Huye de aquí,
ya no hay nada,
solo el recuerdo
y la estela de un colapso,
el nervio de la bruma
y la caricia del silencio.
Huye de mí,
ya no hay aire,
ni siquiera palabras;
ya no hay poesía
solo muros a medias,
palabrss muertas
y la forma gris de una vida
fulminada por la guerra
A veces se escucha un susurro
como un rasguño que retumba,
un eco rasposo en mis paredes
la voz de tus noches ahí conmigo.
¿Cómo me salvo de la rutina grabada?
y de las confesiones y charlas eternas
dulces,
melancólicas
y apasionadas
que se han mudado a mis recuerdos...
¿cómo?
Uno cree avanzar
cree que el tiempo cura
pero no,
basta una foto,
un video o una canción
para volver a morir;
porque uno no supera a quien amó
uno aprende a vivir en la muerte
y a ello tristemente le llamamos vida.
De la casualidad de la vida
tus ojos están alimentando
el hambre de mi ser roto.
Tus sonrisas, la voz de tus palabras
el color de tus besos
y el olor de tu presencia
es la magia de este mundo.
Es alimento que reconstruye las ruinas
y rompe mis tristezas, mi dolor
lo sé,
eres tú.
Quería escribir algo,
algo equiparable a un grito,
algo que emulara una súplica,
que dejara un rastro de mi dolor
en el cuerpo de esta página;
pero no pude,
solo logré sonreír...
Sé que ya no me lees,
ni siquiera yo me leo,
pero te escribo,
como si no quedara solo sombra
como si el abismo
fuese el atisbo
de una ilusión.
Fragmentos de la noche
silencios de un olvido,
y yo,
la marioneta de una vida
alumbrada por un sol
que se muere lentamente...
Y cuando mis pestañas
barren del suelo
los besos caídos,
la negrura de una promesa
arrastra mi cadáver
y el alma de mi corazón
quiebra,
yo quiebro
mientras te vas
allá,
donde no puedo alcanzarte
donde tu luz puede brillar;
sin mí, amor, sin mí...
Cuando todo se da al revés,
y las palabras se retraen
sin tinta, sin alma,
el corazón sabe
que todo pasa
y de ello se aprende.
¿Qué sentido le queda hoy a la adultez cuando la verdadera vida ya sucedió? Fue ahí en las risas de un puñado de niños que crecían desde la imaginación; creían que el futuro sería la mejor aventura y, bueno, nada más alejado de la realidad. ¿No?
Tiro de mí
hacia los infiernos
de mi interior,
pesadilla
la vida misma,
el amor roto,
el amor roto...
sí, el amor roto.
Zumbidos del pasado
catalizadores de mi insomnio,
invasores de la tranquilidad,
cuánta vida se escurre
por las rendijas de la noche,
desde el corazón de la madrugada.
Y en tu ausencia
preparo el equipaje,
aunque sé que no me iré,
no hay ticket para abordar
este adiós suspendido.
Sabía que regresaría aquí
a la zona cero, a este ricón
lleno de oscuridad
y de profundidades.
Aquí,
donde más extraño
el fulgor de tus besos
aquí,
donde tu ausencia
es mi única compañía,
donde ya no te respiro
y me marchito
mientras la vida pasa...
Tu figura es aire
el oxigeno cae al suelo,
no respiro bien,
el estremecimiento del día,
la enmarañada sabiduría de la noche,
hoy quiero morir,
porque no te hallaré en mi almohada,
y sin ti,
yo no me encuentro.
Intenté reconstruir un alma rota,
pero entre las estrellas que decías
se perdieron varias piezas.
Intenté abrazar las palabras
pero el infinito con su fuerza roja
miró dentro de mí y luego se apagó.
Ayúdame a levantar la mirada,
el cansancio ha apagado las luces
y el miedo a la oscuridad regresa...
Y cuando las palabras se quedaron suspendidas,
el ritmo de mi voz se fue apagando,
me quedé sin mapa,
sin norte,
como una nave sin destino.
Sentí el aliento frío de un recuerdo,
la voz difusa de algo roto,
como quien espera el final,
sentado bajo un campanario abandonado...
