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The brain is millions of years old, designed to keep us alive, not to make us happy.
Happiness is our job. ❤️
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La campaña de Air Wick México para la temporada de Día de Muertos de 2026 se titula "Aroma Eterno". Creada en colaboración con la agencia creativa The Juju (bajo el liderazgo de Diego "Mimo" Ortiz), la campaña se centra en la profunda conexión emocional y los recuerdos que evocan los aromas tradicionales de esta festividad mexicana.
Elementos Clave de la Campaña:
Colección de Edición Limitada: Se lanzaron dos fragancias exclusivas inspiradas en los íconos olfativos de las ofrendas:
Flor de Cempasúchil: Diseñada para emular el aroma de la flor que, según la tradición, guía con su color y fragancia el camino de las almas de regreso a casa.
Pan de Muerto: Evoca el olor dulce y tradicional del pan recién horneado colocado en el altar, con notas que recuerdan la receta original.
Activación y Experiencia Sensorial: A finales de agosto de 2026, la marca organizó una experiencia sensorial interactiva y gratuita durante un fin de semana. En este evento, los asistentes pudieron adelantarse a la magia del Día de Muertos y conectar con sus tradiciones familiares a través del olfato.
Concepto Creativo: El propósito de "Aroma Eterno" es demostrar cómo un aroma puede trascender la simple tarea de perfumar un hogar, convirtiéndose en un puente que conecta el altar con cada rincón de la casa para mantener viva la esencia de los seres queridos que ya no están.
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Cuando se den cuenta de que, para producir, deben obtener el permiso de aquellos que no producen nada… Cuando vean que el dinero fluye no hacia quienes crean bienes, sino hacia quienes trafican con favores… Cuando comprendan que algunos se enriquecen más por la corrupción y la influencia que por el trabajo, y que las leyes ya no los protegen de ellos sino, por el contrario, los protegen a ellos contra ustedes… Cuando descubran que la corrupción es recompensada mientras que la honestidad se convierte en un sacrificio, entonces sabrán, sin la menor duda, que su sociedad está condenada.
- Ayn Rand
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"I refuse to apologize for my ability - I refuse to apologize for my success - I refuse to apologize for my money." — Ayn Rand
The future of transport is safer, more enjoyable & gives you more time back
With theater, music & gaming apps on a 22" touchscreen, Cybercab offers you a space to be productive or unwind
Soon to be equipped with V5 Starlink hardware, too, for complete connectivity
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"Cuando te das cuenta que para producir necesitas autorización de quien no produce nada, sabes que tu sociedad está condenada"
Ayn Rand
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If bitcoin were to achieve parity with gold market value, it would have to go up in price to $1.86 million per bitcoin.
BTC = $1,860,000 USD
It is still very early.
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"Bitcoin has no intrinsic value."
Let me translate that.
Nike shoes cost $8 to make. They sell for $180.
The difference?
A swoosh. A story. Collective belief.
A Picasso is paint on canvas.
A Rolex is just a clock.
A Louis Vuitton bag is stitched fabric.
You have never once demanded intrinsic value from anything you paid a premium for.
"Intrinsic value" is a phrase people reach for when they haven't thought about where value actually comes from.
It comes from belief. Always has.
Bitcoin's believers are just the ones who wrote it into unbreakable math.
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Replying to @aleza250
No, no quiero ser gobiernícola. Quiero ser el que acabe con ellos, los meta a todos a la cárcel y le devuelva a la gente la seguridad, la tranquilidad y la libertad de quedarse con el dinero de su trabajo, sin que tengan que pagar cantidades absurdas para mantener a una bola de corruptos que no trabajan y a sus familias.
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When the cost of making a mistake is too high, fewer people take risks, start businesses, change careers, or pursue bold ideas.
Opportunity isn't just about what's available; it's about having the confidence to take the leap.
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Tout le monde devient fou parce qu'Elon Musk a une fortune de 1 000 milliards de dollars.
Très bien. Faisons les comptes, calmement.
L'État fédéral américain dépense 7 000 milliards de dollars par an. La fortune entière d'Elon, accumulée sur 30 ans de travail, représente 52 jours de dépenses de Washington. L'État français dépense 1 700 milliards d'euros par an, 57% du PIB, record absolu du monde développé. La fortune d'Elon, c'est 7 mois de dépenses publiques françaises.
Maintenant, la question que personne ne pose : qu'est-ce que chacun a produit avec cet argent ?
Washington, avec 7 000 milliards par an : un déficit de 1 800 milliards, une dette de 38 000 milliards, et des intérêts de la dette qui dépassent désormais le budget militaire. La Californie de Newsom a brûlé plus de 15 milliards dans un train à grande vitesse qui n'existe pas. La NASA a dépensé plus de 24 milliards pour développer le SLS, une fusée jetable à 4 milliards le lancement.
La France, avec 1 700 milliards par an : un hôpital en crise permanente, une école qui s'effondre dans les classements internationaux, 3 400 milliards de dette, et pas une seule entreprise technologique de rang mondial créée en 25 ans.
Elon, avec une fraction microscopique de ces budgets : le Falcon 9 développé pour environ 400 millions de dollars, là où la NASA estimait elle-même qu'il lui en aurait coûté 4 milliards. Dix fois moins cher. Des fusées qui atterrissent. Le coût du kilo en orbite divisé par 20. Starlink qui connecte des millions de personnes que les plans d'aménagement du territoire ont oubliées pendant 40 ans. Tesla qui a forcé toute l'industrie automobile mondiale à basculer vers l'électrique, ce que 30 ans de COP et de subventions n'avaient pas réussi à faire.
Donc récapitulons. Les États ont des moyens 10 à 50 fois supérieurs, le monopole de la loi, le monopole de l'impôt, et des décennies d'avance. Elon a beaucoup moins de moyens, zéro pouvoir de contrainte, et il surperforme tout le monde, dans tous les domaines où il entre.
Ce n'est pas un hasard. C'est structurel. Quand un entrepreneur alloue son propre argent, chaque erreur lui coûte personnellement, donc il apprend vite. Quand un bureaucrate alloue l'argent des autres, chaque erreur est invisible, diluée, et souvent récompensée par un budget supplémentaire l'année suivante. L'un a une boucle de feedback, l'autre n'en a pas.
La conclusion s'impose d'elle-même : le pouvoir de créer des systèmes dans le monde réel doit TOUJOURS être donné aux entrepreneurs qui allouent leur propre argent. Pas parce qu'ils sont meilleurs moralement. Parce qu'ils sont les seuls à payer le prix de leurs erreurs, et donc les seuls capables de corriger.
Milei a TOUT compris. Re-regardez son discours de Davos. "L'État n'est pas la solution, l'État est le problème lui-même." Tout le monde a ri en 2024. L'Argentine est sortie de l'hyperinflation pendant que la France cherche encore 40 milliards d'économies qu'elle ne trouvera jamais.
L'histoire ne juge pas les intentions. Elle juge l'allocation.
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“El socialismo necesita propaganda porque la realidad siempre termina contradiciéndolo”.
- Aleksandr Solzhenitsyn -
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En ¿Qué ha hecho el gobierno con nuestro dinero?, Rothbard parte de una idea demoledora, el dinero no nació por decreto, no fue una creación genial de un ministro ni una concesión del Estado al pueblo. El dinero surgió del mercado, de la necesidad humana de intercambiar mejor. Cuando el trueque se volvió torpe, limitado e ineficiente, los individuos fueron eligiendo espontáneamente bienes más líquidos, más aceptados y más fáciles de conservar. Con el tiempo, el oro y la plata se impusieron no por mandato político, sino porque cumplían mejor la función monetaria: eran divisibles, duraderos, escasos, transportables y universalmente valorados.
La gran denuncia de Rothbard es que el Estado no creó el dinero, lo capturó. Primero permitió que el mercado descubriera una institución útil; luego apareció para monopolizarla, regularla, falsificarla y convertirla en instrumento de poder. El gobierno comprendió algo fundamental: quien controla el dinero no necesita confiscar toda la riqueza directamente. Puede hacerlo de manera más elegante, silenciosa y difícil de percibir, degradando la moneda desde adentro. La inflación, entonces, no es un accidente técnico ni una simple suba de precios: es la consecuencia política de haber puesto la emisión monetaria en manos del poder.
Para Rothbard, emitir dinero no aumenta la riqueza real de una sociedad. Una economía no se vuelve más próspera porque haya más billetes circulando, del mismo modo que una familia no se vuelve más rica por imprimir papeles con números más altos. La riqueza verdadera está en los bienes, los servicios, el ahorro, la producción, el capital acumulado y la capacidad empresarial. Cuando el Estado aumenta artificialmente la cantidad de dinero, no crea más pan, más casas, más maquinaria ni más conocimiento. Solo altera los precios, distorsiona el cálculo económico y redistribuye riqueza hacia quienes reciben primero el nuevo dinero.
Ahí aparece uno de los puntos más fuertes del libro: la inflación no golpea a todos por igual. Los primeros en recibir el dinero recién creado —el Estado, los bancos, los contratistas, los sectores conectados al poder— pueden gastar antes de que los precios suban plenamente. En cambio, los asalariados, jubilados, ahorristas y sectores alejados del aparato político reciben el golpe después, cuando los precios ya aumentaron y su poder adquisitivo cayó. Por eso Rothbard ve la inflación como un impuesto oculto: no necesita una ley explícita que diga “te quitaremos parte de tus ahorros”, pero el resultado es el mismo.
El monopolio estatal de la moneda también destruye algo más profundo: la confianza en el cálculo. Si el dinero es la unidad con la que las personas miden precios, salarios, contratos, ahorros e inversiones, manipular esa unidad equivale a manipular el lenguaje mismo de la economía. Es como si el Estado pudiera cambiar el tamaño del metro o el peso del kilo según sus necesidades fiscales. El ciudadano cree que está ahorrando, negociando o calculando, pero en realidad lo hace con una medida adulterada por el poder político.
La crítica de Rothbard no es solamente económica; es moral. El problema no es únicamente que la inflación sea ineficiente, sino que es injusta. Rompe contratos, castiga la prudencia, premia el endeudamiento irresponsable, favorece al poder y empobrece a quienes confiaron en la moneda. El trabajador que ahorra no es derrotado por el mercado, sino por una institución que degrada deliberadamente el fruto de su esfuerzo. El Estado no le roba solo dinero: le roba tiempo, planificación, futuro y tranquilidad.































