Hablando con una amiga recién divorciada me dijo algo que se me quedó grabado: «Si hubiese nacido hombre, nadie me juzgaría por acostarme con quien me apetece».
Y, por desgracia, algo de razón tiene. A veces siento que incluso nos juzgamos más entre nosotras.
Nadie debería decidir qué haces con tu cuerpo. Hay gente más pudorosa y gente que disfruta explorando su sexualidad. Las dos opciones están bien.
Mientras haya consentimiento y responsabilidad, vive como te dé la gana. Nos perdemos demasiadas cosas por miedo al qué dirán.





