Edgar Nolla retweeted
Molts projectes, poques obres diaridegirona.cat/opinio/202… a través de @diaridegirona
Un auténtico honor y un placer participar próximamente en «Voces que incluyen», el programa de RNE dirigido por el Gran @EuprepioPadula
Magnífica oportunidad para compartir reflexiones sobre economía, vivienda y bienestar social.
La economía tiene que genera riqueza, pero si expulsa a quienes la producen de las ciudades donde trabajan, tiene un problema estructural.
Un modelo de economía que olvida a las personas acaba olvidando para qué existe.
NETFLIX ESTRENA SU NUEVA SERIE: «GANAMOS MILES DE MILLONES, PERO HAY QUE DESPEDIR GENTE».
Género: tragicomedia financiera.
Presupuesto: multimillonario.
Reparto: 1.000 trabajadores menos.
Y lo mejor es que no es ficción.
Netflix acaba de presentar unos resultados extraordinarios:
3.664 millones de dólares de beneficio neto en un trimestre.
12.348 millones de beneficio acumulado en nueve meses.
Unos 1.000 despidos y una auténtica revolución en su cúpula directiva.
¿Perdón? ¿Estamos ante una empresa en crisis o ante una empresa que no gana suficiente para las expectativas de Wall Street?
Aquí viene la parte divertida. O preocupante, según quién cobre a final de mes.
Netflix no tiene un problema de pérdidas. Tiene un problema de expectativas.
En economía financiera existe una distinción fundamental: el mercado no valora únicamente cuánto gana una empresa, sino cuánto espera que gane mañana.
Y ahí está la trampa.
Si ganas 3.000 millones, pero los inversores esperaban más crecimiento, puedes convertir un resultado espectacular en una decepción bursátil.
Si creces, pero no lo suficientemente rápido, parece que retrocedes.
Y si la acción cae, siempre queda un recurso clásico del capitalismo corporativo: reorganizar, optimizar, priorizar… Es curioso cómo el diccionario empresarial tiene tantas palabras bonitas para decir «despedir».
Conviene aclararlo: una empresa rentable también puede necesitar reestructurarse. Pero eso no convierte cada recorte de plantilla en una decisión inevitable.
El problema de fondo es confundir la creación de valor económico con la obligación de satisfacer expectativas de crecimiento perpetuo.
Quizá Netflix debería producir una serie sobre esto.
Unos ejecutivos que ganan miles de millones, unos inversores permanentemente insatisfechos y unos trabajadores que descubren que el verdadero suspense no está en la pantalla, sino en Recursos Humanos.
Título sugerido: «El juego del crecimiento infinito».
Y aviso: probablemente no tenga final feliz.
Porque cuando ganar muchísimo ya no es suficiente, quizá el problema no sean los resultados.
Quizá el problema sea el modelo de éxito que hemos construido.
#Netflix #Economía #Capitalismo #MercadosFinancieros #Empresa
QUE BAJE EL PRECIO DE LA VIVIENDA NO SIGNIFICA QUE SEA MÁS FÁCIL VIVIR EN ELLA.
Hay una contradicción económica que merece mucha más atención de la que recibe.
Una vivienda puede perder valor en el mercado y, sin embargo, exigir un mayor esfuerzo económico a quien necesita financiar su compra.
Parece contradictorio, pero no lo es.
El precio del inmueble representa solamente una parte de la ecuación. Los tipos de interés, los ingresos familiares, las condiciones de acceso al crédito y el coste de vida pueden alterar profundamente lo que una persona realmente puede permitirse.
En el marco de mi línea de investigación sobre vivienda, productividad y bienestar económico, he presentado recientemente un nuevo artículo científico para su evaluación editorial.
El trabajo, centrado en el mercado residencial de Londres, profundiza en una cuestión que considero fundamental: ¿puede una vivienda bajar de precio y, al mismo tiempo, resultar menos accesible para las familias?
La investigación examina la relación entre los precios inmobiliarios, las condiciones de financiación y las diferencias económicas territoriales, con el propósito de comprender mejor las limitaciones de los indicadores tradicionales de asequibilidad.
Pero esta reflexión va mucho más allá del mercado inmobiliario.
Cuando una persona no puede permitirse vivir cerca de su empleo, cuando una familia destina una proporción creciente de sus ingresos a la vivienda o cuando una empresa encuentra dificultades para atraer trabajadores, estamos ante un problema que también afecta a la productividad, la movilidad laboral y el funcionamiento de nuestra economía.
Durante demasiado tiempo hemos separado el debate sobre la vivienda del debate sobre el crecimiento económico, como si fueran cuestiones independientes.
No podemos hablar de prosperidad económica sin preguntarnos cómo se distribuyen sus oportunidades y quién puede acceder realmente a ellas.
Por eso considero necesario avanzar hacia una evaluación más completa de nuestras políticas públicas.
No basta con observar si los inmuebles suben o bajan de precio. Debemos preguntarnos qué esfuerzo económico exige vivir en una ciudad, qué capacidad adquisitiva conservan sus habitantes y hasta qué punto el crecimiento económico se traduce en mejores condiciones de vida.
La vivienda no es únicamente un activo financiero. Es también una condición material para la autonomía personal, el desarrollo profesional, la formación de un hogar y la cohesión social.
Y quizá aquí encontramos uno de los grandes desafíos de nuestras ciudades: conseguir que la riqueza que generan se traduzca en oportunidades reales para quienes las hacen funcionar.
Porque el verdadero progreso no consiste simplemente en que las viviendas valgan más o menos.
Consiste en que más personas puedan permitirse construir su futuro en ellas.
#Economía #Vivienda #Investigación #Productividad #PolíticaEconómica #BienestarSocial
Quizás la democracia estadounidense esté más viva, sea más madura y conserve mayor fortaleza de lo que habíamos llegado a creer.
Durante los últimos años hemos contemplado la evolución política de Estados Unidos con una mezcla de inquietud y desconcierto. La polarización ideológica, el deterioro del diálogo público, la crispación social y la erosión de la confianza institucional parecían dibujar el horizonte de una democracia cada vez más vulnerable.
Sin embargo, los últimos resultados electorales nos ofrecen motivos para introducir algunos matices en ese diagnóstico.
Los avances en la representación de mujeres, minorías étnicas y colectivos históricamente relegados nos recuerdan que, incluso en sociedades profundamente divididas, siguen existiendo espacios para la transformación, el reconocimiento y la ampliación de oportunidades.
Y aquí reside, a mi juicio, una de las reflexiones más relevantes.
Tal vez hayamos confundido el desgaste de la convivencia política con el agotamiento de la propia democracia.
No son necesariamente lo mismo.
Una sociedad puede atravesar profundas fracturas, experimentar episodios de intolerancia y mostrar síntomas evidentes de desconfianza sin haber perdido por completo su capacidad de renovación democrática.
Porque la verdadera madurez de una democracia no se mide únicamente por la alternancia en el poder, sino también por su capacidad para integrar la diversidad, derribar barreras históricas y garantizar que el origen, el género o la condición social no determinen los límites de las aspiraciones individuales.
Conviene, naturalmente, evitar conclusiones precipitadas. Una jornada electoral no corrige por sí sola desigualdades estructurales, ni restablece automáticamente la cohesión social o la calidad del debate público.
Pero tampoco deberíamos permitir que el pesimismo nos impida reconocer los signos de vitalidad institucional cuando aparecen.
La democracia no es una conquista definitiva. Es una construcción colectiva, imperfecta y permanentemente inacabada, que necesita renovarse con cada generación.
Quizás la lección más valiosa de lo que estamos presenciando en Estados Unidos sea precisamente esa: que incluso en tiempos de incertidumbre, confrontación y desencanto, una sociedad puede conservar resortes de apertura y transformación.
Y que la convivencia democrática, por deteriorada que parezca, siempre merece el esfuerzo de ser reconstruida.
El verdadero progreso de una sociedad no consiste únicamente en cambiar quién ejerce el poder, sino en conseguir que cada vez haya menos personas excluidas de la posibilidad de ejercerlo.
Quizás Estados Unidos nos esté recordando algo que, en medio de tanto ruido, habíamos empezado a olvidar: que la democracia también posee una extraordinaria capacidad de regeneración.
Edgar Nolla retweeted
Un estudi situa l’habitatge assequible com a infraestructura productiva i motor de desenvolupament econòmic municipal diaridegirona.cat/economia/2…
🏘️ L’habitatge assequible no és només una qüestió social. També és una infraestructura productiva.
Avui, el @DiarideGirona ha fet ressò de la meva recerca publicada a la revista científica internacional Urban Science, que planteja una nova perspectiva sobre el paper de l’habitatge en el desenvolupament econòmic dels municipis.
La reflexió de fons és clara: sense habitatge assequible, els territoris tenen més dificultats per retenir talent, atraure professionals i consolidar el seu teixit empresarial.
Cal incorporar l’habitatge a les estratègies de desenvolupament econòmic local, al mateix nivell que la mobilitat, les infraestructures o la política industrial.
El progrés econòmic i la cohesió social no són objectius contraposats. Són dues dimensions d’una mateixa prosperitat.
Agraeixo al Diari de Girona que hagi donat visibilitat a aquesta línia de recerca i hagi contribuït a traslladar el debat acadèmic a l’agenda econòmica i territorial.
📰 Llegiu la notícia:
diaridegirona.cat/economia/2…
#Habitatge #Economia #Recerca #DesenvolupamentLocal #Girona #PolítiquesPúbliques
Cuando el adversario político se convierte en enemigo, la democracia empieza a perder.
En un reciente mitin en Michigan, @realDonaldTrump calificó al candidato demócrata @AbdulElSayed «yihadista» y lo vinculó con los Hermanos Musulmanes, sin pruebas que sostengan esas acusaciones.
Más allá del episodio, existe una cuestión que debería preocuparnos: ¿en qué momento dejamos de discutir proyectos políticos para empezar a cuestionar la legitimidad de quienes piensan diferente?
Los datos son inquietantes. Un estudio de la Universidad de Chicago señala que el 25 % de los estadounidenses considera justificado el uso de la fuerza para apartar a Trump de la presidencia. Por otro lado, un 16 % respalda el empleo del ejército contra las protestas contrarias a su agenda.
Y aquí aparece el hueso. Una sociedad que desconfía de sus instituciones acaba debilitando precisamente los mecanismos que necesita para resolver sus conflictos.
La polarización no tiene únicamente un coste democrático. También tiene un coste económico. Erosiona la confianza, dificulta los consensos, introduce incertidumbre y compromete la capacidad de construir políticas públicas a largo plazo.
Podemos discrepar profundamente sobre economía, inmigración, seguridad o derechos sociales. Esa confrontación forma parte de una democracia plural. Pero convertir las diferencias en amenazas existenciales es otra cosa.
No necesitamos sociedades donde todos pensemos igual. Necesitamos sociedades donde pensar diferente no nos convierta en enemigos.
La democracia no tendría que demostrar su fortaleza cuando gana una mayoría, sino cuando quienes discrepan siguen reconociéndose como parte de un mismo proyecto colectivo.
#Democracia #ConfianzaInstitucional #Economía #CohesiónSocial #Política
¿ESTÁ DESPERTANDO UNA NUEVA GENERACIÓN DEMÓCRATA EN ESTADOS UNIDOS?
Hay algo interesante moviéndose dentro del Partido Demócrata estadounidense.
La candidatura de @AbdulElSayed por Michigan está mostrando una convergencia política que merece atención.
@BarackObama, @BernieSanders, @KamalaHarris y @AOC , con trayectorias y sensibilidades distintas, coinciden en respaldar a un candidato que representa una nueva generación política.
La experiencia de quienes han gobernado empieza a encontrarse con quienes plantean nuevas formas de entender la política.
Y esto, a mi juicio, es lo verdaderamente interesante.
Renovar un proyecto político no consiste necesariamente en sustituir a quienes tienen experiencia. Consiste en combinar esa experiencia con nuevas ideas, nuevas generaciones y una lectura actualizada de los problemas económicos y sociales.
La sanidad, el poder adquisitivo, la desigualdad y el papel de las grandes corporaciones vuelven a ocupar un espacio central en el debate.
Naturalmente, las diferencias internas no han desaparecido. Pero empieza a dibujarse un intento de convergencia entre generaciones y sensibilidades políticas.
Un partido no se renueva únicamente cambiando sus dirigentes. Se renueva cuando consigue conectar su experiencia histórica con las preocupaciones de una sociedad que ha cambiado.
Quizá esta sea una de las reflexiones más interesantes que deja la política estadounidense en estos momentos.
#EstadosUnidos #PolíticaInternacional #Economía #Liderazgo #PartidoDemócrata
Y SI LA IDEOLOGÍA SE ADELANTA A LAS MATEMÁTICAS
Javier Milei y Demian Reidel presentan en octubre de 2026 su trabajo Minimum Viable Scale: Bellman Barriers and the Economics of Survival.
Un artículo de notable complejidad matemática que aborda una cuestión interesante: por qué determinadas economías pueden ser técnicamente sostenibles y, sin embargo, no alcanzar una escala que justifique su continuidad productiva.
Hasta aquí, el debate científico merece atención.
El problema aparece cuando sus resultados se trasladan al terreno de la política económica.
Demostrar que una pérdida de capital o de eficiencia puede comprometer la supervivencia productiva no equivale a demostrar que los impuestos destruyen riqueza.
El modelo no incorpora de forma explícita la recaudación fiscal, su redistribución ni el rendimiento económico de la inversión pública.
Y a mi entender surge una paradoja: los propios autores reconocen que cualquier extrapolación a impuestos o regulaciones exige considerar también los recursos que regresan a la economía y los beneficios productivos que generan.
Una carretera, una universidad, un hospital o una vivienda asequible no son únicamente partidas presupuestarias. En determinadas condiciones, constituyen infraestructura que sostiene productividad, empleo y capacidad de crecimiento.
Si analizamos únicamente el coste de financiarla, pero excluimos su retorno económico, no estamos evaluando el efecto completo de la intervención pública.
Estamos evaluando una parte.
Las matemáticas pueden demostrar rigurosamente las consecuencias de unos supuestos. Lo que no pueden hacer es demostrar aquello que el modelo ha decidido dejar fuera.
La calidad de una investigación no depende únicamente de la sofisticación de sus ecuaciones, sino también de la prudencia con la que interpretamos sus resultados.
Una cosa es demostrar un teorema.
Y otra, bastante distinta, convertirlo en una doctrina económica.
La economía necesita menos conclusiones predeterminadas y más preguntas bien formuladas.
#Economía #Macroeconomía #InvestigaciónEconómica #Productividad #PolíticaEconómica
minscale.org/es/
El próximo 17 de noviembre tendré el placer de participar en una entrevista en Radio Nacional de España (RNE), a raíz de la publicación de mi artículo científico en la revista internacional Urban Science.
“Affordable Housing as Productive Urban Infrastructure: A Two-Stage Framework for Municipal Investment Appraisal in Catalonia”.
Es un auténtico lujo que un medio como RNE se haga eco de esta investigación y me permita compartir una reflexión que considero fundamental: la vivienda no es solo una necesidad social, que indudablemente lo es. Es también una infraestructura productiva.
Hablar de vivienda es hablar de empleo, movilidad laboral, productividad, competitividad y oportunidades. Es hablar, en definitiva, del modelo económico y social que queremos construir.
Me hace especial ilusión que una investigación académica pueda trascender las páginas de una revista científica y llegar al debate público.
El conocimiento cobra verdadero sentido cuando contribuye a mejorar la sociedad.
FRANCIA NO TIENE UN PROBLEMA DE DEUDA. TIENE UN PROBLEMA DE CONFIANZA. Y ESO ES BASTANTE PEOR.
Francia vuelve a encender las alarmas económicas europeas.
Según informa @elEconomistaes , la prima de riesgo francesa se sitúa en 145 puntos básicos y la rentabilidad de su bono a diez años alcanza el 4,85 %.
Pero lo verdaderamente preocupante no son únicamente las cifras. Es lo que representan.
Durante décadas, las grandes economías europeas han actuado bajo una premisa bastante cómoda: siempre habrá alguien dispuesto a financiar sus desequilibrios.
Hasta que el mercado empieza a hacer preguntas incómodas.
Francia tiene un Estado del bienestar desarrollado, una elevada presión fiscal, un endeudamiento considerable y una sociedad poco dispuesta a aceptar nuevos sacrificios.
Y aquí aparece la gran contradicción.
Los ciudadanos quieren conservar sus derechos. Los gobiernos necesitan reducir sus déficits. Y los mercados quieren garantías de que recuperarán su dinero.
Los tres tienen argumentos razonables. El problema es que las cuentas no siempre permiten satisfacerlos simultáneamente.
Conviene recordar algo: una crisis de deuda no empieza necesariamente cuando un Estado deja de pagar. Puede empezar mucho antes, cuando financiarse resulta progresivamente más caro y la política pierde capacidad para ofrecer respuestas creíbles.
Y cuidado con interpretar que la solución consiste simplemente en recortar gasto social.
La cuestión no es cuánto cuesta el Estado del bienestar, sino qué estructura económica permite sostenerlo.
Sin productividad, crecimiento y una base fiscal sólida, cualquier promesa de prosperidad acaba dependiendo del endeudamiento.
Francia todavía tiene capacidad económica e institucional para corregir su trayectoria. Pero el tiempo no es una variable gratuita.
Europa debería observar lo que sucede en París con bastante menos superioridad y mucha más preocupación.
Porque los problemas franceses no son exclusivamente franceses.
Los mercados pueden convivir durante años con una deuda elevada. Lo que toleran bastante peor es la ausencia de un rumbo creíble.
#Economía #Francia #DeudaPública #Macroeconomía #Europa #PolíticaEconómica
Igual el universo está lleno de vida inteligente. Y precisamente por eso nadie quiere saber nada de nosotros.
Hay domingos en los que uno se levanta con preguntas existenciales. Hoy me ha dado por preguntarme si somos la especie más inteligente del universo o simplemente la que más convencida está de serlo.
En 1996, Robin Hanson planteó una hipótesis fascinante: el Gran Filtro.
Resumiendo mucho, el universo contiene miles de millones de galaxias, estrellas y planetas. Cuesta imaginar que seamos los únicos que hemos conseguido desarrollar alguna forma de inteligencia.
Y, sin embargo, nadie aparece.
Ni una visita. Ni una señal inequívoca. Ni siquiera un extraterrestre despistado preguntando por una dirección.
La explicación de Hanson es inquietante: quizá todas las civilizaciones encuentran, tarde o temprano, una barrera que les impide seguir avanzando.
La cuestión es si nosotros ya la hemos superado o si todavía nos queda por delante.
Personalmente, contemplando determinados comportamientos humanos, no descartaría la segunda posibilidad.
Hemos conseguido enviar sondas a Marte, pero todavía discutimos si la Tierra es redonda.
Somos capaces de observar galaxias situadas a millones de años luz, pero nos cuesta escuchar durante treinta segundos a alguien que piensa diferente.
Hemos desarrollado inteligencia artificial y, por momentos, parece que lo hemos hecho para compensar la escasez de la natural.
Disponemos de más conocimiento que cualquier generación anterior, pero hemos conseguido que una opinión expresada con suficiente contundencia parezca más respetable que veinte años de investigación.
Y lo más extraordinario: llevamos miles de años preguntándonos si existe vida inteligente fuera de nuestro planeta, cuando quizá deberíamos empezar por comprobar cuánto queda dentro.
Tal vez el Gran Filtro no sea una catástrofe cósmica, un meteorito o una explosión estelar.
Tal vez sea una civilización que alcanza la capacidad de hacerlo prácticamente todo antes de adquirir la sensatez necesaria para decidir qué no debería hacer.
Aunque también existe otra posibilidad.
Quizá haya civilizaciones muchísimo más avanzadas observándonos desde hace siglos.
Y quizá, después de estudiar nuestras guerras, nuestras discusiones y nuestra extraordinaria habilidad para convertir cualquier estupidez en un acontecimiento mundial, hayan llegado a una conclusión perfectamente razonable:
«Vida, sí. Inteligente, todavía está por demostrar. Mejor no intervenir».
No sería la peor decisión que se ha tomado en esta galaxia.
Buen domingo.
#Filosofía #GranFiltro #Humanidad #Reflexiones #PensamientoCrítico
FRANCIA NO ES GRECIA. PERO EUROPA DEBERÍA PREOCUPARSE.
El bono francés a diez años ha superado el 5%, alcanzando niveles que no se veían desde 2002. No es simplemente un movimiento de los mercados financieros. Es una señal de desconfianza que merece una reflexión económica más profunda.
Un reciente análisis de Citi recupera cinco lecciones de la crisis de deuda europea de 2010-2012. Una de ellas resulta especialmente relevante: la pérdida de confianza puede convertir un desequilibrio fiscal gestionable en una crisis de deuda.
El mecanismo es conocido. Aumenta la percepción de riesgo, los inversores exigen mayores rentabilidades y el Estado afronta costes de financiación crecientes a medida que refinancia sus vencimientos. Si, además, el crecimiento económico se debilita, la sostenibilidad de la deuda se complica.
Pero conviene introducir un matiz fundamental.
La disciplina presupuestaria es necesaria, pero la austeridad por sí sola no garantiza la sostenibilidad fiscal.
Reducir déficits sin proteger la inversión productiva, la capacidad de crecimiento y la cohesión social puede resultar contraproducente. Del mismo modo, mantener desequilibrios estructurales sin una estrategia creíble de corrección tampoco constituye una solución.
Francia no es Grecia en 2010. Su estructura económica, su posición institucional y los mecanismos actuales de protección de la eurozona son diferentes. Pero su dimensión convierte sus problemas fiscales en una cuestión de interés europeo.
A mi juicio, el verdadero debate no debería limitarse a cuánto gasto público podemos reducir, sino a qué capacidad tenemos para generar la riqueza que permitirá sostener nuestras obligaciones futuras.
La productividad, la inversión, el crecimiento y la credibilidad institucional son tan importantes como el equilibrio presupuestario.
La confianza de los mercados no se construye exclusivamente recortando. Se construye ofreciendo una perspectiva económica sostenible.
I esta deuda pública no se resuelve únicamente ajustando las cuentas. Se resuelve construyendo una economía capaz de sostenerlas.
Por descontado y sin margen de duda la economía debe tener una finalidad que nunca deberíamos olvidar: generar prosperidad y bienestar para el conjunto de la sociedad.
#Macroeconomía #Francia #Europa #DeudaPública #PolíticaEconómica
Próxima ponencia en la Universitat d’Andorra: de la investigación científica a la política económica.
Por invitación de la Universitat d’Andorra, participaré este mes de Diciembre en una sesión académica de Píndola de recerca con la ponencia:
«L’habitatge assequible com a infraestructura productiva: una nova perspectiva econòmica per al desenvolupament dels municipis».
La intervención estará basada en mi reciente artículo científico publicado en Urban Science (MDPI), revista científica internacional clasificada en el primer cuartil (Q1):
Affordable Housing as Productive Urban Infrastructure: A Two-Stage Framework for Municipal Investment Appraisal in Catalonia.
Urban Science, 2026, 10(10), 598.
🔗 lnkd.in/eXix9AWm
La investigación parte de una cuestión fundamental: ¿podemos dejar de considerar la vivienda asequible únicamente como gasto social y empezar a evaluarla también como una inversión pública capaz de generar valor económico?
El estudio propone un marco de evaluación de la inversión municipal que incorpora criterios económicos, productivos, sociales y territoriales.
Durante la ponencia abordaré cómo esta perspectiva puede contribuir a mejorar las decisiones de inversión pública y reforzar el papel de los municipios como agentes de desarrollo económico.
La investigación económica no debería limitarse a explicar la realidad, sino también a proporcionar herramientas para transformarla.
#UniversitatdAndorra #Investigación #Economía #UrbanScience #Q1 #Vivienda #PolíticasPúblicas #DesarrolloTerritorial
Avui publico un nou article a la secció Tribuna d’’@elpuntavui , amb el títol:
«Qui paga quan el capital marxa?»
El capital té dret a moure’s. Però quan una inversió abandona un territori, convé preguntar-se qui assumeix realment les conseqüències.
En aquest article reflexiono sobre la mobilitat del capital, la responsabilitat empresarial i el paper de les administracions públiques a l’hora d’atraure inversions que generin riquesa duradora.
Atreure inversió és important, però tan important com aconseguir que arribi és entendre què deixa quan marxa.
La competitivitat d’un territori no s’hauria de mesurar únicament pel capital que és capaç de captar, sinó també per l’ocupació, el coneixement i la prosperitat que aconsegueix conservar.
#Economia #Inversió #Empresa @leconomic #PolíticaEconòmica #ElPuntAvui #Tribuna
«Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan una hostia». Mike Tyson.
Y quizá sea la mejor manera de explicar lo que puede suceder con la inteligencia artificial.
Durante los últimos años hemos construido expectativas extraordinarias alrededor de una tecnología que promete transformar la productividad y el crecimiento económico. Pero una cosa es su potencial y otra muy distinta la rentabilidad de las inversiones que estamos realizando.
El análisis que circula estos días habla de cuatro billones de dólares vinculados a la financiación de la IA, una cifra que requiere matices, pero que plantea una cuestión fundamental: estamos financiando beneficios futuros con obligaciones financieras presentes.
Y los vencimientos de la deuda no esperan a que llegue la revolución tecnológica.
La historia económica ya nos enseñó, con la burbuja de las puntocom, que una tecnología puede transformar el mundo y, al mismo tiempo, arruinar a buena parte de quienes apostaron por ella.
Si las expectativas no se cumplen, volverá el dilema de siempre: ¿asumirán las pérdidas quienes tomaron los riesgos o terminará interviniendo la Reserva Federal?
El verdadero peligro no es que la inteligencia artificial fracase, sino que tenga éxito demasiado tarde para justificar todo lo que hemos invertido en ella.
#Economía #InteligenciaArtificial #MercadosFinancieros




