Ricardo Peirano (@ricpei) header
Ricardo Peirano (@ricpei) profile picture

Presidente de CERES. Ex Director de El Observador. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por Universidad de Buenos Aires. MBA por el IESE (Univ de Navarra)

Montevideo, Uruguay
Joined April 2009
Photo by Ricardo Peirano (@ricpei)Photo by Ricardo Peirano (@ricpei)Photo by Ricardo Peirano (@ricpei)Photo by Ricardo Peirano (@ricpei)
Aparte lo niega. Munyo dice con otras palabras que hagamos lo que hace Paraguay para atraer inversiones: un país corrupto gobernado por una criminal derecha con altos índices de violación de convenios laborales y con más del 60% de los trabajadores en negro. Así cualquiera.
🇵🇾 En la últimas horas hubo mucha gente preocupada por mi comentario sobre Paraguay. Lo único que mencioné es el dato objetivo del número de residencias que los brasileños están solicitando en Paraguay en los últimos años. Ahí pueden leer a lo que me refiero.👇
7
2
17
823
Ricardo Peirano retweeted
Me gustó mucho el discurso del Papa León XIV esta tarde en la Plaza Independencia. Especialmente la imagen del Éxodo del Pueblo Oriental: esa mujer que lleva en brazos a su bebé mientras sigue la marcha. De ahí salió el destaque a la importancia de la familia en el contexto actual: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”. Les paso el link al discurso completo: ewtnnews.com/es/vaticano/pap…
2
12
57
1,133
Ricardo Peirano retweeted
Comparto mi columna de esta semana en Semanario VOCES sobre los problemas de la Justicia en Brasil y el decaimiento del Poder Judicial frente a otros poderes La cenicienta de la democracia Entre los extraordinarios eventos ocurridos en Brasil la semana pasada -la inesperada y sorprendente resurrección de Lula y la cinematográfica fuga de Bolsonaro a Estados Unidos, propias de una serie de Netflix- no pasó desapercibido en el mundo la disfuncional actuación del Poder Judicial. Antes del domingo 25, la disfuncionalidad era algo interno. Después quedó expuesta “urbi et orbi”. Dos importantes diarios americanos – The Wall Street Journal y The Washington Post- le dedicaron sendos editoriales al tema y resaltaron el grave perjuicio que puede ocasionar una arquitectura judicial poco compatible con los principios y garantías del Estado de derecho. El domingo 25 tuvimos dos ejemplos claros de esos problemas. El primero, la intervención de un juez de Tribunal Supremo Federal (nada menos que Cristiano Zanin, uno de los principales abogados defensores de Luiz Inácio Lula da Silva en los procesos judiciales de la Operación Lava Jato), que emite una orden para prorrogar el horario de votación por dos horas cuando en algunas urnas ya había empezado el escrutinio. Y pasando por encima de la autoridad del Supremo Tribunal Electoral, órgano competente en la materia. El segundo ejemplo, la decisión del juez del Tribunal Supremo Federal Alexandre de Moraes de retirar el pasaporte de Flávio Bolsonaro. De Moraes es ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) desde 2017. Su actuación en materia de contenidos digitales, investigaciones sobre desinformación y supuesta defensa del orden democrático lo convirtió en una de las figuras más controvertidas del Poder Judicial brasileño. Responsable de bloqueo de cuentas: ordenó suspender cuentas de políticos, activistas y comunicadores, principalmente vinculados al bolsonarismo. También suspendió durante un mes la actividad de la red social X en Brasil. La de De Moraes fue una decisión tomada apenas se consolidó la remontada de Lula. Una coincidencia muy sutil. En materia judicial, no alcanza con ser independiente e imparcial: también hay que parecerlo. La apariencia de imparcialidad no es una cuestión estética ni secundaria, sino una condición esencial de la legitimidad de la Justicia. Cuando las actuaciones de un magistrado generan dudas razonables sobre su independencia, la proporcionalidad de sus decisiones o el respeto de las garantías procesales, el daño trasciende el caso concreto y compromete la confianza pública en las instituciones. ¿Habría hecho lo mismo el polémico juez si el ganador hubiera sido Flávio? Y yendo más allá ¿desde cuándo un juez del Tribunal Supremo, o sea la máxima instancia judicial y la última apelación decide cosas propias de un juez de primera instancia que es quien debe decir si se inicia una investigación y si se toma alguna medida cautelar? Puede ser legal de acuerdo a la Constitución de 1988, pero no es funcional a una buena marcha de la justicia. Las “Cortes Supremas” o cómo se llame la máxima instancia judicial de un país, actúa como cuerpo colegiado precisamente para garantizar una mirada plural y compartida por pares. La asignación de casos a un juez supremo distorsiona el sistema y genera problemas aunque su decisión sea revocable por el propio tribunal. En Brasil la arquitectura judicial es muy confusa y, en los últimos años, los jueces supremos actúan en forma individual invadiendo otras competencias. Para evitar esto probablemente sería necesaria una reforma constitucional. Habrá que ver si alguien se anima a proponerla. Como decía el ex diputado brasileño Roberto Freire el pasado 29 de octubre: “no se trata de una controversia restringida a la política brasileña. La credibilidad de nuestras instituciones está en cuestión”. Y continuaba: “defender la democracia no se reduce a tener elecciones libres y periódicas, sino que también implica defender la Constitución, el debido proceso legal, la Justicia imparcial y límites efectivos al poder. Sin esas garantías, no hay Estado Democrático de Derecho” Pero lo que ocurre en la justicia brasileña no es algo aislado. La politización de la Justicia es un fenómeno que se extiende por numerosos países de la región, como Argentina, Perú y Venezuela, y también alcanza a otras partes del mundo. Las actuaciones del Fiscal General en Estados Unidos están también bajo la atenta mirada del público, ya que es un cargo de designación directa del Presidente. Recientemente Trump nombró a Todd Blanche, su abogado personal, como Fiscal General. La justicia se ha ido convirtiendo así en la cenicienta de la vida democrática ya sea por una minusvaloración de sus facultades o por un uso excesivo del poder judicial que lleva a la deformación llamada “el gobierno de los jueces”. Por eso es fundamental preservar cuidadosamente la arquitectura institucional del Poder Judicial. De lo contrario, corre el riesgo de perder su papel decisivo como garantía de la separación de poderes, uno de los pilares de la democracia republicana. Los jueces supremos, o de última instancia, deben intervenir por medio de sus sentencias en defensa de las instituciones, del cuidado de las garantías individuales y del debido proceso. No deberían iniciar procesos o tomar decisiones propias de instancias inferiores. Brasil sufrió mucho con el intento de Jair Bolsonaro de frustrar el traspaso de poder en 2022 pero hay muchas dudas que el expresidente haya tenido todas las garantías procesales de su lado. Acciones judiciales como las del domingo 25 hacen difícil destruir el argumento de la oposición acerca de una persecución política. En materia de arquitectura judicial, Uruguay presenta mayores garantías institucionales que Brasil, aunque eso no significa que su sistema esté exento de problemas ni que no haya aspectos que deban preservarse y perfeccionarse. La lucha por la integración de la Fiscalía de Corte, sobre la cual no se ponen de acuerdo los partidos políticos, muestra un grado inconveniente de politización de ese cargo. Después de la renuncia de Jorge Diaz, no hubo nunca acuerdo para designar un sucesor. Ello indica que la Fiscalía es vista como una bandera política y no como un cargo institucional e imparcial. El actual ataque del Frente Amplio a la figura de la Dra. Mónica Ferrero, fiscal a cargo, para que renuncie sin que haya un solo hecho que muestre una falencia de la Fiscal, muestra que lo que predomina es el deseo de nombrar a alguien permeable a los intereses partidarios. Ese espíritu partisano, cuyas manifestaciones más controvertidas también se observan en Brasil, es sumamente peligroso para el funcionamiento democrático. Uruguay no está ajeno a ese riesgo y debe corregir cualquier desviación antes de que se consolide. Para ello, es fundamental que los mecanismos de designación de los magistrados aseguren su independencia y eviten que la Justicia quede atrapada en las disputas político-partidarias. De lo contrario, se debilita la separación de poderes. Y una vez que ese equilibrio institucional se pierde, recuperarlo resulta mucho más difícil que preservarlo.
2
2
174
Ricardo Peirano retweeted
Queda la sensación de que en Uruguay 🇺🇾 muchos festejan la crisis que atraviesa Paraguay 🇵🇾. Todo se politiza hasta el absurdo. Uruguay tiene sus atributos, y debería cuidarlos más. Paraguay tiene sus dificultades, pero también ventajas que seguirá sosteniendo más allá de este momento. Festejar la renuncia de un presidente, o usarla para el debate político doméstico, no tiene nada que ver con la tradición uruguaya.
114
81
11
514
19,137
Comparto mi columna de esta semana en Semanario VOCES sobre los problemas de la Justicia en Brasil y el decaimiento del Poder Judicial frente a otros poderes La cenicienta de la democracia Entre los extraordinarios eventos ocurridos en Brasil la semana pasada -la inesperada y sorprendente resurrección de Lula y la cinematográfica fuga de Bolsonaro a Estados Unidos, propias de una serie de Netflix- no pasó desapercibido en el mundo la disfuncional actuación del Poder Judicial. Antes del domingo 25, la disfuncionalidad era algo interno. Después quedó expuesta “urbi et orbi”. Dos importantes diarios americanos – The Wall Street Journal y The Washington Post- le dedicaron sendos editoriales al tema y resaltaron el grave perjuicio que puede ocasionar una arquitectura judicial poco compatible con los principios y garantías del Estado de derecho. El domingo 25 tuvimos dos ejemplos claros de esos problemas. El primero, la intervención de un juez de Tribunal Supremo Federal (nada menos que Cristiano Zanin, uno de los principales abogados defensores de Luiz Inácio Lula da Silva en los procesos judiciales de la Operación Lava Jato), que emite una orden para prorrogar el horario de votación por dos horas cuando en algunas urnas ya había empezado el escrutinio. Y pasando por encima de la autoridad del Supremo Tribunal Electoral, órgano competente en la materia. El segundo ejemplo, la decisión del juez del Tribunal Supremo Federal Alexandre de Moraes de retirar el pasaporte de Flávio Bolsonaro. De Moraes es ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) desde 2017. Su actuación en materia de contenidos digitales, investigaciones sobre desinformación y supuesta defensa del orden democrático lo convirtió en una de las figuras más controvertidas del Poder Judicial brasileño. Responsable de bloqueo de cuentas: ordenó suspender cuentas de políticos, activistas y comunicadores, principalmente vinculados al bolsonarismo. También suspendió durante un mes la actividad de la red social X en Brasil. La de De Moraes fue una decisión tomada apenas se consolidó la remontada de Lula. Una coincidencia muy sutil. En materia judicial, no alcanza con ser independiente e imparcial: también hay que parecerlo. La apariencia de imparcialidad no es una cuestión estética ni secundaria, sino una condición esencial de la legitimidad de la Justicia. Cuando las actuaciones de un magistrado generan dudas razonables sobre su independencia, la proporcionalidad de sus decisiones o el respeto de las garantías procesales, el daño trasciende el caso concreto y compromete la confianza pública en las instituciones. ¿Habría hecho lo mismo el polémico juez si el ganador hubiera sido Flávio? Y yendo más allá ¿desde cuándo un juez del Tribunal Supremo, o sea la máxima instancia judicial y la última apelación decide cosas propias de un juez de primera instancia que es quien debe decir si se inicia una investigación y si se toma alguna medida cautelar? Puede ser legal de acuerdo a la Constitución de 1988, pero no es funcional a una buena marcha de la justicia. Las “Cortes Supremas” o cómo se llame la máxima instancia judicial de un país, actúa como cuerpo colegiado precisamente para garantizar una mirada plural y compartida por pares. La asignación de casos a un juez supremo distorsiona el sistema y genera problemas aunque su decisión sea revocable por el propio tribunal. En Brasil la arquitectura judicial es muy confusa y, en los últimos años, los jueces supremos actúan en forma individual invadiendo otras competencias. Para evitar esto probablemente sería necesaria una reforma constitucional. Habrá que ver si alguien se anima a proponerla. Como decía el ex diputado brasileño Roberto Freire el pasado 29 de octubre: “no se trata de una controversia restringida a la política brasileña. La credibilidad de nuestras instituciones está en cuestión”. Y continuaba: “defender la democracia no se reduce a tener elecciones libres y periódicas, sino que también implica defender la Constitución, el debido proceso legal, la Justicia imparcial y límites efectivos al poder. Sin esas garantías, no hay Estado Democrático de Derecho” Pero lo que ocurre en la justicia brasileña no es algo aislado. La politización de la Justicia es un fenómeno que se extiende por numerosos países de la región, como Argentina, Perú y Venezuela, y también alcanza a otras partes del mundo. Las actuaciones del Fiscal General en Estados Unidos están también bajo la atenta mirada del público, ya que es un cargo de designación directa del Presidente. Recientemente Trump nombró a Todd Blanche, su abogado personal, como Fiscal General. La justicia se ha ido convirtiendo así en la cenicienta de la vida democrática ya sea por una minusvaloración de sus facultades o por un uso excesivo del poder judicial que lleva a la deformación llamada “el gobierno de los jueces”. Por eso es fundamental preservar cuidadosamente la arquitectura institucional del Poder Judicial. De lo contrario, corre el riesgo de perder su papel decisivo como garantía de la separación de poderes, uno de los pilares de la democracia republicana. Los jueces supremos, o de última instancia, deben intervenir por medio de sus sentencias en defensa de las instituciones, del cuidado de las garantías individuales y del debido proceso. No deberían iniciar procesos o tomar decisiones propias de instancias inferiores. Brasil sufrió mucho con el intento de Jair Bolsonaro de frustrar el traspaso de poder en 2022 pero hay muchas dudas que el expresidente haya tenido todas las garantías procesales de su lado. Acciones judiciales como las del domingo 25 hacen difícil destruir el argumento de la oposición acerca de una persecución política. En materia de arquitectura judicial, Uruguay presenta mayores garantías institucionales que Brasil, aunque eso no significa que su sistema esté exento de problemas ni que no haya aspectos que deban preservarse y perfeccionarse. La lucha por la integración de la Fiscalía de Corte, sobre la cual no se ponen de acuerdo los partidos políticos, muestra un grado inconveniente de politización de ese cargo. Después de la renuncia de Jorge Diaz, no hubo nunca acuerdo para designar un sucesor. Ello indica que la Fiscalía es vista como una bandera política y no como un cargo institucional e imparcial. El actual ataque del Frente Amplio a la figura de la Dra. Mónica Ferrero, fiscal a cargo, para que renuncie sin que haya un solo hecho que muestre una falencia de la Fiscal, muestra que lo que predomina es el deseo de nombrar a alguien permeable a los intereses partidarios. Ese espíritu partisano, cuyas manifestaciones más controvertidas también se observan en Brasil, es sumamente peligroso para el funcionamiento democrático. Uruguay no está ajeno a ese riesgo y debe corregir cualquier desviación antes de que se consolide. Para ello, es fundamental que los mecanismos de designación de los magistrados aseguren su independencia y eviten que la Justicia quede atrapada en las disputas político-partidarias. De lo contrario, se debilita la separación de poderes. Y una vez que ese equilibrio institucional se pierde, recuperarlo resulta mucho más difícil que preservarlo.
2
2
174
Ricardo Peirano retweeted
Lectura muy recomendada. El presente de la civilización y una explicación inteligente, por Don Arturo @perezreverte
"Los hemos criado nosotros y su frustración está moldeada por la Europa donde crecen y fracasan desorientados por los valores, intoxicados por las promesas y abandonados en las contradicciones". Es jueves, hay Patente de Corso. zendalibros.com/perez-revert…
10
20
2,472
Ricardo Peirano retweeted
El próximo viernes partiré hacia Sudamérica, para visitar #Uruguay, #Argentina y #Perú. Me encomiendo a sus oraciones, para que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría. #ViajeApostólico
1,267
5,959
407
51,413
1,464,321
Ricardo Peirano retweeted
"Es Uruguay quien debe sacarse de encima las “amarras del Mercosur” y esperemos que lo consiga aunque no haya apoyo del otro lado de la frontera" - @ricpei en su última columna para nuestro blog. Leela completa 👇 ceres.uy/index.php/contenido…
1
1
247
Ricardo Peirano retweeted
La envidia de los liberales argentinos: Oddone, Végh Villegas y lo que Uruguay dejó de discutir hace 50 años. Este fin de semana Gabriel Oddone, ministro de Economía de Uruguay, le dio una entrevista a Carlos Pagni en LN+. Varios economistas e intelectuales liberales argentinos, entre ellos Lucas Llach, reaccionaron con algo parecido a la envidia. Escucharon a un ministro de un gobierno del Frente Amplio defender el orden macroeconómico, la disciplina fiscal y la baja inflación. Lo oyeron decir que la inflación y la carestía no son lo mismo. También explicó que la ley de competitividad busca eliminar normas heredadas de una economía inflacionaria, como la prohibición de abrir carnicerías los domingos. La conclusión que circuló fue más o menos esta: en Argentina no diría estas cosas ni un ministro liberal, y mucho menos el peronismo "racional" o la oposición que se dice republicana. La sorpresa es comprensible, pero se puede explicar. En Uruguay hay discusiones que se cerraron hace medio siglo. El propio Oddone lo dio a entender cuando habló de políticas que trascienden a los gobiernos: la apertura, la integración y la estabilidad. No dijo dónde empieza esa continuidad, y no tenía por qué decirlo. Pero tiene fecha: el 24 de setiembre de 1974. Y tiene autor: Alejandro Végh Villegas. ¿Quién fue? Végh Villegas nació en Bruselas en 1928 en una familia que ya era parte de la historia uruguaya. Su bisabuelo, Sándor Végh, fue un oficial húngaro que llegó al país a mediados del siglo XIX. Por el lado materno descendía del presidente Joaquín Suárez. Su padre, el ingeniero Carlos Végh Garzón, fue uno de los primeros gerentes generales de ANCAP, ministro de Hacienda en 1967 y presidente del Banco República. Se recibió de ingeniero industrial en la Universidad de la República y se doctoró en Economía en Harvard. Colaboró con la CIDE, el gran laboratorio de planificación de los años sesenta, y trabajó para el Banco Mundial en Bolivia. Era un lector voraz, apasionado por la historia militar. Quienes lo conocieron lo recuerdan desaliñado y distraído, siempre cargando diarios y libros subrayados, con un humor capaz de reírse de todo, empezando por él mismo. Tenía rasgos aristocráticos, prestigio técnico internacional y fortuna propia. Esa independencia le permitió moverse con un margen que pocos civiles tuvieron en esos años. La ruptura de 1974 Asumió como ministro de Economía el 12 de julio de 1974 con un programa aperturista y liberal, en un país donde dominaba el estatismo. El 24 de setiembre liberó por completo el mercado de cambios después de 43 años de controles. También liberó los precios de casi todos los bienes de consumo y los alquileres, y desmontó las cuotas de importación que venían de los años treinta. Su programa se resumía en tres ideas: abrir la economía, simplificar los impuestos y liberar el tipo de cambio. Desde entonces, Uruguay no volvió a instaurar un control de cambios. Lo sostuvieron gobiernos colorados, blancos y frenteamplistas. Danilo Astori, a quien Oddone reivindicó como referente en esta misma entrevista, administró ese orden y no lo desmontó. El Uruguay que hoy recibe capitales argentinos y brasileños, sin cepo y con la meta declarada de pasar del grado inversor a una calificación "A", se apoya en esa decisión. Lo que le cuestionan Végh fue ministro de un gobierno de facto. Pero su trayectoria dentro del régimen tiene matices que el relato simplificado de ambos lados suele omitir. Se opuso al proyecto corporativista y antiliberal de Bordaberry y mantuvo contactos con dirigentes de los partidos tradicionales. En Buenos Aires llegó a conversar con Zelmar Michelini, que desconfiaba de él y lo veía como "un hombre de la embajada de Estados Unidos". Cuando los militares destituyeron a Bordaberry en junio de 1976 y designaron a Aparicio Méndez, Végh dejó el Ministerio. No rompió con el régimen: pasó al Consejo de Estado, el órgano que había reemplazado al Parlamento. Renunció en 1979 por discrepar con el proyecto constitucional de los militares, el mismo que la ciudadanía rechazaría en el plebiscito de 1980. Fue embajador en Washington y volvió al Ministerio en diciembre de 1983, en plena crisis tras la ruptura de la "tablita". Años después explicó que había regresado para evitar la tentación de cambiar de rumbo. El 1.º de marzo de 1985 le entregó el cargo a Ricardo Zerbino, ministro del primer gobierno democrático de Sanguinetti. La diferencia con Argentina La pregunta interesante no es por qué Oddone habla así, sino por qué en Uruguay una reforma liberal sobrevivió al gobierno militar, a la transición, a crisis bancarias y a cuatro gobiernos del Frente Amplio. En Argentina, en cambio, cada intento de ordenar la economía se revirtió al cambiar el viento político. No fue una herencia sin costos: la crisis de la "tablita" de 1982 también salió de ese ciclo. Parte de la respuesta está en la escala y en la cultura política de un país chico. Otra parte está en que las ideas de Végh, impuestas en un momento de excepción, terminaron siendo adoptadas y convalidadas por los partidos democráticos. Dejaron de ser de alguien para ser de todos. Esa es, a mi juicio, la verdadera lección para los liberales argentinos. No alcanza con tener razón técnica. Hace falta que la razón técnica se vuelva sentido común y que hasta el adversario la herede y la defienda. La figura de Végh Villegas merece mucho más que una nota. Es un tema sobre el que voy a seguir .
34
55
7
236
17,932
Ricardo Peirano retweeted
La portada de @TIME
1
5
3
222
Ricardo Peirano retweeted
Esta noche los demócratas han ganado las dos cámaras del Congreso. Texas eligió a un senador demócrata por primera vez desde 1988, Kansas por primera vez desde 1932 y Carolina del Sur desde 1998. Creo en impuestos bajos, en menos regulación, en un presupuesto balanceado y en un Estado que deje trabajar a quien crea riqueza. Pero desde mi punto de vista de una derecha libertaria, Trump cometió grandes errores en sus dos primeros años que llevaron a este resultado. El primer error fue gobernar la economía como un intervencionista. Un arancel es un impuesto que pagan los consumidores del propio país: según el Yale Budget Lab, los de Trump cuestan 1.077 dólares al año a cada hogar. Y en agosto abrió una guerra comercial con Canadá, su vecino más amistoso. El Gobierno se quedó con cerca del 10% de Intel después de que Trump pidiera la dimisión de su consejero delegado, y en enero propuso limitar al 10% el interés de las tarjetas de crédito, un control de precios que podría haber firmado Mamdani. Un presidente que decide qué empresas ganan, cuánto pueden cobrar y quién las dirige se parece más a un socialista que a Reagan. El segundo error fue la guerra con Irán. Se puede defender que Irán no debe tener nunca un arma nuclear y que es sin duda junto a Norcorea uno de los dos peores regímenes del planeta, pero aun así ver lo que costó una guerra que desde que empezó en febrero la gasolina ha subido casi un 50% y el gasóleo dos tercios. El 62% de los votantes cree que empezar la guerra fue una mala decisión. El tercer error fue anteponer la lealtad a la calidad de los candidatos. En Texas, Trump apoyó contra el senador John Cornyn a Ken Paxton, al que la Cámara de Texas, de mayoría republicana, había sometido a juicio político por soborno y corrupción. Paxton perdió esta noche contra James Talarico, un exprofesor de 37 años. En Carolina del Sur empujó a presentarse a Darline Graham, hermana del senador fallecido, que nunca había ocupado un cargo público y perdió contra una pediatra. Un partido que castiga a quien discrepa acaba con candidatos que solo saben obedecer, y esos candidatos pierden en noviembre. El cuarto error fue la corrupción. Según su declaración de bienes, Trump ingresó en 2025 más de 1.400 millones de dólares por los negocios de criptomonedas de su familia, y en enero el Wall Street Journal reveló que la familia había vendido en secreto el 49% de una de esas empresas a una sociedad respaldada por el consejero de seguridad nacional de los Emiratos. La derecha pasó años denunciando los negocios de Hunter Biden. Los de la familia Trump son mucho mayores. Los votantes lo vieron. En la encuesta de octubre de Fox News, la corrupción era su primera preocupación, por delante de la inflación, y según NBC el 65% cree que las políticas de Trump empeoraron la economía. Ganó en 2024 prometiendo bajar los precios. Los subió. Muchos republicanos dirán que el partido del presidente casi siempre pierde escaños a mitad de mandato. Es verdad. Perder escaños es normal. Perder Texas, Kansas y Carolina del Sur, no. El precedente más parecido es 2006, cuando George W. Bush, con otra guerra impopular en Oriente Medio, perdió las dos cámaras. Trump llega con un 38% de aprobación, menos que Bush entonces. ¿Alguien cree que Kansas, que no elegía a un senador demócrata desde 1932, se volvió socialista en una noche? Ganaron un pastor metodista, un exprofesor, una pediatra y un demócrata obrero de toda la vida. Ninguno es de la extrema izquierda. Hablaron de precios y de corrupción, y los votaron independientes y republicanos cansados de Trump. Dicho esto, hay demócratas y demócratas. Josh Shapiro, reelegido esta noche gobernador de Pensilvania, es el ejemplo de los razonables: prometió bajar el impuesto de sociedades, agilizó los permisos a las empresas y criticó con dureza a la Universidad de Pensilvania por el antisemitismo en el campus. No está solo. Crece una corriente de demócratas pro empresa que culpan a la propia izquierda de que ya no se construyan viviendas ni centrales. Con demócratas así se puede discrepar y aun así gobernar un país. El peligro está en otra parte: en los Socialistas Democráticos de América, DSA, el ala socialista del Partido Demócrata. Esta noche al menos cinco candidatos de DSA ganaron escaños en la Cámara, más que nunca. Su odio a Israel va mucho más allá de Gaza: su sección de Nueva York convocó una manifestación en Times Square el 8 de octubre de 2023, un día después de la masacre de Hamás, y Mamdani se negó a condenar el lema «globalizar la intifada». Eso es antisemitismo, con o sin Gaza. Son pocos, pero el Tea Party también empezó en 2010 con unos insurgentes en distritos seguros, y seis años después el candidato republicano era Trump. Donde DSA ya gobierna se ven los resultados. Zohran Mamdani, de DSA, es alcalde de Nueva York desde enero, y en junio su junta congeló el alquiler de un millón de pisos regulados. Un piso cuyo alquiler no paga sus reparaciones se queda cerrado: los pisos regulados vacíos ya habían pasado de 49.000 a más de 57.000 en un año. Congelar precios destruye la oferta y liberarlos la crea. DSA quiere extender ese modelo a todo el país, y por eso me preocupa mucho más que Shapiro. Esta mayoría demócrata puede incluso ser útil, porque Trump tendrá que negociar cada presupuesto. Lo que importa es quién manda dentro del Partido Demócrata. Si en 2028 eligen a alguien como Shapiro, Estados Unidos tendrá dos partidos que creen en la empresa privada. Si eligen a alguien como Mamdani, tendrá uno solo. A los republicanos les toca bajar los precios, comerciar con sus aliados y elegir candidatos capaces de ganar en noviembre además de en las primarias. Esta derrota se la buscó Trump.
512
1,989
236
9,353
1,199,630
En esta cuenta nos caracterizamos por hablar estrictamente de fútbol, es decir analizar partidos, compartir opiniones, hacer resúmenes y reflexionar sobre el funcionamiento deportivo y estructural de Nacional. Siempre desde nuestra perspectiva como socios e hinchas, con fundamentos, argumentos y, sobre todo, respeto. No compartimos aprovechar los malos momentos del club o las derrotas que duelen para salir a dar para atrás. Cada uno es libre de expresarse como quiera, pero no es el camino que elegimos. Cuando tenemos algo para cuestionar, buscamos hacerlo desde la crítica constructiva, con respeto y pensando siempre en lo mejor para Nacional y para todos los que sentimos estos colores. Pero esta vez queremos dejar de lado lo táctico, lo analítico y lo estrictamente futbolístico para detenernos en algo que creemos que no se está valorando lo suficiente. Porque este segundo semestre, por más paradójico que parezca, nos dejó muchísimo para destacar, pero sobretodo, un mensaje encriptado como especie de reflexión que nadie supo ver hasta ahora. Sin dudas que Nacional atravesó uno de los años más difíciles de su historia reciente, en eso estamos todos de acuerdo. Sin embargo, cuando parecía que ya no quedaban demasiadas fuerzas, entre este último cuerpo técnico, los jugadores y, principalmente, una hinchada que nunca dejó de estar, el club encontró la manera de levantarse y protagonizar momentos que difícilmente olvidemos. Y si nos detenemos a repasar lo que sucedió y lo que se vivió en estos últimos meses, hay motivos de sobra para sentir orgullo: Ganar el clásico en cancha visitante, primera vez en la historia (10 años desde que está su estadio y hace 7 que se juegan allí) con público, ante un tradicional rival que llegaba en un buen momento, liderando la tabla anual y con una ventaja considerable sobre el resto. La remontada de local ante Defensor Sporting, uno de los grandes dentro de los chicos, cuando perdíamos 0-2 y conseguimos dar vuelta el resultado con tres goles prácticamente en los descuentos, en apenas cinco minutos. Bajo la lluvia, con una hinchada que no dejó de empujar y alentar ni un segundo. Superar a los dos equipos que venían siendo los más regulares del año, los grandes protagonistas de este fútbol, Torque y Deportivo Maldonado. Imponiéndonos con autoridad ante rivales que habían demostrado tener argumentos futbolísticos para competirle a cualquiera. Y hacerlo en casa, con un Gran Parque Central que volvió a responder, agotando entradas y acompañando al equipo en los momentos en los que más lo necesitaba. Y ahora, esta enorme victoria ante Danubio. Otro de los grandes dentro de los chicos, en una cancha complicada, otra vez bajo una lluvia tremenda y con todas las adversidades. Pero una vez más, la gente estuvo presente y el aliento no cesó hasta el último instante, cuando llegó el gol de Maxi Gómez en la hora y desató la locura. Otro partido de peso que Nacional se llevó en los descuentos, volviendo a poner la camiseta arriba de la mesa y que nos deja todavía con chances de seguir peleando el campeonato hasta el final, lamentablemente dependiendo de otros resultados y no solo de nosotros mismos, pero seguimos en la lucha igualmente, algo de lo que está acostumbrado este club y de lo que caracteriza nuestra historia. Por eso, pase lo que pase y más allá de cómo termine este campeonato, creemos que hay algo que no podemos dejar pasar, y es que tenemos que estar en cierta parte orgullosos de este esfuerzo final. De haber encontrado fuerzas donde parecía que ya no quedaban, de haber vivido remontadas, clásicos, victorias agónicas y noches que nos hicieron emocionar hasta el último minuto. Este segundo semestre nos volvió a demostrar, quizás de la manera más contundente, lo que representa este escudo, lo que pesa esta camiseta y lo que es capaz de generar esta hinchada. Porque incluso estando contra las cuerdas, cuando muchos podían dar al club por vencido, Nacional volvió a levantarse, a competir y a demostrar por qué tiene el lugar que tiene en la historia del fútbol uruguayo y del fútbol mundial. Dio el golpe de autoridad en la mesa que saben dar los más grandes, los gigantes, cuando están en las malas. Y les recordó a los demás "perseguidores" quién manda, quién es amo y dueño de este fútbol, por qué es el más grande y el más importante. Por eso cuando quieran sacarla gratis contra este club no la van a tener tan fácil, y no van a poder pasar por acá si este club está unido como debe estarlo. Y justamente esto queremos resaltar: todo esto sucede cuando Nacional se une. Ya lo dijimos después del clásico y hoy lo volvemos a reafirmar. Cuando jugadores, cuerpo técnico, dirigentes, socios e hinchas entienden que todos empujamos para el mismo lado, este club tiene una fuerza enorme contra la que no puede nadie. Una fuerza que no depende de un resultado, de un momento deportivo ni de quién esté circunstancialmente al frente de la institución. Ojalá este semestre sirva para algo más que para recordar algunas noches inolvidables. Ojalá nos haga tomar dimensión de lo que tenemos, de lo que somos y, sobre todo, de lo que podemos llegar a ser cuando estamos a la altura de nuestra propia historia. Es momento de dejar atrás la mediocridad, de recuperar la ambición, de volver a creérnosla y de entender que Nacional tiene con qué. No alcanza con conformarnos con momentos épicos ni con celebrar haber salido de situaciones difíciles. Tenemos que transformar esa rebeldía, ese sentimiento y esa unión en una forma de construir el futuro del club. No queremos acostumbrarnos a sufrir para después celebrar una victoria agónica. Queremos que Nacional vuelva a estar donde merece, que vuelva a imponer respeto, que vuelva a ser protagonista y que vuelva a mirar a todos desde lo más alto. Que este segundo semestre no sea solamente el recuerdo de lo que fuimos capaces de hacer cuando estuvimos contra las cuerdas, sino el punto de partida de todo lo que todavía podemos conseguir. Porque quedó demostrado que Nacional es demasiado grande como para conformarse con menos. A seguir por este camino, todos juntos, unidos, por Nacional. Viva hoy y siempre, nuestro querido Club Nacional de Football.
NACIONAL NACIONAL
6
40
7
236
16,602
Ricardo Peirano retweeted
Es critica als periodistes per preguntar sobre la defecció de l’aspirant demòcrata derrotada per aquest senyor. Que es deixen endur pel clickbait i no pels problemes reals Escolti: no és incompatible. La fuga del teu adversari al partit rival també diu alguna cosa de tu
1
4
580
Ricardo Peirano retweeted
La tregua humanitaria más cínica de la historia reciente Mientras el mundo miraba para otro lado creyendo en "ayuda humanitaria" era todo lo que sucedía en Osleshky, Sky News acaba de confirmar el peor escenario: Rusia pactó un alto el fuego temporal supuestamente para evacuar civiles y bajo la protección de la primera dama de EEUU reforzó su presencia militar en la ciudad. Sabían que los drones de ataque ucranianos tenían la orden estricta de quedarse en tierra para no romper el acuerdo. Con el cielo limpio, las tropas rusas metieron blindados pesados, municiones y refuerzos las 24 horas del día. Algo que antes de la tregua era un suicidio por el fuego ucraniano. Básicamente, usaron a los civiles de escudo y la paz como pantalla para blindar sus posiciones militares de manera impune. Las imágenes de los drones de reconocimiento de largo alcance no mienten y el video ya es viral.
241
3,510
130
8,100
185,606
Penoso y patetico el candidato demócrata al senado #ElSayed
🇺🇸🗳️Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, en 60 Minutes/ -¿Tiene Palestina derecho a existir? - EL-SAYED: ¡Sí! - ¿Tiene Israel derecho a existir? -EL-SAYED: Eh, eh, sí, SI... hay un entendimiento mutuo... - Espera, dijiste... - EL-SAYED: ...SI el pueblo palestino decide...
3
368
Ricardo Peirano retweeted
El buen periodismo debe ser incómodo, más allá de las posiciones ideológicas de sus dueños, editores o periodistas. Era previsible que esta mañana nuestros diarios coincidieran en advertir la urgencia de un ajuste en el Gobierno. ¡Pero se lucieron con sus informaciones y columnas! 📰 Para nosotros, sus lectores, es un día de fiesta. No dejen de leerlos. ¡Educación cívica a la vena!
1
5
1
33
3,395
Ricardo Peirano retweeted
I, de pas, han deixat la mentideta de l’apartheid en evidència.
En les recents eleccions legislatives d’Israel, la minoria àrab ha pres una decisió intel·ligent que ha tingut com a conseqüència un sotrac al tauler polític del país. Els àrabs d’Israel conformen un 20% del total de la població, però fins ara la seva representació a la Knesset no es corresponia al seu pes demogràfic per l’estratègia de boicot o desinterès que diversos dels seus partits han anat promovent en les successives eleccions. Però això ha canviat, i en aquests comicis la seva participació hi ha estat espectacular; tant, que han aconseguit trencar la majoria que tenia el govern Netanhayu i condicionar la formació de qualsevol govern alternatiu. Certament, no els han faltat raons per justificar el boicot. Però després d’anys de fer-ho, han arribat a la conclusió que pot ser molt més útil per als seus interessos comportar-se exactament al revés; una mica com passa amb les famoses vagues japoneses. Desbordar l’adversari a les urnes. Fer servir contra ell les poques eines que li posen a disposició. Ells han decidit jugar fort i posar la minoria àrab just al centre de la política israeliana. Si volien deslegitimar la política del govern israelià, ho han aconseguit no pas per la via del boicot sinó per la via d’una gran mobilització democràtica.
8
12
1
48
5,226
Ricardo Peirano retweeted
JPMorgan CEO Jamie Dimon warns a Russian victory in Ukraine could shatter global alliances, reshape the world economy, and force nations to question whether they can still rely on America. 🇺🇸 Asked what a Russian victory in Ukraine would mean for the global economy, Dimon responded: “It could be a potential disaster. This is the first war in Europe where a free, democratic nation was invaded by 200,000 or 300,000 Russian soldiers under the threat of nuclear blackmail. We’ve never had nuclear blackmail before. You’re also teaching the whole world that maybe having nuclear weapons is a pretty good thing, because people will be afraid of you, and you can abuse a neighbor if you feel like it. Russia would be on the border of NATO. Obviously, NATO is rearming right now. But the other thing is, it’s affecting all alliances, military alliances and global economic alliances. And the nexus of Iran, North Korea, and China makes it very hard, in my view, for the Chinese-American relationship. China says they’re neutral, but they’re helping. We are clearly not neutral. If Russia wins, you might see a lot of people deciding: Will America stand up for Europe? Can you rely on them? And if you can’t rely on them, what are you going to do? That includes economically. Every nation is going to say, what makes me secure? Energy, food, all the things I need. I’m worried that if Russia wins, you could see the world enter a little bit of chaos as people realign alliances and economic relationships.”
209
904
70
2,874
293,236