Ingeniero de telecomunicaciones atrapado en pendencias filosóficas. Orgulloso miembro del lumpentuiterato, presto a meter los perros en danza.

La Coruña, España
Joined October 2013
"Si nosotros nos vamos, ¿quién se llevará a nuestros muertos? Ellos viven aquí y no podemos dejarlos solos."
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Juan Sánchez retweeted
Me estoy riendo a mandíbula batiente releyéndome. Dentro de poco, podrán ver cómo genero grandes amistades: -El texto de Zarzalejos contiene una serie de inexactitudes (verbigracia, que García-Pelayo se fue a Puerto Rico, en lugar de a Buenos Aires, en 1951), amén de que no referencia aquellos datos capitales como, por ejemplo, que García-Pelayo fue condenado a 6 años de prisión y ulteriormente indultado por el jefe del Estado. Cuestiones que yo descubrí y que solo aparecen citadas en mis trabajos y en Wikipedia (por la sencilla razón de que yo mismo pergeñé la entrada de García-Pelayo). No hubiese estado de más citar las fuentes. -La doctora Expósito pergeña un texto de difícil comprensión. A pesar del título del artículo —«Repensando la posición y las funciones del rey en el sistema institucional (releyendo a Manuel García-Pelayo)»—, lo cierto es que su lectura arroja muchas dudas sobre el entendimiento de la obra de García-Pelayo. Pues, interpretándolo justamente al revés, Expósito relata que el rey jamás tiene capacidad decisoria. Y, como es meramente «un símbolo», del juramento de guardar y hacer guardar la constitución (artículo 61 CE) no se infiere la posibilidad del rey de «activar, en supuestos extraordinarios, poderes durmientes». Por consiguiente, el rey no es defensor de la constitución. «Esta defensa del orden constitucional, de los principios y los valores en los que este se asienta, no puede ser concebida como una función del rey». Luego, ¿cómo se resuelve jurídicamente un caso como el 23F en el que el rey salva la constitución? La respuesta de Expósito: ante un supuesto así, la constitución deja de estar en vigor. «En un escenario de este tipo en el que la Constitución [de 1978] quedó superada por las circunstancias de extrema gravedad se generó una necesidad fáctica de actuar, no tanto para preservar el orden constitucional, sino para restablecerlo». En suma, según la autora, una actuación inconstitucional habría salvado la constitución. Mas esto es justo lo opuesto a lo mantenido por García-Pelayo. Para él, como diría Schmitt, «la decisión sobre lo excepcional es la decisión por antonomasia» y, por ende, toda actuación —con independencia de que tenga o no encaje en un concreto precepto— que logre salvar la constitución en una situación de riesgo extremo será constitucional. -Lo más curioso del paper, empero, no es cuando Expósito parece glosar a García-Pelayo, sino cuando expone sus propias cavilaciones. Aquí las contradicciones son aún mayores. Verbigracia, parece suscribir la opinión de que el rey posee «un poder de reserva que habilitaba a que el rey, en el ejercicio de sus funciones, en especial de arbitraje y moderación, pudiera activar una suerte de poder extraordinario en momentos de crisis del Estado o institucional, esto es, en aquellas situaciones que excedieran del “funcionamiento regular de las instituciones” que es el que circunscribe el ámbito y objeto de su función de arbitraje y moderación (tal y como es contemplada en el art. 56.1 CE). Y desde esta lógica justificaban la intervención del rey Juan Carlos I en los acontecimientos que se desarrollaron los días 23 y 24 de febrero de 1981». Por lo que, prosigue, «la defensa por parte del rey de la constitución y del orden por esta establecido en torno a unos determinados valores y principios forma parte y es consustancial al rol que está llamado constitucionalmente a desempeñar el monarca, cuando las circunstancias lo requieran, pero se justifica desde planteamientos muy alejados de la noción de poder». Mas sin solución de continuidad —literalmente a renglón seguido— proclama que «es una premisa incuestionable reconocer que el rey no es garante de la constitución, ni entre las funciones del jefe del Estado se incluye la de custodiar el orden constitucional». Subsiguientemente, la defensa de la constitución del monarca «no obedece al ejercicio de ningún poder residual o de reserva durmiente que haya de activarse en momentos de crisis o emergencias constitucionales. Admitir, en la órbita regia, la existencia de poder o prerrogativa, de cualquier tipo: explícito o implícito, quebraría con el principio democrático, en general, y con la lógica de un gobierno parlamentario, en particular». En fin, incomprensible.
Lo que más ilusión me hace de este capítulo es, sin duda, la dedicatoria. A él le debo casi todo lo que sé de Schmitt y de la generación de MGP.
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No expone, depone. Tenéis verdaderos vándalos a sueldo en las tertulias de la TV pública.
📍 ÚLTIMA HORA | Vito Quiles no aparece en Bilbao, donde estaba prevista su visita. 🔥 Las protestas contra el agitador han elevado la tensión en la ciudad 📺 "Es un provocador. Este país debería de hacerle responsable de todo aquello que revienta y rompe", expone @SarahPerezSanta en #MalasLenguas
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La ilusión de la elección de bando. Como si los bandos se eligieran y no vinieran impuestos por las circunstancias. Los tertulianos no se creen parte implicada en las relaciones de poder, sino meros espectadores. Y además creen que los contendientes les van a respetar.
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Para entender cómo funciona el mito de la democracia explotado por los partidos políticos o por las facciones depositarias del Poder Ejecutivo, este párrafo de 'Revolución y legitimidad', de Friedrich Julius Stahl, el gran defensor de la Monarquía Constitucional prusiana, es una buena descripción: "El partido democrático niega al rey incluso las formas de soberanía que el partido liberal le concede: el veto absoluto, el derecho de guerra y paz, el poder de convocar, aplazar y disolver la representación popular. La historia de la Asamblea Constituyente francesa de 1791 y de la Asamblea nacional prusiana de 1848 lo corroboran. El partido demócrata no tolera ningún término moderador: nada de dos Cámaras; nada de elecciones indirectas, en sus formas más radicales; nada de división de poderes, del legislativo y del Ejecutivo, por lo que la Convención se hace pronto con ambos. El partido democrático tiende a establecer, allí donde triunfa, un poder simple, indiviso e ilimitado." Ese proceso histórico por el que la idea de la democracia conducía a la concentración de poderes en una facción -y que solo es paradójico para quien persiste en el error de una contraposición esencial entre democracia y dictadura- es lo que hoy explica que la apelación a la democracia esté en la base de la colonización de todas las instituciones del Estado por una facción partidista.
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Juan Sánchez retweeted
Una pincelada sobre historia de la OTAN, de las memorias del corresponsal de guerra Robert Fisk:
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El truco es tan sencillo como chapucero. Antes de aplicar la plantilla de Levitsky y Ziblatt asignamos el rol de extremista a quien nosotros queremos. A partir de ahí todo funciona.
En "Cómo mueren las democracias" Levitsky y Ziblatt nos dicen que las democracias se sostienen cuando los grandes partidos actúan como filtro y no dejan entrar a los extremistas por su propia puerta. El PP acaba de abrir esa puerta a Vox con el pacto del Senado.
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El espectáculo de una oligarquía política contándose a sí misma un cuento para justificar la inexcusable necesidad de su benéfico cometido es pornográfico.
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Es lo razonable (por parte de los hombres). No sé qué otra cosa podríamos pedir. La vida, salvo infortunios sobrevenidos, llámense ruina, enfermedad, alcoholismo, o desgracias diversas como la muerte de un hijo, es muy sencilla. Puede ser difícil, pero es sencilla. Eso mismo quise decir aquí: xitter.cf/JSanchezTorron/status/…
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La experiencia inmediata indica que estamos en una fase en la que los partidos políticos no amortiguan el conflicto social, lo recrudecen. Los partidos son oligarquías en competición, cuya pervivencia depende de la integración y domesticación de las facciones sociales en conflicto, y de una cordial y oscura transacción en el reparto de prebendas y canonjías. Cuando dicho reparto ya no puede mantenerse en los raíles del consenso, que es la suprema virtud de las oligarquías, los partidos políticos no tienen otra salida que recrudecer el conflicto social para recoger sus frutos en la apropiación de las instituciones. Simone Weil propugnó la abolición de los partidos políticos. Una vana ilusión que, no obstante, no carecía de fundamento.
La Constitución concibe los partidos políticos como representantes del pluralismo y canalizadores del conflicto social. Hoy cada vez más son fuente de ese conflicto y fomentan una división política binaria de la sociedad. De eso se ha escrito.
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Desde la revolución francesa la política son procesos politizadores de lo popular para procurarse poder político. Lo novedoso hoy es la importación de esas masas populares, pero no para politizarlas como sujetos revolucionarios a través de razones que nos descubran +
Primero fueron los burgueses el sujeto revolucionario; después, el proletariado; hasta hace poco, las minorías LGTBIQ+; ahora, los jóvenes desarraigados, especialmente los hijos y nietos de inmigrantes africanos.
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No puedes alistarte en la lucha antifascista y quejarte por las agresiones recibidas. El fascismo nunca fue inofensivo y tu lucha antifascista debe contar con la agresión como parte inexcusable. A menos que no sea el fascismo aquello contra lo que dices luchar. A menos que tu antifascismo sea un deporte al aire libre propio de niños malcriados y arrogantes. A menos que el fascismo no exista y tu antifascismo sea un pretexto.
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"El voto testimonial convierte la acción pública que todo voto debe ser en una especie de pía genuflexión ante el altar de la devoción privada". Rafael Sánchez Ferlosio.
Así explicaba Weber el dº d voto. Nada que ver con los derechos subjetivos: es una atribución al individuo para que actúe "como órgano para la realización de ciertos fines del Estado", o sea, decidir quién gobierna. No puedes votar más que pensando en qué es lo mejor para todos!
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«La pregunta ya no es quién defiende la constitución del asalto de los enemigos de España (no puede hacerlo un Tribunal Constitucional colonizado por jueces politicos), sino quién defenderá a la nación del "constitucionalismo" y los "constitucionalistas"» ideas.gaceta.es/el-constituc…
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No existe una "auténtica movilización popular" incompatible con el fenómeno de una chusma organizada para el asalto y la destrucción. Esa chusma organizada también es una "movilización popular". No hay movilización sin organización, a menudo organización por las propias instituciones políticas, y cuando facciones diferentes se movilizan simultáneamente y una repudia a la otra, se entra de lleno en la lógica de la violencia, la acción y la reacción. O bien el Estado despliega todo su aparato represivo -que inevitablemente se lleva por delante a tirios y troyanos-, o bien el Estado está coaligado con una de las facciones, o bien la facción organizada que pretende expulsar a la otra ha de estar dispuesta a la guerra civil. Si no te gusta, "ajo y agua". Cualquier cosa menos llorar.
Lo que pasó anoche en Barcelona huele a una operación encubierta/ataque hibrido Esto no viene de ninguna organización de izquierdas ni, en general, de ninguna organización conocida. Ha sido una movilización convocada a través de TikTok y WhatsApp que llamaba a replicar lo ocurrido en Francia Ahora viene lo interesante: El nombre de los «convocantes» es Blocus, un grupo del que no había constancia que existiera en españa hasta el 18 de octubre (hace 6 días) Entre el 18 y el 19 de octubre se activaron unas 20 cuentas en TikTok, prácticamente al mismo tiempo, llamando a hacer lo mismo que en Francia Algunas de estas cuentas llegaron a publicar hasta 59 vídeos en apenas 48 horas Los grupos de WhatsApp identificados no llegaban a los 1.000 participantes ¿Alguien de verdad me quiere convencer de que un grupo espontáneo aparece en TikTok hace seis días y consigue movilizar a miles de chavales para salir de forma organizada por Barcelona a quemar cosas y saquear locales concretos? Y, además, justo en plena época electoral. Huele esto muy mal
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