Siempre superándose, ya se siente como estar en Venezuela. El servicio no puede ser peor...
@metro_madrid
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🇻🇪🚨 EL MIEDO CAMBIÓ DE BANDO
Durante un cabildo abierto, una trabajadora tomó el micrófono y, frente a todos, señaló al comandante de la policía y denunció presuntas extorsiones y amenazas.
🔥 Sin rodeos y sin esconderse, puso sobre la mesa una realidad que muchos prefieren callar.
Cuando un pueblo pierde el miedo a denunciar, el poder deja de sentirse intocable.
🇻🇪 Así habla un pueblo cansado de abusos: de frente y sin miedo.
#Venezuela #Denuncia #BastaDeAbusos #ElMiedoCambióDeAcera
Replying to @metro_madrid
@metro_madrid Hasta cuando el abandono a la línea 9. Prometieron incrementar la frecuencia y nada. Los vagones son hornos, no hay aire acondicionado.Por favor!!!!
Replying to @MartinaVelardeG
Disculpa, te te borró este tweet, gracias a Dios lo recuperé. De nada
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En @MartinaVelardeG todo es odio, revanchismo, maldad…
… Hasta el punto de pretender darle lecciones a venezolanos sobre Venezuela.
Sé cualquier cosa en la vida, menos Martina Velarde. No seas ella.
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Hola @MartinaVelardeG parásita tu y la madre que te parió.
Y tranquila, que no me van a "tumbar" ni a "denunciar" nada, aquí seguirán tus palabras para mis conciudadanos.
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𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐬𝐜𝐨 𝐑𝐨𝐝𝐫í𝐠𝐮𝐞𝐳: 𝐞𝐥 𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐮𝐦𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐣𝐚𝐮𝐥𝐚
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay voces que, apenas aparecen, no traen ideas sino olor, no un olor físico, aunque dan ganas de abrir ventanas, sino ese tufo moral del que aprendió a hablar del sufrimiento ajeno como quien describe un fenómeno meteorológico, sin sangre, sin nombres, sin duelo, con una pulcritud que ofende, porque en Venezuela la limpieza verbal ha sido demasiadas veces la coartada favorita de los cómplices: se sientan lejos del golpe, usan verbos tibios, citan “contexto”, pronuncian “salidas”, y mientras uno intenta rescatar un país del fondo de una fosa, ellos te explican, con modales, por qué conviene dejar la escalera a medio camino.
Francisco Rodríguez pertenece a esa familia de personajes que no necesitan uniforme para servir a una causa sucia, porque su servicio es más sofisticado y, por lo mismo, más eficaz: no viene a discutir para entender a Venezuela, viene a bajarle el pulso moral a lo que Venezuela exige, hasta volver aceptable lo que no lo es; y lo hace desde una vitrina de credenciales, afiliaciones, universidad, think tanks, la marca personal cuidadosamente construida, que le permite hablarle a públicos internacionales como si fuera árbitro de una tragedia que no se vive en el cuerpo, sino en el discurso, como si el país fuera un caso de estudio y no una nación mordida por el miedo.
Lo verdaderamente repulsivo no es que disienta, Venezuela está llena de diferencias, sino la operación constante, casi mecánica, de domesticar la reacción moral del país, de volver “problemático” el liderazgo que no se arrodilla y de insinuar que el obstáculo para la “paz” no es el aparato que secuestra y arrasa, sino quien se niega a normalizarlo; ahí está su pieza más reveladora cuando decide atacar el Premio Nobel otorgado a María Corina Machado y afirma, sin pudor, que ese reconocimiento acercaría a Venezuela a la guerra porque, según él, respalda a “una defensora del uso de la fuerza”, y con esa maniobra intenta pasar la claridad democrática por amenaza y la resistencia por capricho, como si el problema fuera la voz que denuncia y no la bota que aplasta.
Pero Rodríguez no se limita a opinar: también diseña arquitectura política, y ahí es donde se le ve el esqueleto del proyecto; como fundador de Oil for Venezuela, empuja un “Humanitarian Oil Agreement” que plantea, de forma explícita, un acuerdo firmado entre los equipos de Juan Guaidó y Nicolás Maduro para crear estructuras de gobernanza que gestionen una excepción “humanitaria” vinculada a exportaciones petroleras, un esquema que obliga a reconocer al régimen como interlocutor inevitable y a vender como “técnica” una decisión profundamente política, como si la captura del Estado se resolviera con procedimientos y no con una ruptura real.
Y cuando ese tipo de propuesta se presenta como neutral, conviene leer la letra pequeña: su propia organización ha defendido mecanismos en los que los ingresos se depositan en cuentas de depósito en garantía y se gestionan “conjuntamente” entre la administración de Maduro y representantes democráticos; dicho sin perfume: no se desmantela el control, se le pone corbata, y luego se le pide al país que agradezca el barniz como si fuera libertad, como si el venezolano tuviera que conformarse con la estética del cambio en lugar de exigir el cambio real.
El patrón viene de antes, porque esta inclinación a moverse en el carril de lo “procesable” para el poder no nació ayer: Reuters lo identificó en 2018 como asesor económico del entonces candidato presidencial Henri Falcón, en una contienda ampliamente cuestionada por falta de garantías; no hace falta convertir ese antecedente en pecado original, basta leerlo como síntoma, porque el hilo se repite y es reconocible: una y otra vez, lo “razonable” termina pareciéndose demasiado a lo que el régimen tolera, y lo que el país exige se reetiqueta como exceso.
Pero hay algo todavía más peligroso que su prosa y sus etiquetas: el diseño de “soluciones” que, en la práctica, reescriben el secuestro como convivencia. Desde Oil for Venezuela también han promovido “roadmaps” de negociación con ideas de institucionalidad compartida y acuerdos para nombramientos conjuntos, una lógica que en cualquier país sonaría técnica, pero que en Venezuela termina operando como blanqueo funcional, porque convierte al régimen en socio de gobernanza y no en estructura a desplazar. Su propuesta no es ruptura sino coadministración, vestir de institucionalidad compartida un poder que se sostiene precisamente en no rendir cuentas.
Por eso, cuando Rodríguez aparece, lo que se escucha no es serenidad, es anestesia, y una invitación a rebajar el horizonte hasta que la impunidad parezca sensata y la justicia un lujo imprudente; y aquí es donde se acaba el intercambio elegante: retírese, salga de escena con su perfume de jaula y su moral de laboratorio, porque Venezuela lo tiene identificado desde hace tiempo, no como “analista” sino como operador de rebajas, como traductor amable del secuestro, como el que intenta convencernos de que el hierro se negocia mejor si uno finge que no corta.
Y no, no nos va a corregir el tono, ni va a dictarnos desde lejos cómo debe sonar la rabia de un país que enterró demasiado y esperó demasiado: Venezuela somos nosotros, los dueños de estos teclados y de estas calles digitales, los que escribimos con memoria en X y con duelo en la garganta, los que no vamos a permitir que nos reduzcan la libertad a una cláusula ni la dignidad a un “incentivo”; su papel ya quedó claro, su libreto también, y en esta historia, la real, no la de los seminarios, a los perfumistas de la jaula se les dice una sola cosa, y sin dejar espacio para la ambigüedad: apártese, ya lo vimos, ya lo leímos, ya lo entendimos. Fuera.
𝐍𝐨𝐭𝐚: Este texto es una opinión y un juicio político basado en declaraciones y actuaciones públicas ampliamente difundidas; no afirma hechos delictivos específicos más allá de lo documentable y se ofrece como ejercicio de crítica cívica.
Alguien que me oriente en el Peugeot, Koldo, Ávalos, Cerdán y el número uno hablaban de Kant, Hegel y Popper, o de Jaspers, Arendt y Heiddeger.
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Esta usuaria reservó hotel en Booking.com. Un mes después, el hotel le pidió pagar cuatro veces más… y a la plataforma le pareció bien genbeta.com/actualidad/esta-…
Sois unos estafadores, filtran la información de sus clientes y no dan respuestas
Deberían prohibir la plataforma
L9 frecuencias de 9 minutos, andenes y vagones repletos, el irrespeto al usuario es el pan nuestro de cada dia
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Replying to @vueling
Te informamos que esta aerolínea antisemita utiliza métodos dignos de las peores épocas de la era nazi con sus pasajeros judíos (50 niños y los animadores del campamento de vacaciones). Con la ayuda de la policía española.
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La @laSextaTV debe emitir una disculpa pública y despida tanto a Antonio Maestre como a Iñaki López.
Si estás a favor comparte.
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🇻🇪 | Palabras de Maria Corina Machado desde Las Mercedes:
"Nunca hemos estado TAN FUERTES como hoy. Nunca el régimen ha estado TAN DEBIL como hoy. HAN PERDIDO TODA LEGITIMIDAD".
1. Otra vez se pusieron a maquillar los números, observen este cuadro.
Arrancamos en los votos nulos, exactamente el 0,4100000% (hasta el infinito y más allá) de los votos contados.
Luego le dieron 51,74% a maduro, 43% exacto a Edmundo, 4,85% exacto a los demás.

























