Tu bendici贸n viene de Dios, no de lo que el mundo diga; as铆 que las puertas que Dios abra para ti, nadie podr谩 cerrarlas.
Mi abuelo dec铆a, cuando vean que no pueden igualarte y mucho menos superarte, tratar谩n de ensuciarte; eso se llama ENVIDIA.
Ya lloraste, ya oraste, ya hiciste tu parte; ahora suelta y deja que Dios haga la suya, permanece en calma.




