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Llegar después no significa llegar tarde.
Volver a enamorarse después de los 40 puede ser una experiencia maravillosa, incluso cuando hay hijos, exparejas y una vida construida antes de conocerse.
Pero para que una relación funcione hace falta mucho más que amor y buenas intenciones.
En Llegar después encontrarás respuestas para comprender los desafíos de estas relaciones, construir mejores acuerdos y saber qué hace falta para que el amor tenga futuro.
Ordena el tuyo, el enlace está en mi perfil.
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Tratar con un hombre que no se hace cargo del impacto emocional de sus acciones vuelve loca a cualquier mujer. Entre el ghosting, el gaslighting, las promesas incumplidas, la invalidación emocional, la evasión de conflictos y las infidelidades, las mujeres no la tienen fácil en las relaciones con los hombres.
Psic. Germán Renko retweeted
Renko lo vuelve hacer....toca el tema incomodo del friend zone que experimentan las mujeres.
Porque simplemente no llega ese momento en que ellas expresan la famosa frase "Me lates cahacahuate" y se evitan los malos entendidos. Me parece es totalmente valido que ellas lo expresen
Muchas mujeres terminan en la friend zone de un hombre sin darse cuenta. Lo conocen, comienzan a hablar todos los días. Los buenos días, las buenas noches, qué comiste, cómo te fue. Se interesan por sus cosas, lo escuchan, le dan apoyo emocional y están pendientes de él. Le mandan fotos de su gato y de su ensalada, él les manda fotos de su cerveza y de su perro.
Y como hablan tanto, se llevan tan bien y hay tanta confianza, piensan que seguramente le gustan, pero que todavía no se anima a dar el primer paso.
Pasan los meses, él sigue tratándolas como amigas y ellas terminan frustradas, decepcionadas y con ganas de bloquearlo de por vida.
Y lo peor es que muchas veces él ni siquiera sabía que era el protagonista de una historia de amor. Sus amigas son las primeras en apoyarlas para que lo manden a la mierda por «cobarde, ambiguo y baboso», cuando probablemente ese hombre nunca las vio como posibles parejas.
A muchos hombres no les importa cuánto gana una mujer, qué estudios tiene o qué tan exitosa es profesionalmente. Les atraen las mujeres que les gustan física y sexualmente, pero cuando piensan en compartir la vida con alguna de ellas, también valoran la tranquilidad, el cariño y una relación en la que no tengan que estar peleando por todo.
«Queremos paz», dicen ellos. «Quieren una mujer que no les reclame nada y les aguante todo», entienden ellas. Quizás por eso la soltería va ganando.
Psic. Germán Renko retweeted
Por favor que todas las mujeres lean esto.
Las conjeturas matan la tranquilidad.
Psic. Germán Renko retweeted
Replying to @GermanRenko
Ojalá pueda leer este libro en digital.
Esa es la pregunta que siempre me ha dado vueltas en la mente. Si llegué tarde o no.
¡Ya están llegando las entregas de mi libro! 📦
Qué bonito sentir que por fin está en manos de las personas para las que fue escrito🥰😇.
Si quieres el tuyo, el enlace está en mi perfil.
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Muchas mujeres terminan en la friend zone de un hombre sin darse cuenta. Lo conocen, comienzan a hablar todos los días. Los buenos días, las buenas noches, qué comiste, cómo te fue. Se interesan por sus cosas, lo escuchan, le dan apoyo emocional y están pendientes de él. Le mandan fotos de su gato y de su ensalada, él les manda fotos de su cerveza y de su perro.
Y como hablan tanto, se llevan tan bien y hay tanta confianza, piensan que seguramente le gustan, pero que todavía no se anima a dar el primer paso.
Pasan los meses, él sigue tratándolas como amigas y ellas terminan frustradas, decepcionadas y con ganas de bloquearlo de por vida.
Y lo peor es que muchas veces él ni siquiera sabía que era el protagonista de una historia de amor. Sus amigas son las primeras en apoyarlas para que lo manden a la mierda por «cobarde, ambiguo y baboso», cuando probablemente ese hombre nunca las vio como posibles parejas.
Hay quiénes preguntan si lo que dice el post pasa de verdad. Aquí les dejo varias historias contadas por mujeres 👇.
Psic. Germán Renko retweeted
Voy a decir una verdad incómoda. La mayoría de las veces, cuando un hombre no toma la iniciativa para acercarse a ti, buscarte o invitarte a salir, es porque no le interesas tanto como tú quisieras.
Así de simple y así de complicado.
Psic. Germán Renko retweeted
Muchas mujeres terminan en la friend zone de un hombre sin darse cuenta. Lo conocen, comienzan a hablar todos los días. Los buenos días, las buenas noches, qué comiste, cómo te fue. Se interesan por sus cosas, lo escuchan, le dan apoyo emocional y están pendientes de él. Le mandan fotos de su gato y de su ensalada, él les manda fotos de su cerveza y de su perro.
Y como hablan tanto, se llevan tan bien y hay tanta confianza, piensan que seguramente le gustan, pero que todavía no se anima a dar el primer paso.
Pasan los meses, él sigue tratándolas como amigas y ellas terminan frustradas, decepcionadas y con ganas de bloquearlo de por vida.
Y lo peor es que muchas veces él ni siquiera sabía que era el protagonista de una historia de amor. Sus amigas son las primeras en apoyarlas para que lo manden a la mierda por «cobarde, ambiguo y baboso», cuando probablemente ese hombre nunca las vio como posibles parejas.
Hay personas que te llenan emocionalmente, pero no sexualmente, y viceversa. A veces la vida te pone frente a relaciones que no te satisfacen del todo y debes decidir si te conformas o sigues buscando. No te conformes con una relación a medias. Mereces sentirte querido y deseado.
Voy a decir una verdad incómoda. La mayoría de las veces, cuando un hombre no toma la iniciativa para acercarse a ti, buscarte o invitarte a salir, es porque no le interesas tanto como tú quisieras.
Así de simple y así de complicado.
Psic. Germán Renko retweeted
Ahora que le ha llovido hate a este hombre por haber regalado los boletos del concierto y dejar a su hija sin esa experiencia, vale la pena hablar sobre los castigos a los hijos.
Al margen de que el padre no aclara en qué consistía la actitud desafiante de su hija, para que un castigo tenga un propósito educativo debe cumplir con tres condiciones.
1. Proporcionalidad. La consecuencia debe corresponder a la gravedad de la conducta y, de preferencia, estar relacionada con ella. El hijo debe comprender qué hizo mal, por qué y qué necesita cambiar.
2. Temporalidad. Todo castigo debe tener una duración razonable y un final claro. No se trata de mantener al hijo castigado indefinidamente ni de cambiar las condiciones según el estado de ánimo de los padres. También debe existir la oportunidad de corregir su conducta y recuperar los privilegios perdidos.
3. Respeto por su autoestima y dignidad. El castigo debe dirigirse a la conducta, no al valor del hijo como persona. Nada de humillaciones, insultos, amenazas, comparaciones ni retirar el cariño o la atención. Que un hijo se porte mal no significa que sea malo ni que merezca sentirse menos querido.
Por ejemplo, si tu hijo llega tarde a casa sin avisar, puedes limitar sus permisos de salida durante un tiempo determinado, explicándole qué acuerdos debe cumplir para recuperarlos.
Si rompe algo durante un berrinche, puede hacerse responsable de repararlo o reponerlo, según su edad y posibilidades.
Si utiliza el celular para insultar o acosar a alguien, puedes restringir temporalmente su uso y trabajar con él para que comprenda el daño causado y cómo repararlo.
En los tres casos, la consecuencia tiene relación con la conducta, tiene límites claros y busca enseñar responsabilidad sin lastimar la autoestima ni la dignidad del hijo.
Las consecuencias no deben convertirse en represalias. Si el hijo entiende únicamente que sus padres tienen el poder de quitarle aquello que más disfruta, quizá consiga obedecer por miedo a perderlo, pero eso no significa que haya comprendido lo qué necesita cambiar.
En el caso del concierto, quitarle la oportunidad de asistir podría ser razonable si estuviera directamente relacionado con el incumplimiento de acuerdos sobre esa salida. Pero si se utilizó únicamente para castigar una actitud general de rebeldía, su valor educativo estaría en duda.
Además, hay que considerar que perderse un concierto es una consecuencia irreversible. No se trata de un privilegio que pueda recuperar después de cumplir su castigo. Por eso, antes de tomar una decisión así, conviene preguntarse si la gravedad de la conducta realmente justifica esa pérdida.
El propósito de la disciplina no debería ser hacer sufrir a nuestros hijos por portarse mal y que lo recuerden con dolor por el resto de su vida, sino enseñarles a reconocer sus errores, comprender las consecuencias de sus decisiones y hacerse responsables de ellas.
Educar no consiste en demostrarles cuánto poder tenemos sobre ellos, sino en enseñarles a tomar mejores decisiones, incluso cuando nosotros no estamos presentes.
Replying to @Sofia7246450639
Mi hija se quedo sin concierto por que hace algunos meses venia con una actitud muy desafiante (para no entrar en contexto) y tanto la mama como yo decidimos que no merecia ir al concierto! De ahi decidi venderlas , pero en fin las termine regalando .
Psic. Germán Renko retweeted
La mamá de una amiga de mi hija (15) lleva dos semanas sin hablarle. La "mandó" a casa de su papá y desde entonces no le responde los mensajes, ni llamadas.
¿La terrible falta? Un día le tocaba a la mamá recogerla en la prepa, pero la chamaca había hecho planes con su papá para ir a comer juntos y se le olvidó avisarles a los dos.
Cuando la mamá llegó a la escuela y le llamó para decirle que ya estaba ahí, la hija le explicó que su papá ya la había recogido, que iban a comer y que después la llevaría de regreso a casa. Se disculpó por no haberle avisado.
La madre la regañó fuertísimo, le dijo de todo y, para rematar, le soltó que mejor se quedara con su papá y no regresara.
Hace pocas semanas le celebraron sus XV años. Fue una fiesta de ensueño que ambos padres prepararon con un año de anticipación. Mi hija fue dama y, junto con otra de sus mejores amigas, pasó tres meses practicando una coreografía con la festejada. Sus padres mantienen una relación cordial y cada uno cumple con sus responsabilidades.
¿De qué sirve hacerle una fiesta de ensueño a tu hija si una semana después la vas a castigar de esa manera por un simple olvido?
Y no es la primera vez. Los castigos son la norma para esta jovencita. Si olvida lavar los platos, una semana sin celular. Si no limpia su cuarto cuando se lo ordena, un mes sin salir con sus amigos. Si hay un concierto o una fiesta importante a la que quiere asistir, la deja sin ir porque no respondió a tiempo un mensaje o una llamada.
Los castigos son desproporcionados y, en ocasiones, muy duros. No le permite muchas cosas que a sus amigas les permiten desde hace años. Se la pasa castigada y sin celular.
Y lo más triste es que la chica es un pan de Dios. Tiene excelentes calificaciones, le pide permiso a su mamá hasta para ir al baño, no es rebelde, jamás le contesta mal y la obedece en todo. Incluso cuando está conviviendo con su papá, le sigue pidiendo permiso a su mamá.
Por lo que me cuenta mi hija, es evidente que le tiene miedo a los castigos. Ni siquiera se le ocurre enfrentarla o intentar dialogar con ella.
Lo peor de todo es que no es la única amiga o amigo de mi hija de quien escucho historias como esta. Su propia madre se las gasta muy parecido algunas veces. La diferencia es que mi hija vive conmigo.
Volviendo a la amiga de mi hija, su mamá, además de no hablarle, dejó de recogerla en la escuela y hasta la hizo despedirse de su hermanito, hijo de su nuevo marido.
Mi hija me cuenta que su amiga está muy deprimida, que apenas come y no tiene ganas de hacer nada. Ayer su papá la llevó a terapia.
Hace unos días le escribió una carta larga a su mamá contándole cómo se siente y cuánto la extraña, a ella y a su hermanito.
Su mamá ni siquiera le respondió.
Psic. Germán Renko retweeted
Aplicar la ley del hielo a un hijo es una de las formas de maltrato psicológico más dolorosas y dañinas que existen. Es como decirle: «Estás muerto para mí. Mira cómo no existes, no te escucho, no te miro, no me importas. Te borré de mi vida». Ojalá lo entendieran muchos padres.
Hay hombres que, de todas las parejas que tuvieron, coincidentemente recuerdan como el amor de su vida a la que peor los trató, esa que nunca pudieron olvidar.
Pero a ver, ella no era el amor de tu vida. Te trató mal, te cambió por otro y tú seguías enamorado de la mujer que habías idealizado. Que te haya hecho daño no significa que no puedas volver a amar, ni mucho menos justifica que hayas tratado mal a las mujeres que vinieron después.
La mamá de una amiga de mi hija (15) lleva dos semanas sin hablarle. La "mandó" a casa de su papá y desde entonces no le responde los mensajes, ni llamadas.
¿La terrible falta? Un día le tocaba a la mamá recogerla en la prepa, pero la chamaca había hecho planes con su papá para ir a comer juntos y se le olvidó avisarles a los dos.
Cuando la mamá llegó a la escuela y le llamó para decirle que ya estaba ahí, la hija le explicó que su papá ya la había recogido, que iban a comer y que después la llevaría de regreso a casa. Se disculpó por no haberle avisado.
La madre la regañó fuertísimo, le dijo de todo y, para rematar, le soltó que mejor se quedara con su papá y no regresara.
Hace pocas semanas le celebraron sus XV años. Fue una fiesta de ensueño que ambos padres prepararon con un año de anticipación. Mi hija fue dama y, junto con otra de sus mejores amigas, pasó tres meses practicando una coreografía con la festejada. Sus padres mantienen una relación cordial y cada uno cumple con sus responsabilidades.
¿De qué sirve hacerle una fiesta de ensueño a tu hija si una semana después la vas a castigar de esa manera por un simple olvido?
Y no es la primera vez. Los castigos son la norma para esta jovencita. Si olvida lavar los platos, una semana sin celular. Si no limpia su cuarto cuando se lo ordena, un mes sin salir con sus amigos. Si hay un concierto o una fiesta importante a la que quiere asistir, la deja sin ir porque no respondió a tiempo un mensaje o una llamada.
Los castigos son desproporcionados y, en ocasiones, muy duros. No le permite muchas cosas que a sus amigas les permiten desde hace años. Se la pasa castigada y sin celular.
Y lo más triste es que la chica es un pan de Dios. Tiene excelentes calificaciones, le pide permiso a su mamá hasta para ir al baño, no es rebelde, jamás le contesta mal y la obedece en todo. Incluso cuando está conviviendo con su papá, le sigue pidiendo permiso a su mamá.
Por lo que me cuenta mi hija, es evidente que le tiene miedo a los castigos. Ni siquiera se le ocurre enfrentarla o intentar dialogar con ella.
Lo peor de todo es que no es la única amiga o amigo de mi hija de quien escucho historias como esta. Su propia madre se las gasta muy parecido algunas veces. La diferencia es que mi hija vive conmigo.
Volviendo a la amiga de mi hija, su mamá, además de no hablarle, dejó de recogerla en la escuela y hasta la hizo despedirse de su hermanito, hijo de su nuevo marido.
Mi hija me cuenta que su amiga está muy deprimida, que apenas come y no tiene ganas de hacer nada. Ayer su papá la llevó a terapia.
Hace unos días le escribió una carta larga a su mamá contándole cómo se siente y cuánto la extraña, a ella y a su hermanito.
Su mamá ni siquiera le respondió.
Dejaré esto por aquí, está relacionado 👇 .
Aplicar la ley del hielo a un hijo es una de las formas de maltrato psicológico más dolorosas y dañinas que existen. Es como decirle: «Estás muerto para mí. Mira cómo no existes, no te escucho, no te miro, no me importas. Te borré de mi vida». Ojalá lo entendieran muchos padres.
Voy a dejar esto por aquí, está relacionado 👇 .
La mamá de una amiga de mi hija (15) lleva dos semanas sin hablarle. La "mandó" a casa de su papá y desde entonces no le responde los mensajes, ni llamadas.
¿La terrible falta? Un día le tocaba a la mamá recogerla en la prepa, pero la chamaca había hecho planes con su papá para ir a comer juntos y se le olvidó avisarles a los dos.
Cuando la mamá llegó a la escuela y le llamó para decirle que ya estaba ahí, la hija le explicó que su papá ya la había recogido, que iban a comer y que después la llevaría de regreso a casa. Se disculpó por no haberle avisado.
La madre la regañó fuertísimo, le dijo de todo y, para rematar, le soltó que mejor se quedara con su papá y no regresara.
Hace pocas semanas le celebraron sus XV años. Fue una fiesta de ensueño que ambos padres prepararon con un año de anticipación. Mi hija fue dama y, junto con otra de sus mejores amigas, pasó tres meses practicando una coreografía con la festejada. Sus padres mantienen una relación cordial y cada uno cumple con sus responsabilidades.
¿De qué sirve hacerle una fiesta de ensueño a tu hija si una semana después la vas a castigar de esa manera por un simple olvido?
Y no es la primera vez. Los castigos son la norma para esta jovencita. Si olvida lavar los platos, una semana sin celular. Si no limpia su cuarto cuando se lo ordena, un mes sin salir con sus amigos. Si hay un concierto o una fiesta importante a la que quiere asistir, la deja sin ir porque no respondió a tiempo un mensaje o una llamada.
Los castigos son desproporcionados y, en ocasiones, muy duros. No le permite muchas cosas que a sus amigas les permiten desde hace años. Se la pasa castigada y sin celular.
Y lo más triste es que la chica es un pan de Dios. Tiene excelentes calificaciones, le pide permiso a su mamá hasta para ir al baño, no es rebelde, jamás le contesta mal y la obedece en todo. Incluso cuando está conviviendo con su papá, le sigue pidiendo permiso a su mamá.
Por lo que me cuenta mi hija, es evidente que le tiene miedo a los castigos. Ni siquiera se le ocurre enfrentarla o intentar dialogar con ella.
Lo peor de todo es que no es la única amiga o amigo de mi hija de quien escucho historias como esta. Su propia madre se las gasta muy parecido algunas veces. La diferencia es que mi hija vive conmigo.
Volviendo a la amiga de mi hija, su mamá, además de no hablarle, dejó de recogerla en la escuela y hasta la hizo despedirse de su hermanito, hijo de su nuevo marido.
Mi hija me cuenta que su amiga está muy deprimida, que apenas come y no tiene ganas de hacer nada. Ayer su papá la llevó a terapia.
Hace unos días le escribió una carta larga a su mamá contándole cómo se siente y cuánto la extraña, a ella y a su hermanito.
Su mamá ni siquiera le respondió.








