia seca al lado de un hospital sin agua y salió elogiando. Eso no es dirigir. Eso es teatro con escoltas.
Díaz-Canel es un portavoz. Usted es el archivero del miedo. Cada carpeta que su oficina mueve decide si una familia come o si un profesional pierde su nombre. Y como fue médico, no tiene la excusa del que no sabe: usted sabe lo que pesa una guardia, lo que vale una bata y lo que duele que a uno le borren el título. Lo sabe y firma igual.
La historia tiene memoria más larga que su secretaría, Morales Ojeda. Los papeles que usted firma hoy sobre la gente, mañana se leen en voz alta con su nombre. Y ese día no va a haber eslogan que lo tape.
Se lo dice un colega. De los que no firmaron.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
#MoralesOjeda #PCC
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EL DARIÉN NO ME ROBÓ NADA 📷
El agua del río me llegaba al pecho y la mochila pesaba como si llevara un muerto adentro. En el Darién uno no sabe qué hora es. Solo sabe si la luz le alcanza para cruzar o si le toca dormir con la selva de noche. Que es otra cosa.
Yo entré a esa selva en el 2022. Llevaba una muda de ropa, un poco de agua y las manos que me dieron en Bayamo. Manos de médico. Eso era todo lo que valía en ese monte.
Al tercer día encontré a una madre sentada en el barro con un niño que no paraba de vomitar. Deshidratación. La miré y supe exactamente qué había que hacer. Y supe también que no tenía nada para hacerlo. Ni suero ni una jeringa. Nada. Lo mismo que en Cuba: saber el diagnóstico y no tener con qué pelearlo.
Le di el agua que me quedaba. Le enseñé a darle sorbo a sorbo, despacio, sin apuro, aunque el niño llorara. Le dije que no se detuviera. Que el que se detiene en el Darién se queda. Se levantó. Siguió. Yo también.
Esa noche dormimos donde nos alcanzó el cuerpo. Y yo pensaba: un hombre que estudió seis años, que hizo guardias de treinta y seis horas, que le salvó la vida a gente que hoy ni se acuerda de su cara… mojado hasta los huesos, con el pasaporte en una bolsa de nylon.
Y entonces lo entendí.
El Darién no me robó nada.
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Yo llegué al Darién ya robado.
Me robaron los que me obligaron a escoger entre la dignidad y la selva. Los que convirtieron mi título en un papel y hoy dicen que los médicos nos vamos por dinero, mientras un médico en Cuba gana menos de diez dólares al mes.
La selva no me pidió el título. No me pidió el carné. No me pidió permiso. Me dejó pasar.
Cuba no me dejó vivir.
Pásalo si tú también dejaste pedazos de tu vida en ese camino. O si todavía estás en Cuba pensando en el tuyo.
Dime: ¿qué fue lo más duro que te tocó cargar? 📷
#Darien #Superacion
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CARTA ABIERTA A RAÚL CASTRO RUZ
Raúl Castro:
Hoy una jueza de Florida firmó una orden de arresto contra usted. Sin fianza. Por conspiración para cometer asesinato en primer grado.
Entérese de lo que eso significa, porque quizás nadie en su burbuja se atreve a explicárselo.
A partir de hoy, el exilio cubano ya tiene en la mano lo que necesitaba: un papel. Una orden de captura internacional con su nombre completo. Y usted sabe mejor que nadie que los americanos no coleccionan esos papeles. Los ejecutan.
Pregúntele a Noriega. Mandaba en Panamá, se creía intocable, y fue un tribunal de Florida el que lo sentenció primero en papel. Terminó sacado de su país, juzgado en Miami y murió preso.
Pregúntele a Saddam Hussein, dueño absoluto de Irak: lo encontraron escondido en un hueco en la tierra.
Pregúntele a Bin Laden, el hombre más protegido del planeta: tenía acusación firmada en Estados Unidos, y en 2011 los americanos llegaron hasta su casa en Pakistán.
Pregúntele a Maduro, el último que se creyó blindado dentro de su palacio.
Todos tenían lo mismo que tiene usted hoy: un juez americano escribiendo su nombre. Todos pensaron que el papel no cruzaba la frontera. A todos el papel les llegó.
Su suerte está echada, Raúl. A sus 95 años solo tiene dos futuros posibles: morirse antes de que lo alcancen, o ser la próxima foto esposado bajando de un avión.
Y ahora mire a su alrededor, porque esto no es solo sobre usted.
Hoy, en cada oficina del Comité Central, en cada villa de GAESA, en cada casa de protocolo, hay un dirigente haciendo la misma cuenta que usted: si cayó el intocable, ¿qué papel habrá con mi nombre? La orden de hoy no lleva solo su firma de acusado. Lleva el mensaje para todo el ejecutivo del Partido: cuando usted caiga — vivo o en un expediente — detrás de usted se desmorona la mesa entera. Cada general que firmó represión, cada ministro que robó, cada fiscal que encarceló inocentes: todos entran en la lista. Eso lo sabe usted y lo saben ellos.
El 24 de febrero de 1996 usted mandó a derribar dos avionetas desarmadas. Carlos Costa, Pablo Morales, Mario de la Peña y Armando Alejandre cayeron al mar por su orden. Usted era el ministro. Ni un botón se apretaba ahí sin usted.
Treinta años después, el mundo responde con la misma moneda que usted usó toda la vida: una orden. Solo que esta no la firma un Castro. La firma una jueza de Miami. Y esta vez el acusado es usted.
Duerma en su isla, Raúl. Es el último lugar del planeta donde ese papel todavía no lo despierta.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
#OrdenDeCaptura #RaulCastro
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«LA LLAVE DEL CONSULTORIO»
Yo tenía la llave del consultorio antes que el sol.
Las seis y media en Bayamo. La enfermera con el termo, yo con la libreta de las visitas, y en la banca de madera que nosotros mismos lijamos ya había tres viejos esperando. Antes de la hora.
Usted no sabe lo /que es eso si no lo vivió.
Conocer a una familia por el nombre del padre, de la madre y del hijo asmático. Cruzar la calle en bata a las dos de la mañana a recibir a un niño en una casa sin agua corriente.
Yo fui médico de familia.
Ahora me entero, por la boca del propio ministro, que van a «revitalizar» el programa. Lo dijo esta semana en una convención en La Habana: diez mil ochocientos treinta y cinco consultorios.
Diez mil ochocientos treinta y cinco.
En septiembre, en la Asamblea, admitieron lo que usted y yo sabemos: no hay médicos para los equipos, el consultorio «tiene bajo nivel resolutivo» — como dicen ellos — y la infraestructura está deteriorada. Infraestructura. Así le dicen a un local con la pared rajada.
Y la remató la resolución 115: al recién graduado que no acepte el servicio social donde lo manden, lo inhabilitan. Indefinidamente.
El médico de familia no se fue porque quiso. Lo sacaron a patadas del sueldo, de la dignidad y del consultorio. Y ahora el que lo vació quiere revitalizarlo desde una tarima.
Diez mil ochocientos treinta y cinco consultorios. Y en casi ninguno hay una pastilla para bajar la fiebre.
Le hago una pregunta:
Su consultorio de la familia, el de su cuadra, el que lo vio crecer... ¿tiene médico hoy? ¿Tiene medicina?
Y si se acuerda del nombre de su médico de familia, escríbalo aquí. Que se sepa que hubo un tiempo en que eran de verdad familia.
Comparta esto. No por mí. Por ese doctor que lo atendió a usted y hoy maneja un taxi en Miami o limpia oficinas en Tampa. Dios sabe que ninguno quiso irse.
#MedicoDeFamilia #SaludCuba
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CARTA ABIERTA A ESTEBAN LAZO HERNÁNDEZ: CUARENTA Y CINCO AÑOS APRETANDO EL MISMO BOTÓN
Esteban Lazo:
Esta semana sesiona la Asamblea Nacional. Del 20 al 22 de octubre, en el Palacio de Convenciones. Usted la va a presidir, como siempre. Van a votar, como siempre. Y todo va a salir aprobado, como siempre. Por unanimidad, como siempre. Tres días de teatro para decirle al mundo que en Cuba hay un parlamento.
Le hablo yo, que no tengo escaño, ni micrófono, ni cámara. Le hablo como cubano que sí vive entre el pueblo del que usted habla cuando dice que hay que «vincularse más con la base».
Porque eso dijo usted esta semana, en Bayamo, en mi tierra. Les dijo a los cuadros que tienen que intercambiar constantemente y vincularse más con el pueblo en la base. Y yo le pregunto: ¿usted cuándo fue la última vez que se vinculó con la base, Esteban? ¿La base es el Palacio de Convenciones? ¿La base es el salón donde todos levantan la mano a la vez?
Usted es diputado desde 1981. Hace cuarenta y cinco años. Cuando usted entró a esa Asamblea, yo acababa de nacer en Bayamo. Usted ya mandaba antes de que yo supiera hablar. Vio pasar a Fidel, vio pasar a Raúl, vio llegar a Díaz-Canel. Y usted sigue ahí. En la misma silla. Con el mismo discurso.
Esta semana usted pidió «una revolución en la producción de la agricultura». Sus palabras, textuales. «La fortaleza está en la producción, no en la implementación». Yo le pregunto, Esteban: ¿cuántas revoluciones agrícolas ha pedido usted en cuarenta y cinco años? ¿Cuántas veces ha dicho que hay que producir más, importar menos, sembrar la tierra? Y mire el resultado: el cubano come peor que nunca. La canasta normada no llega. El campesino no tiene combustible, ni semilla, ni fertilizante. ¿Esa es la fortaleza que usted anuncia cada año? ¿Una fortaleza que no llena un plato?
El miércoles 14 usted presidió el Consejo de Estado. Aprobaron decretos-leyes, evaluaron «las transformaciones económicas y sociales», hablaron de veintitrés ejes temáticos, de seminarios nacionales, de recorridos por las provincias. Papeles, Esteban. Más papeles. En cuarenta y cinco años, ¿cuántos papeles ha firmado usted? ¿Cuántos seminarios, cuántos recorridos, cuántos ejes temáticos? Y el pueblo sigue esperando lo mismo de siempre: comida, luz, medicinas.
Pregunto de nuevo. ¿Usted recuerda UNA sola vez, en más de trece años presidiendo la Asamblea, en que los diputados hayan votado en contra de algo que mandó el Partido? Una sola. Yo no la recuerdo. Nadie la recuerda. Porque no existe. Usted no preside un parlamento, Esteban. Usted dirige un coro. Y el coro canta lo que le mandan cantar.
¿Eso es democracia? ¿Eso es el Poder Popular? ¿Un parlamento donde nadie discrepa, donde nadie vota en contra, donde todo sale por unanimidad como si Cuba fuera un país sin problemas? Dígame: ¿a quién representa usted, a los diputados que aplauden o a los once millones de cubanos que no tienen voz en ese salón?
Esto hizo usted: convirtió el parlamento en una oficina de trámites del Partido. Cuarenta y cinco años apretando el mismo botón. El del sí.
Esto debió hacer usted: una sola vez, en cuarenta y cinco años, permitir que la Asamblea fuera de verdad. Que un diputado se parara y dijera «esto está mal». Que una ley del Partido perdiera una votación. Que el pueblo viera que su voz vale. Eso es lo que hace un presidente de parlamento digno en cualquier país del mundo: defender la casa de las leyes, no la casa del Partido. Usted hizo lo contrario. Y por eso nadie en Cuba espera nada de la sesión que empieza esta semana.
La historia no lo va a recordar como legislador, Esteban. Lo va a recordar como el notario del régimen: el hombre que puso su firma debajo de cada ley que hundió al pueblo, durante cuarenta y cinco años, sin una sola vez decir que no.
De pie, desde el exilio,
Un cubano que no olvida.
Pásala. Que la lea el que todavía piensa que en Cuba hay un parlamento de verdad.
Y dime: ¿tú conoces a alguien que haya visto a un diputado votar en contra en Cuba? Te leo en los comentarios. 📷
#EstebanLazo #AsambleaNacional
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CARTA ABIERTA A SALVADOR VALDÉS MESA: EL QUE CHEQUEA EL ARROZ QUE NUNCA LLEGA
Salvador Valdés Mesa,
Te vi esta semana en las fotos. Guayabera, sombrero en la mano. Seis provincias en siete días: Matanzas, Mayabeque, Artemisa, Pinar del Río, Villa Clara, Sancti Spíritus. Chequeando. Esa es tu palabra favorita: chequear. Chequeaste el arroz, chequeaste el maíz, chequeaste la soya.
Te lo digo como cubano: chequear no es gobernar.
Tú empezaste en 1959 como obrero agrícola en Las Tunas. Te hiciste ingeniero agrónomo. Sabes lo que es un surco. Y después de 66 años de ustedes en el poder —tú sindicalista, ministro, Buró Político, vicepresidente—, Cuba no se puede comer el arroz que siembra. Eso no es un insulto. Es un dato.
En Villa Clara dijiste, y lo publicó @Granma: «hay que trabajar duro y acabar de despojarse de la mentalidad importadora». Salvador, ¿de quién es la mentalidad importadora? ¿Del campesino? El campesino trabaja duro desde antes de que tú nacieras. La mentalidad importadora es del Estado que tú diriges, que prefiere traer el arroz en barco antes que dejar al guajiro venderlo libre.
Y en la misma visita soltaste esta joya: «para atrás no se puede retroceder ni un milímetro». ¿Ni un milímetro? Mira la libreta. Mira la cola del pollo. Mira el precio del arroz en la calle. Ustedes retrocedieron kilómetros. Y lo dicen tus propios partes: en Sancti Spíritus reconociste que el frijol, el maíz y la soya «continúan lejos de satisfacer la demanda». En Matanzas, que las 57 mil toneladas de arroz para 2029 están «todavía distantes». Tus palabras. Tus números. Tu fracaso.
También dijiste que hay que «liberar las fuerzas productivas». ¿Liberarlas de qué, Salvador? ¿De quién las tiene presas? Las tiene presas el Estado: el que topa los precios, el que no paga a tiempo por Acopio, el que multa al que vende por fuera, el que no da combustible ni insumos. Tú mismo lo admitiste en Matanzas: Azcuba tiene «muchas y buenas tierras, no pocas de ellas vacías». Las tierras del Estado, vacías. Las del campesino, amarradas. Y hablas de liberar.
Y la frase que más me dolió: «cuando los precios sean especulativos, el Gobierno responde al pueblo y debe intervenir». El gobierno que interviene es el que deja al productor sin pago y al pueblo sin comida, y después culpa al que vende caro. Intervenir: la palabra bonita para decir que el guajiro siembra, el Estado se queda con la cosecha, y el pueblo hace la cola.
Esto hiciste: una semana de fotos en el campo, exhortando a sembrar lo que tú no dejas vender.
Esto debiste hacer: firmar la libertad de producir. Que el campesino venda a quien quiera, al precio que ponga, y que el Estado se quite del medio. Eso hace un dirigente digno: no chequear el hambre. Eliminarla.
Te posaste con Yanier Negrín, 26 años, ingeniero agrónomo, finca El Renacer en Placetas. Con Israel Rodríguez en la finca Regla. Con Rafael Fundora, que exporta lima y aguacate desde Mayabeque. Jóvenes que sí saben producir. Pregúntales —de verdad, pregúntales— si les pagan a tiempo, si tienen diésel, si pueden vender libre. No te van a decir lo que dice @Granma. Te van a decir lo que dice el campo.
Chequear no es sembrar. Exhortar no es cosechar. Y un vicepresidente que en siete años solo aparece para la foto del arroz no es un gobernante: es un turista del hambre.
Cuando esto se caiga, de ti no van a decir que sembraste. Van a decir que miraste sembrar.
Un cubano que sabe lo que cuesta un plato de arroz.
Compártelo, que le llegue al campo. Y dime: en tu casa, ¿se come el arroz que chequea Valdés Mesa, o el que llega en el barco? 📷
#ValdésMesa #CampoCubano
#Cuba #CubaLibre #LibertadParaCuba #SOSCuba #PatriaYLibertad #NoMasDictadura #CubanosPorElMundo #ExilioCubano
EL MÉDICO DEL ANDAMIO 📷
El sol de Houston a las dos de la tarde no perdona. Yo estaba arriba de un andamio, con el casco sudado y las manos llenas de polvo, cuando el muchacho de abajo se cortó la mano con una lámina.
Sangre. Gritos. Todo el mundo mirando a todo el mundo.
Bajé como pude. Le agarré la mano. Presión. Eleva eso. Tráeme el botiquín. Le limpié la herida, se la cerré como se cierra una herida en cualquier parte del mundo, y le dije: tranquilo, de esta no te mueres.
El capataz me quedó mirando raro.
—¿Y usted dónde aprendió eso?
—En Cuba yo era médico.
Silencio. De esos silencios que pesan. Después me dijo: «¿Y qué hace un médico en un andamio?»
Pues esto, compadre. Vivir. Empezar. Porque el que sabe trabajar no le tiene miedo a ningún trabajo. A mí el casco no me avergüenza. Estas manos han suturado enfermos en un hospital y han levantado paredes en Houston, y las dos veces lo hice con la misma dignidad.
Mucha gente conoce al doctor de la bata. Pocos conocen al hombre que se subió al andamio sin quejarse, porque la renta no entiende de orgullo.
Si tú estás empezando de cero en un trabajo que no es el tuyo, escúchame: eso no te quita lo que eres. Te lo prueba.
Compártelo, para el que hoy anda con vergüenza de su trabajo honrado.
¿Y a ti? ¿Qué trabajo te tocó hacer aquí que nadie se imagina? Cuéntame. 📷
#Superacion #TrabajoHonrado
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CARTA ABIERTA A BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA: DIECISIETE AÑOS LLORANDO EN NUEVA YORK 📷
Bruno:
Diecisiete años lleva usted de canciller. Diecisiete. Yo llevo cuatro fuera de Cuba y en ese tiempo usted no ha cambiado ni el discurso.
Esta semana salió en X a decir que Marco Rubio está "nervioso y ansioso" ante otra derrota en Naciones Unidas. Que Rubio presiona y chantajea a jefes de Estado para que cambien su voto contra el bloqueo.
Oiga, canciller: ¿a qué jefes de Estado? ¿A qué países? No nombró a ninguno. Ni uno solo. Ni una prueba. Acusar sin nombrar y sin probar no es diplomacia. Es un chisme con corbata.
Y mire la fecha: a finales de este mes se vota otra vez en la ONU la resolución contra el bloqueo. La número treinta y cuatro desde 1992. Treinta y cuatro años del mismo teatro: usted viaja a Nueva York, lee los mismos papeles, la resolución se aprueba, y no cambia nada. Porque esa resolución no obliga a nadie, Bruno. Usted lo sabe mejor que yo. Es teatro caro, con hotel y delegación, para volver a La Habana dicien.do que ganaron.
¿Qué ganó el cubano con esas treinta y tres victorias? Dígame un nombre. Un solo cubano que coma mejor, que tenga luz esta noche, que haya encontrado una medicina, gracias a una de esas votaciones. No me dé cifras de millones. Déme un nombre.
Porque cifras sí tiene. Esta semana dio la suya: 8.083,3 millones de dólares en daños entre marzo del año pasado y febrero de este año. Con decimales y todo, como si los decimales le dolieran a alguien. Y yo le pregunto: ¿cuánto costó la delegación que usted se lleva a Nueva York cada octubre? ¿Los hoteles, los carros, los viáticos de los que van a llorar el embargo? Esa cifra usted no la da nunca.
Ayer denunció que Estados Unidos sancionó al BICSA, un banco, y lo llamó "empeño criminal" y "castigo colectivo". Castigo colectivo: esa frase la repite usted como un rosario. Pues hablemos de un castigo colectivo del que usted no habla nunca: esta noche se apaga el 75% de Cuba. Tres de cada cuatro cubanos a oscuras. Eso no lo ordenó Washington, canciller. Eso lo ordenó su gobierno, que prefirió hoteles a termoeléctricas.
Hace un mes contó usted siete mil contenedores parados en puertos del mundo, con comida y medicinas que no llegan. Siete mil, contados uno por uno desde su oficina. ¿Y las horas sin corriente las cuenta? ¿Los niños sin desayuno los cuenta? ¿O esos no salen en el informe?
En agosto le dijo a Rubio que lo suyo era una "ridícula y torpe mentira" que ni él ni "sus corruptos colegas" se creen. Mire quién habla de mentiras. Usted lleva diecisiete años diciendo que el bloqueo es el culpable de todo. Diecisiete años, y el pueblo come peor, se alumbra menos y se va más. Si el bloqueo fuera el culpable, ¿por qué los que mandan viven como si no existiera? Esa pregunta en la ONU usted no la hace.
Esto hizo usted: convirtió la cancillería en una agencia de lloriqueo internacional. Treinta y cuatro resoluciones, cero resultados, y el pueblo pagando el viaje.
Esto debió hacer usted: una sola vez en diecisiete años, pararse en esa tribuna y decir la verdad. Que el dinero de Cuba se gasta en hoteles vacíos mientras los hospitales no tienen jeringuillas. Que ningún embargo obliga a un gobierno a dejar a su pueblo a oscuras. Que un canciller digno defiende a su gente antes que a su silla. Eso debió hacer. Pero eso no da aplausos en la Asamblea.
Cuando Cuba sea libre, nadie va a recordar sus discursos. Van a recordar que mientras usted lloraba en Nueva York, el pueblo lloraba a oscuras en su casa.
De pie, desde el exilio,
Un cubano que no olvida.
Compártelo. Que lo lea el que todavía cree que en la ONU se decide el destino de Cuba.
Y dime: ¿tú crees que una votación más en la ONU le va a poner comida en la mesa a tu familia? Te leo en los comentarios. 📷
Marco Rubio
#BrunoRodriguez #ONU
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CARTA ABIERTA AL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS: LOS MÉDICOS YA ESTÁN AQUÍ 📷
Señor Presidente, señor Secretario de Estado:
@Donald J. Trump @Marco Rubio
Les escribe un médico cubano que vive en Houston. Ayer anunciaron 61,5 millones de dólares para que el Caribe contrate médicos con salarios directos, sin intermediarios. Sin La Habana quedándose con el dinero. Es la mejor noticia que he leído en años, y se las agradezco.
Pero les falta una pieza, y se las voy a decir de frente: ¿de dónde van a sacar a esos médicos?
Porque aquí, en Estados Unidos, ya estamos. Somos miles de médicos cubanos que cruzamos selvas y fronteras huyendo del mismo régimen al que ustedes le quieren quitar el negocio. Médicos con especialidad, con años de hospital, con misiones encima. Y ¿saben qué estamos haciendo muchos en este país? Limpiando pisos. Repartiendo paquetes. Cuidando parqueos. No porque no sepamos medicina. Porque el papel no nos deja ejercerla.
Yo tomo la presión en una clínica de Texas. En Cuba yo firmaba el tratamiento. Esa es la foto real del médico cubano en el exilio.
Entonces escuchen esta propuesta, que es simple: incluyan a los médicos cubanos que vivimos en Estados Unidos en ese programa. Que el Caribe contrate médicos libres, directamente, con su salario completo en su bolsillo, con contrato transparente y supervisión de ustedes. Sin intermediario en La Habana. Sin retención del 70%. Sin pasaporte guardado en una gaveta. Sin miedo.
Ganan todos. El Caribe recibe médicos que hablan su idioma, que conocen sus enfermedades y que ya trabajaron en esa región bajo las misiones —pero esta vez como hombres libres, no como mercancía. El régimen pierde su segunda fuente de divisas y su mejor propaganda. Y Estados Unidos deja de desperdiciar lo que tiene en casa: médicos formados que hoy agarran un trapeador porque nadie les ha abierto la puerta correcta.
Yo serví en misiones. Sé cómo funciona eso por dentro: el Estado cobra en dólares y al médico le dejan las migajas; si protestas, te castigan; si te quedas, te persiguen. Ustedes ya lo llamaron por su nombre: trabajo forzoso. Pues aquí tienen a los que escapamos de eso, listos para hacer el mismo trabajo con dignidad.
No les pido un favor personal. No tengo licencia en este país y no la estoy pidiendo por esta carta. Les pido que no dejen el programa a medias: el dinero sin los médicos no cura a nadie.
Los médicos ya están aquí. Solo falta que nos dejen ser médicos.
Dr. Alexander Jesús Figueredo Izaguirre
Médico cubano en el exilio, Houston, Texas
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Y dime: ¿conoces a un médico cubano en este país haciendo un trabajo que no es el suyo? Cuéntalo aquí abajo. 📷
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